Para citar este artículoTítulo:La organización sindical de los trabajadores gráficos de Mendoza durante la dictadura militar de la Revolución Argentina (1966-1973)[*]
Tema: Una mirada histórica, teórica e historiográfia sobre la frontera
Enero-Marzo de 2016
Páginas: 165-183
dx.doi.org/10.7440/histcrit59.2016.09
 
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InicioRevista No 59
La organización sindical de los trabajadores gráficos de Mendoza durante la dictadura militar de la Revolución Argentina (1966-1973)
[*]

Marcela Emili[**] - Universidad Nacional de Cuyo, Argetina

Tema abierto


RESUMEN:

Este artículo busca conocer la trayectoria de los trabajadores gráficos de Mendoza durante la dictadura militar de la Revolución Argentina. Estos obreros fueron reconocidos como “combativos” por miembros del movimiento sindical del período y por los diarios de la época, a pesar de ser un sector que casi no protagonizó luchas en aquellos años. Con el propósito de explicar esta paradoja, se indaga aquí sobre su dinámica de organización interna, las estrategias sindicales y los posicionamientos frente a otras organizaciones de trabajadores y frente a la propia dictadura. A través del análisis de documentos sindicales —actas de Asambleas y reuniones de Comisión Directiva— y entrevistas a obreros gráficos del período se dan a conocer aspectos internos y externos de ese gremio y del oficio gráfico.

PALABRAS CLAVE:

organización sindical, dictadura, Argentina (Thesaurus); Mendoza, trabajadores gráficos (palabras clave del autor).

The Labor Organization of the Graphic Workers of Mendoza during the Military Dictatorship of the Argentine Revolution (1966-1973)

ABSTRACT:

This article explores the trajectory of the graphic workers of Mendoza during the military dictatorship of the Argentine Revolution. These workers were recognized as “combative” by members of the labor movement of the period and by the press of the era, despite being a sector that did not play any leading role in the struggles of those years. In order to explain this paradox, this article inquires into the internal dynamics of the organization, its union strategies, and the positions it adopted with respect to other labor organizations and with respect to the dictatorship itself. Through the analysis of union documents—the minutes of Assemblies and Steering Committee Meetings— and interviews of graphic workers of the period, it reveals internal and external aspects of this guild and the graphic trade itself.

KEYWORDS:

Dictatorship, Argentina (Thesaurus); Mendoza, graphic workers, union organization (author’s keywords).

A organização sindical dos trabalhadores gráficos de Mendoza durante a ditadura militar da Revolução Argentina (1966-1973)

RESUMO:

Este artigo busca conhecer a trajetória dos trabalhadores gráficos de Mendoza durante a ditadura militar da Revolução Argentina. Esses operários foram reconhecidos como “combativos” por membros do movimento sindical do período e pelos jornais da época, apesar de serem um setor que quase não protagonizou lutas naqueles anos. Com o propósito de explicar esse paradoxo, indaga-se aqui sobre sua dinâmica de organização interna, as estratégias sindicais e os posicionamentos diante de outras organizações de trabalhadores e da própria ditadura. Por meio da análise de documentos sindicais —atas de assembleias e reuniões de Comissão Diretiva— e entrevistas com trabalhadores gráficos do período, dão-se a conhecer aspectos internos e externos desse grêmio e do ofício gráfico.

PALAVRAS-CHAVE:

Ditadura, Argentina (Thesaurus); Mendoza, trabalhadores gráficos, organização sindical (autor de palavras-chave).

Introducción

Los gráficos fueron los primeros trabajadores en organizarse para mejorar sus condiciones de trabajo y de vida en Argentina durante el siglo XX. En Mendoza, principal espacio de estudio de este artículo, la asociación de trabajadores de diarios e imprentas se formó en 1905. En sus orígenes se vincularon con las tendencias ideológicas socialistas, pero hacia fines de los años treinta abrazaron la corriente sindicalista del movimiento obrero argentino. Luego, con el nacimiento del movimiento peronista, hacia 1943, adhirieron críticamente al mismo. Esa adhesión les permitió sostener cierta tradición de independencia, que los incluyó en el sector de los gremios No Alineados hacia comienzos de la década del sesenta. Por tanto, este trabajo se ocupará de manera específica de los trabajadores gráficos de Mendoza, tomando el período que recorre este sindicato desde 1966 hasta 1973, años en que se desarrolló la dictadura de la Revolución Argentina. El trabajo fue realizado a través del análisis de las Actas de Asambleas Ordinarias y Extraordinarias del sindicato y las Actas de reuniones de la Comisión Directiva del mismo, correspondientes a los años mencionados. Esta fuente fue completada con el registro del diario Los Andes del período estudiado y del diario Mendoza, desde 1969. Aquí se cuenta también con testimonios de trabajadores gráficos de aquellos años.

Con este objetivo y estas fuentes se intentará explicar algunas de las características que asumieron las prácticas sindicales de estos trabajadores, tanto dentro del gremio como en sus vínculos con otros trabajadores organizados. Los debates y medidas de fuerza que sostuvieron, sus posicionamientos ideológicos y las cuestiones relacionadas con la vida sindical cotidiana serán algunos de los temas que se abordarán en este artículo. Así como la imagen de gremio combativo que conservan en su memoria los militantes del movimiento sindical del período y que está presente en los periódicos de la época.

1. Un breve contexto: la dictadura de la Revolución Argentina

Este trabajo se enmarca en la dictadura de la Revolución Argentina, iniciada tras el golpe militar de junio de 1966. Con el objetivo de asegurar la hegemonía a la burguesía industrial monopólica —previa conciliación de intereses entre los sectores dominantes— y la neutralización política del peronismo a través de una oferta de participación corporativa en el sistema de los distintos sectores de la población[1], las Fuerzas Armadas interrumpieron el gobierno semidemocrático[2] del radical Arturo Illia. La condición previa, necesaria para imponer nuevas reglas de juego económicas en el país, fue la desactivación política de los sectores populares organizados y la imposición de orden en la sociedad. Para ello, por ejemplo, se definieron algunas medidas que buscaban asegurar el disciplinamiento de los trabajadores y la suspensión de instancias de negociación importantes que tenía el sindicalismo organizado argentino, como las negociaciones colectivas. Esto fue iniciado durante la presidencia del general Juan Carlos Onganía, primer mandatario de la Revolución Argentina, cuyo gobierno se extendió hasta junio de 1970.

Apenas comenzada la gestión militar se abrieron espacios de confrontación con los ferroviarios[3], portuarios de Buenos Aires[4] y azucareros de la provincia de Tucumán[5], ya que la ofensiva modernizadora y racionalizadora desplegada en esos ámbitos incluía despidos y modificaciones en el régimen laboral, que perjudicaban la situación de los trabajadores. En cuanto a la situación en Mendoza, se deben mencionar algunos focos conflictivos localizados fundamentalmente en el ámbito estatal: los Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF), la empresa de energía Luz y Fuerza y los trabajadores de la Sanidad. Se trató en todos los casos de demandas centradas en lo económico, que apuntaban a conservar las fuentes de trabajo y a conseguir aumentos de salarios y recuperar las discusiones de los convenios colectivos. A pesar de coincidir en el tipo de reclamo, no hubo acciones que trascendieran el ámbito propio de cada sector y tampoco una acción eficiente y firme de la regional de la Confederación General del Trabajo (CGT) —central que nucleaba a los sindicatos argentinos— para propiciar y apoyar medidas conjuntas. En los primeros meses, las declaraciones de las autoridades cegetistas se dirigieron a ofrecer su apoyo al gobernador impuesto por el Ejecutivo Nacional, el general Eugenio Blanco, sin hacer ningún tipo de reclamo o pedido.

La actitud de la CGT nacional también fue de apoyo al golpe militar, y los miembros de la conducción elegidos en octubre de 1966 manifestaron públicamente su deseo de “dialogar con el gobierno y los empresarios” y solicitaron “participación en la Revolución Argentina”[6]. Las presiones de los sectores en conflicto llevaron sin embargo a la central a definir un Plan de Acción a comienzos de 1967, que fracasó y permitió a la dictadura de Onganía avanzar fuertemente con la política económica. Para ello se presentó el plan del ministro de Economía Adalbert Krieger Vasena, que fue el intento más enérgico realizado hasta el momento para consolidar el predominio extranjero en la producción industrial y encauzar la economía argentina en un proceso sustentable de crecimiento bajo su control[7].

A pesar de los apoyos que recibió la Revolución Argentina de las grandes empresas nacionales y extranjeras, de algunos sectores medios y de las cúpulas sindicales, continuó la inestabilidad política, y lentamente algunos grupos comenzaron a oponerse a las políticas y medidas oficiales. Las huelgas y movilizaciones en algunas ciudades como Córdoba, Rosario y Tucumán se multiplicaron y lograron gran participación de estudiantes, trabajadores y organizaciones peronistas y de izquierda. Como consecuencia de los hechos sociales de masas conocidos como Rosariazo-Cordobazo-Rosariazo, producidos en mayo de 1969 los dos primeros, y en septiembre del mismo año el último, se modificaron las políticas de estabilización económica, lo que se tradujo en el reemplazo en 1970 de Onganía por el general Roberto Levingston y en un cambio de línea en la política económica y social. Esta modificación de las políticas económicas y sociales fue completada por el general Alejandro Lanusse, quien encaró la tarea del llamado a elecciones[8]. La presencia de tres presidentes dentro de la Revolución Argentina constituye una expresión del fracaso de las tentativas de desactivar a la sociedad organizada y da cuenta de las diferencias internas dentro de las Fuerzas Armadas[9].

2. La impronta combativa del sindicato gráfico: entre el oficio, la solidaridad y la tradición de lucha

La historia del gremio de los gráficos en la provincia se remonta a 1905, año en que se agruparon los trabajadores de diarios e imprentas dando vida al Sindicato de Artes Gráficas de Mendoza (SAGM). Su impronta de gremio combativo con una larga tradición de luchas formaba parte del imaginario de los trabajadores en las décadas del sesenta y setenta, momento en que se ubica temporalmente este trabajo y continúa presente en los relatos que éstos realizan de aquellos años. El origen vinculado al socialismo en los comienzos de la organización derivó luego hacia los años veinte en la adscripción a la ideología sindicalista del movimiento obrero argentino, en consonancia con la Federación Obrera Provincial Mendocina (FOMP). Hacia 1930, la FOMP sostenía “la necesidad de prescindir de la colaboración con los partidos políticos en vistas a proteger la organización obrera y al sindicato como ámbito privilegiado para la acción colectiva”[10]. En esa posición los encontró el advenimiento del peronismo, fenómeno que causó profundos debates en el seno del gremio gráfico —como en la mayoría de las organizaciones obreras del país—, que llegó a sostener en los primeros años del gobierno del general Perón una posición independiente, pero apoyando las políticas que se implementaban desde 1944, cuando aquel ocupaba el cargo de Secretario en la Secretaría de Trabajo y Previsión. Esa independencia vinculada a la posición sindicalista que se ha mencionado atravesó toda la historia del SAGM hasta el período estudiado. Es decir, que las controversias y discusiones sobre la relación con los partidos políticos (en especial, la autonomía gremial) siguieron siendo un tema central para el activismo del gremio.

Sin embargo, y pese a esa impronta de gremio combativo, no hay en el período estudiado aquí registro de conflictos específicos de estos trabajadores[11]. Si bien es posible dar cuenta de su participación en luchas generales contra la dictadura, no hay —salvo unas pocas excepciones— disputas específicas del sector. Entonces, ¿De dónde viene esa imagen de sindicato batallador, imagen todavía presente en la memoria de los trabajadores del período?[12] ¿Qué características de estos trabajadores aportaron elementos a la construcción de esa identidad luchadora que formaba —y forma— parte del imaginario sindical de aquellos años? Sin duda, el origen casi mítico de sus organizaciones tiene mucho que ver con esa construcción. Los gráficos fueron precursores y propulsores del sindicalismo argentino, al ser los primeros en fundar una organización mutual (la Sociedad Tipográfica Bonaerense, en 1857) y los primeros en organizar un sindicato (la Unión Tipográfica Bonaerense, en 1877) y decretar la primera huelga obrera, en 1878 (por mejores salarios y reducción de la jornada laboral). Los hitos enumerados eran repetidos y transmitidos de generación en generación y se mantuvieron como el andamiaje sobre el que se asienta la marca combativa, a la que se hizo referencia al comienzo de este apartado. El trabajo u oficio que realizaban aportó de igual manera, dada la importancia de la imprenta, importancia que conservaba hasta bien entrada la década del setenta:

    “El oficio gráfico en la década del ‘60/‘70, y de ahí para atrás, era uno de los mejores oficios que había. Porque era muy bien mirado y tenía mucho prestigio. Prestigio por las cosas que se hacían, Ud. armaba un libro, armaba el diario de secciones, armaba el boletín. Las encuadernaciones que Ud. ve en la casa de gobierno y que ve en las universidades, y en muchos lugares, el 60% o el 80%, fueron hechas en la imprenta de la casa de gobierno [Imprenta Oficial][13].

    En aquellos tiempos éramos la piedra del escándalo para todos porque éramos, ¿qué éramos? Éramos la imprenta, la cultura, todo ¿y qué era la imprenta en aquellos tiempos? Era lo que son ahora las comunicaciones, todo. Vos tenías que tener un lugar donde imprimir los volantes, donde imprimir todo, porque te salía en contra la prensa que siempre ha existido y existe y vos tenías que contestar y convocar y llamar por el volante”[14].

Como se aprecia en estos relatos, el oficio gráfico, en cuanto a expresión escrita de la palabra, daba prestigio y los posicionaba en un lugar especial: el de la cultura y la educación. Incluso, esa particularidad de la tarea que se realizaba con las imprentas podía ser también una herramienta para la lucha, al ofrecer un vehículo de comunicación y de contrainformación a aquellos trabajadores que estuvieran en conflicto. El mismo nombre del sindicato que agrupaba a estos trabajadores “de artes gráficas” ilustra el tipo de oficio que realizaban y cierta sensación de orgullo que compartían. Su labor era un arte —de armar palabras, textos, libros— que incluía diferentes niveles y tareas: maquinista, tipógrafo, encuadernador y linotipista, cada una con su carrera (de aprendiz a especializado), cuyo aprendizaje se hacía en situación de trabajo y tenía una duración variable que era supervisada por el sindicato. Todavía faltaban unos años para que el ingreso de la tecnología, que reemplazó a la maquinaria utilizada por los gráficos, dejara sin poder a estos operarios calificados, en especial a tipógrafos y linotipistas.

Las palabras de Herrero dan otra pista para reflexionar sobre la marca de combatividad de los gráficos. La disposición a apoyar con acciones concretas —como la elaboración de volantes para comunicar las medidas o comunicados para contestar a la prensa “burguesa” y, en ocasiones, a la prensa del propio sindicato— era un aporte importante también en el marco de las disputas internas para los sectores que se oponían a las dirigencias gremiales y para los sindicatos pequeños, que no contaban con esa herramienta. La solidaridad se expresaba permitiendo asimismo el uso del local sindical para las reuniones —muchas veces clandestinas— de organizaciones nuevas de trabajadores o agrupamientos opositores dentro de los gremios. El peso de la tradición “izquierdista” influyó además en la consideración que otros trabajadores tenían de los gráficos. Las posturas ideológicas asumidas por el activismo desde los inicios de la organización, resignificadas activamente en los sesenta, son mencionadas de manera continua en asambleas, cuando se hacía necesario recuperar el “espíritu luchador” del gremio[15].

Lo anterior se daba porque se conjugaron varios factores para alimentar esa imagen combativa: la importancia del oficio gráfico en el terreno cultural, educativo, y para otros trabajadores; el prestigio que otorgaba manejar ese oficio cuando todavía no se modificaba la forma de realizar el trabajo, y el saber obrero era —para los propios obreros— un elemento que los diferenciaba de otros y aportaba en la construcción del perfil del colectivo gráfico, la tradición de lucha. Esos elementos daban al SAGM un lugar estratégico en el mundo laboral de la provincia. El sentido de lo estratégico no estaba dado en este caso por la posición económica o por el poder de detener la producción de muchas otras personas, ya sea en una industria o en toda una economía[16], sino en una combinación de elementos morales, ideológicos, que se expresaban en la tradición y permitían ubicar a estos trabajadores en la vereda de los más combativos de la provincia.

3. La dinámica interna del Sindicato de Artes Gráficas mendocino: participación y educación gremial

La organización interna del SAGM se conformaba con delegados de talleres: imprentas y diarios, y una comisión directiva que se renovaba mediante elecciones cada dos años. Las instancias de participación de los asociados al gremio eran las reuniones en el lugar de trabajo y las asambleas ordinarias —en las que se presentaban la Memoria y el Balance del año— y las extraordinarias, convocadas aproximadamente cada treinta días, aunque esto variaba en virtud de la coyuntura. Se realizaban los días domingo, día no laborable para la mayoría de los gráficos, siempre en la sede sindical. La figura del delegado tenía un peso significativo en la estructura organizativa, ya que éste era la voz de los trabajadores en las asambleas y conformaba el activismo del sindicato. En general, la mayoría de ellos eran militantes políticos preocupados por obtener el respeto de sus compañeros y patrones. Los entrevistados y activistas que se expresaban en las asambleas coincidieron en la necesidad de que el delegado fuera un operario responsable y capacitado, que manejara todas las tareas del oficio y pudiera entonces comprender las problemáticas de cada sector:

    “Esto, esto lo aprendí de un dirigente Vicente […] era de la Federación de la Madera en Buenos Aires y lo escuché que decía: ‘el delegado de un taller de una empresa, el delgado tienen que ser el más capaz, el más inteligente para poder ser el delegado, no puede ser cualquiera. ¿Por qué digo esto? Porque le puede discutir a la empresa cómo es y porque tiene inteligencia’ decía el hombre. Entonces yo me acuerdo [reflexiona] voy a tener que ser el mejor operario en donde esté, pero no para poder tener rivalidad con nadie, al contrario, para poder discutir”[17].

La falta de participación de los afiliados en las actividades cotidianas de la organización fue uno de los puntos más conflictivos, situación que en general parecía diferente en el acatamiento de las medidas de fuerza realizadas en el período que se estudia aquí. Es común encontrar en las actas la imposibilidad de realizar las asambleas, por ser insuficientes el número de compañeros presentes y la ejecución de nuevas convocatorias[18]. A veces, luego de dos convocatorias frustradas, alguno de los presentes efectuaba una moción pidiendo la realización de la asamblea con los asistentes, para agilizar así la resolución de situaciones urgentes[19].

Para los dirigentes, este problema tenía origen en la falta de educación gremial de los trabajadores gráficos, y su polémica se relacionaba con la necesaria participación del sindicato en las discusiones nacionales, que mantenían las tendencias y los agrupamientos sindicales del período. El debate giraba en torno a la vinculación que debía tenerse hacia afuera del gremio, pero entendiendo que la misma debía ser definida entre todos los miembros de la organización, y no ser sólo expresión de las orientaciones de los dirigentes. De ahí el hincapié puesto en la educación gremial, incentivando la participación tanto en las actividades que respondieran a demandas o conflictos propios del sector como en aquellas que ampliaban el horizonte de lucha, ubicando a los gráficos en el conjunto de la clase trabajadora y en las disputas que la misma mantenía con clases y sectores diversos de la sociedad.

A pesar de esto, las intervenciones de los miembros de la Comisión Directiva en sus reuniones dan cuenta de esta problemática y las disyuntivas que generaba. Para algunos miembros de la Comisión Directiva, hacía falta más organización, recuperar la participación de los afiliados en las actividades gremiales y, después, resolver los vínculos y participación en nucleamientos[20] y en alguna de las CGT[21]. Otros creían que el sindicato no podía ni debía mantenerse al margen de la situación nacional, aislándose o actuando en forma independiente. Estas intervenciones deben enmarcarse en el momento de gran movilización y conflictividad social de 1969 que recorría —con variada intensidad— todo el país: “No se puede tener un gremio independiente, lo que se tiene que hacer es trabajar más para crear conciencia en los asociados, unificarlos y poder así afrontar la lucha. Se debe participar en todas las reuniones de la CGT, así se podrá tener una idea cabal de todo lo que acontece en el movimiento. El gremio tiene una línea de lucha y debe seguir en ella”[22].

Como se observa, las discusiones giraban en torno a los vínculos que debían sostenerse a nivel nacional, pero también se ponía énfasis en la necesaria organización interna del gremio, apuntando sobre todo a militar a los trabajadores gráficos para que participaran más, sumándose a los debates y medidas que se dispusieran. Las intervenciones de los dirigentes aventuraban dos caminos para superar esa situación: mientras que para algunos era una cuestión gradual, en donde primero debía lograrse la participación de los trabajadores en asuntos propios de los gráficos y, una vez logrado esto, abrir la organización a otros horizontes de confrontación, para otros ambas tareas debían desarrollarse a la par, de lo contrario se corría el riesgo de aislarse del movimiento y perder fuerzas en las posibles confrontaciones. Así, pues, el debate sobre la participación en las actividades del movimiento sindical se centraba por momentos en la posición por sostener y encarar frente a las luchas que se daban en el país, teniendo en cuenta con quiénes aliarse, qué reivindicaciones levantar o a quiénes prestar apoyo, y en ocasiones reaparecía el tema de la autonomía frente a los partidos políticos y agrupamientos ideológicos. En esas discusiones parecía recuperarse la tendencia sindicalista que el gremio abrazó durante tantos años.

En cuanto al asunto interno, un intento para dar solución a ese problema fue la creación de subcomisiones —de asuntos gremiales, de relaciones sociales, de trabajos internos y de representación frente a la CGT—, fijando encuentros semanales, para que los responsables de las mismas informaran sobre lo actuado. También, los encargados de la tesorería del gremio debían informar en esos encuentros de la situación económica de la asociación[23]. No se estableció cómo se vincularían las comisiones con los trabajadores, ni qué tareas específicas debían realizar. No obstante la rápida decisión tomada en esa reunión de Comisión Directiva y la preocupación sobre el tema que se encuentra en las actas, en los siguientes encuentros no se informó sobre los avances realizados por las subcomisiones. Al parecer, el problema continuó, y la militancia gremial siguió concentrada en el activismo, liderada por los delegados de taller y miembros de la Comisión Directiva.

Los problemas que generaba la “indisciplina gremial” son otros de los aspectos que aparecen regularmente en las actas. Siempre se recurría a la asamblea para decidir qué hacer con quienes caían en faltas, y era común sancionar a los compañeros que no acataban las medidas de fuerza resueltas por las instancias estatutarias. La sanción generalmente implicaba la expulsión del gremio, medida que podía revisarse transcurrido determinado tiempo, dependiendo de la gravedad de la falta. Por ejemplo, en la Asamblea Extraordinaria realizada el día 10 de diciembre de 1967 se discutió la situación de un afiliado que había sido expulsado por haber trabajado durante una huelga mantenida por el personal de la Litografía Mendocina, o la de varios afiliados que se pusieron a disposición de la patronal en un conflicto que se presentó en el diario El Tiempo de Cuyo por la falta de pago de los salarios. A veces, como sucedió en el diario Los Andes, era la comisión interna quien pedía la sanción. En esa oportunidad se pidió “La suspensión de afiliación para unos y la expulsión para otros operarios jerarquizados porque nunca acataban las decisiones del personal y a su vez entorpecían la labor del mismo. Este personal se prestó a trabajar parcialmente de 18 a 20 horas diarias, en esos momentos el personal había retirado toda colaboración a la empresa”[24].

Para este tipo de sanciones, incluso se consideraban situaciones por fuera de la provincia, tales como el hecho de trasladarse a trabajar a la provincia de San Juan (ubicada al norte de Mendoza), para reemplazar a trabajadores de allí que estuvieran en conflicto. Un caso más complejo sería el de un trabajador, tildado de “carnero”[25], es decir, acusado de “actuar siempre con criterio propio”, cuyo paso por los talleres donde trabajó fue “funesto para los compañeros”. La discusión incluso llegó a considerar la posibilidad de reincorporarlo a la organización, “para que no sea usado como elemento disociador por la patronal”[26]. En los casos consultados hasta el momento, siempre el trabajador sancionado era invitado a la asamblea para defenderse y argumentar los motivos por los que debería ser reincorporado al gremio.

Dentro de las estrategias sindicales internas del SAGM, la Bolsa de trabajo fue un elemento muy importante en la década del sesenta, como lo había sido en los años anteriores[27]. En los registros de 1963 se encuentran intervenciones que promovían la reorganización de la Bolsa, así como resoluciones para que la Comisión Directiva “normalice la situación de los talleres en cuanto a elección de delegados y comisiones internas”[28], con el fin de tener una idea clara del panorama de los ocupados en cada plaza. El objetivo aquí era evitar la doble plaza, ya que los lugares disponibles debían ser ocupados por aquellos compañeros que no tuvieran trabajo. Similar era la situación hacia 1968, ya que, por ejemplo, en el diario La palabra “trabajaban compañeros que tienen plaza fija y también jubilados y entonces se sugirió que la Comisión visitara ese diario para ubicar a los compañeros desocupados”[29]. Relatando lo que sucedía en la Imprenta Oficial, dice Reynaldo Herrero:

    “Los trabajadores no podían entrar por el gobierno por nadie, sino por la bolsa de trabajo del sindicato porque teníamos bolsa de trabajo nosotros […] nosotros teníamos una bolsa de trabajo que nos pedían los patrones el obrero porque en cada taller había un delegado y tenía que ir con la orden del sindicato para poder entrar sino no entraba en los talleres”[30].

Ahora bien, la presencia de la Bolsa de trabajo generaba controversias entre los trabajadores, posiciones a favor y en contra de su utilización. Lo positivo estaba dado por el hecho de que se aseguraba la contratación del obrero con la categoría que tenía. Esto significaba mejor salario y ventajas laborales. Si, en cambio, el operario era contratado por otra vía, la categoría no siempre era respetada, y en ocasiones consideraban su categoría como inferior a la que poseía realmente, con los perjuicios que eso generaba en su situación salarial. De alguna manera, se puede plantear que, en este sentido, la acción del gremio regulaba y hacía efectivo el respeto por las categorías del oficio[31]. El costado negativo del uso de la Bolsa se presentaba cuando llegaban nuevos trabajadores a una imprenta o diario y se generaban asperezas entre “viejos y nuevos”, porque estos últimos no respetaban las trayectorias ni las relaciones que ya se habían establecido entre los compañeros. Según uno de los entrevistados, “sólo venían a pasar por encima”[32]. Este gráfico trabajaba en la Imprenta Oficial, el taller más grande de la provincia, junto con el diario Los Andes. El ingreso allí, hasta la implementación de la Bolsa, se hacía por la vía familiar. El tener un padre, hermano o tío gráfico daba la legitimidad y el pasaporte necesarios para ser parte de la “familia de la Imprenta Oficial”.

La herramienta de la Bolsa de trabajo se complementaba con el control que el SAGM pretendía realizar de la doble plaza. También esta función sindical suscitaba malestar entre buena parte de los trabajadores. La doble plaza refería a la imposibilidad que tenían los gráficos de trabajar en dos talleres a la vez. Era, desde la concepción del sindicato, una forma de evitar que hubiera desocupados en el sector, ayudando a quienes no tenían un puesto de trabajo. Las personas que se oponían a esta resolución del sindicato argumentaban que si había trabajadores requeridos por más de un patrón, esto se debía a que eran capaces en su oficio, y agregaban que los dueños de diarios y talleres los contrataban igual, dejándolos “en negro” (es decir, no estaban registrados) para asegurarse un buen empleado y evitar el control del gremio. Por eso, en las actas se lee la importancia dada por algunos delegados a regularizar la situación en todos los espacios de trabajo y contar así con la figura legítima del delegado que informaba de esas irregularidades. Es interesante la discusión que se abría con estos temas, ya que involucraba a trabajadores, a sus representantes y a los patrones. Uno de los ejes en esos debates estaba puesto en el rol o función que tenía el sindicato y en los choques que podían presentarse entre las diferentes concepciones de cómo practicar la solidaridad interna. Un dato interesante de señalar es que quienes se oponían a la doble plaza no se basaban en argumentos económicos —no planteaban como necesario tener dos trabajos, en virtud de los bajos salarios que percibían, por ejemplo, a pesar de que las críticas que se hacían al gobierno de la dictadura sí apuntaban en esa dirección—. Para ellos, se podía ser solidario de otras maneras, brindando ayuda económica a algún compañero, o a filiales de otras provincias, ayuda que en ocasiones se recolectaba con base en aportes individuales, y otras veces salía de los fondos del gremio.

Se debe agregar que ésta fue una práctica común del sindicalismo argentino, con fines estratégicos, puesto que el control del acceso a los puestos de trabajo permitía al gremio sumar afiliados y presionar a los ingresantes a participar de las medidas (ya se observa que éste fue uno de los problemas que tuvo el SAGM en el período aquí estudiado), y reforzaba los lazos de solidaridad al atender las necesidades de los compañeros parados.

4. El enfrentamiento con la dictadura y las posiciones frente a la división de la CGT

Durante los primeros meses del gobierno de la dictadura, la posición adoptada por los gráficos no fue de oposición a la misma, en espera de sus resoluciones. Continuaron en esa postura, aun cuando se realizó la primera protesta conjunta contra ese gobierno, el paro general del 14 de diciembre de 1966[33]. Es probable que esta actitud se vinculara con su adscripción al nucleamiento de los No Alineados, que sostenían la consigna de no enfrentamiento con la Revolución Argentina. El viraje hacia una línea más dura, opositora a la dictadura, se produjo al año siguiente. Conforme con lo que sucedía en varias regiones del país, las asambleas realizadas en 1967, en especial a partir de julio, comenzaron a manifestar críticas al gobierno local y nacional. La puesta en marcha del plan económico del ministro Krieger Vasena, luego del fracaso del Plan de Acción de la CGT, realizado a comienzos de 1967[34], y una serie de leyes que afectaban la situación de los trabajadores impulsaron esos primeros cuestionamientos a la gestión militar y a la conducción de la central. Entre esas leyes se destacaban la 17224, que congeló los salarios por dieciocho meses, y la suspensión de la ley 14250, que reglamentaba las negociaciones colectivas.

Los gráficos hacían responsables del fracaso de este plan a las autoridades cegetistas, acusándolas también de la falta de actitud firme para oponerse al Ejecutivo, al ejercer sólo tímidas presiones para obtener beneficios que nunca llegaron. La manifestación más visible de este cambio de actitud fue el reclamo por las paritarias. El tema fue encarado por la Federación Argentina de Trabajadores de Imprenta (FATI), en el marco de un “plan de acción por la conquista de un convenio único y nacional”, y fue discutido en varias de las reuniones. Las intervenciones de los afiliados al respecto vinculaban la situación crítica que vivían los trabajadores, como consecuencia de la política económica del Gobierno, con la imposibilidad de discutir en las paritarias los necesarios aumentos de sueldo (se pedía un aumento del 40%). La FATI envió el pedido de convocatoria a la Secretaría de Trabajo, pedido que fue devuelto sin agregar nada al documento. La decisión adoptada entonces por la organización gráfica nacional fue no tomar medidas de acción directa, para “no mandar al sacrificio al gremio” y encarar una tarea de “esclarecimiento público de lo que significaba la política económica y social del gobierno y del perjuicio que causaba la ley 17224 a los obreros”[35].

Es importante destacar lo que implicaba para el movimiento obrero organizado argentino —desde mediados de la década del cuarenta— el proceso político de elaboración del convenio colectivo de trabajo. Tanto la escala salarial como las formas de organización del trabajo o los puntos sobre las condiciones del mismo se desarrollaban y se definían de acuerdo con largos y conflictivos debates entre las partes, en el ámbito de la negociación colectiva. Ésta involucraba todos los recursos y prácticas de la organización, y en muchas ocasiones debía ser defendida, luego de firmada, en los lugares de trabajo manteniendo movilizados todos los componentes organizativos de los gremios[36]. Si se consideran de esta manera, se pueden comprender tanto la decisión del gobierno de Onganía de suspender esa instancia de confrontación/discusión como el hecho de que fuera la punta de lanza en buena parte de los sindicatos para cuestionar a ese gobierno.

Las manifestaciones de oposición a la Revolución Argentina y a la actitud asumida por las autoridades de la CGT continuaron con ritmos e ímpetus diversos en el territorio nacional. En el plano de la organización obrera, explotaron a comienzos de 1968, cuando se llevó a cabo el Congreso Normalizador de la CGT, denominado Amado Olmos, en homenaje al dirigente del sindicato de Sanidad fallecido en enero. Allí se enfrentaron dos posiciones: la de los delegados que no querían permitir la participación de los representantes de gremios intervenidos (condición que imponía el gobierno dictatorial) y la de aquellos que aceptaban y exigían la participación de todos los sindicatos con voz y voto[37]. Al no haber acuerdo, la CGT se dividió en la CGT Paseo Colón, llamada CGT de los Argentinos, formada por los gremios que sufrían en forma más dura las medidas del Gobierno y los intervenidos por el Estado, con actitudes más combativas; y la CGT Azopardo, constituida por los sindicatos con mayor peso tanto por su número de afiliados como por representar ramas de la industria centrales para el desarrollo del país, más conciliadora y abierta al diálogo con el Gobierno.

Las regionales del interior debieron posicionarse frente a esta fractura. Los gráficos realizaron el 17 de abril una asamblea, cuyo único punto era la situación de la CGT. Luego de un informe que explicaba la manera en que se había llevado a cabo el congreso, acordaron que el mismo se desarrolló en forma estatutaria[38]. También, los miembros de la Comisión Directiva leyeron circulares enviadas por la FATI en apoyo de la nueva conducción, y comunicados de prensa emitidos por las nuevas autoridades de la CGT. Finalmente, el secretario general intervino para aclarar la modificación de la estrategia respecto a la participación en la central:

    “[Aunque] los gráficos de Mendoza habían resuelto la inhibición de la comisión administrativa para participar en la CGT, [se] entendía que en lo referente a los actuales problemas, la posición de nuestro gremio debía ser apoyar a la nueva mesa directiva de la CGT por entender que los motivos que la llevaron a esta situación se basan en la defensa clara de los derechos de los trabajadores”[39].

Para reforzar su moción, el dirigente dio a conocer las “maniobras de la ex mesa directiva de la CGT en el sentido de que no adoptaba ninguna resolución ante la política laboral del actual gobierno”[40]. No se ha encontrado hasta el momento registro de la asamblea mencionada en el acta; sin embargo es probable que la decisión de apartarse de la CGT fuera tomada en virtud de la falta de oposición firme y con hechos que mostraba la conducción anterior frente al gobierno de la dictadura tanto a nivel local como nacional. Por último, en asamblea, los afiliados decidieron apoyar a la CGTA y a su secretariado.

Por tanto, a diferencia de lo ocurrido en la ciudad de Buenos Aires, donde la Federación Gráfica Bonaerense se constituyó en la principal impulsora de la CGTA (el gráfico Raimundo Ongaro, perteneciente a esa federación, fue elegido secretario general), en Mendoza el SAGM no tuvo una participación destacada en la nueva central. Si bien la conducción participó en las acciones que concluyeron en la conformación de la CGTA local[41], al parecer las disputas internas entre los dirigentes —disputas que giraban en torno a sus adscripciones ideológicas, al haber en su seno peronistas, comunistas y socialistas— impidieron estructurarla en forma sostenida y convertirla en el aglutinante de las luchas contra la dictadura[42]. Aunque todos formaran parte de una misma tendencia sindical combativa[43], sus diferencias político-ideológicas tuvieron un peso mayor que determinó en gran medida la imposibilidad de crecimiento de la CGTA Regional. Al quedar centrada en el activismo sindical y atravesada por sus divergencias, se alejó de los problemas que los trabajadores vivían cotidianamente en sus lugares de trabajo —siendo ése uno de los puntos centrales de su propuesta programática—, y tuvo escasa incidencia como Central en los conflictos locales.

Sin embargo, y a pesar de su “poca fuerza” en la provincia, para las autoridades del SAGM siguió siendo la central que a nivel nacional impulsaba la lucha contra la política de la dictadura. Por ello, en momentos en que desde distintos agrupamientos y sindicatos se promovía la unificación de ambas centrales, algunos de los miembros de la comisión se oponían y consideraban que los gráficos debían permanecer en la CGTA: “Lo que les interesa a los gráficos es participar en la CGTA, pues si nos quedamos callados es lo mismo que dar la aprobación a la política gubernamental, se debe luchar por los derechos obreros”[44]. Un aspecto interesante de analizar en esos debates era la relación que se establecía con otras organizaciones de trabajadores. La preocupación en esos momentos pasaba por el acatamiento o no de las disposiciones y medidas que ellos definían. Desde el SAGM se sostenía que si bien había que acatarlas para evitar ser señalados como traidores o participacionistas, también era necesario “tener un gremio con personalidad, que luche por sus convicciones y no solamente por disciplina gremial”[45]. Es posible que este tema se vincule al hecho de ocupar los gráficos de Buenos Aires un lugar central en la CGTA, y entonces es probable que el gremio local se sintiera en la disyuntiva de obedecer ciegamente las directivas del sindicato bonaerense o permitirse y generar el ámbito para que el activismo pudiera debatirlo y atender en ciertos momentos a las posibilidades reales de hacerse cargo de esas medidas.

Aquí se observan nuevamente los debates atravesados por el siempre presente anhelo de independencia del sindicato gráfico local. También, en las discusiones generadas por las disputas entre la Federación Argentina de Trabajadores de Imprenta y la Federación Gráfica Bonaerense (FGB), que terminaron en la ruptura de la organización que nucleaba a los gráficos de todo el país. Si bien no profundizamos en este punto, debido a que sólo se encuentran dos actas donde se informa sobre lo ocurrido en el congreso —la división de la FATI—, sí parece interesante mencionar los argumentos esgrimidos por los delegados mendocinos enviados a Córdoba[46]. En ellos es posible inferir críticas a lo actuado por los representantes de la FGB, que buscaron imponer su línea política-ideológica[47]. Al parecer, para los gráficos locales era importante resguardar la independencia, a fin de evitar los conflictos internos entre las tendencias mayoritarias del SAGM, los comunistas y los peronistas.

Entre abril de 1970 y abril de 1972 (cuando se produjo el hecho social de masas denominado Mendozazo[48]), las acciones conjuntas de todos los trabajadores dominaron el escenario de la conflictividad provincial. La máxima expresión de esas acciones fueron las huelgas generales impulsadas desde las bases y/o las conducciones —nacionales y regionales— de la CGT[49]. En términos generales, todas se realizaron con el fin de protestar contra la política económica y social de la dictadura. Las reivindicaciones se centraron en torno a la necesidad de aumentos salariales para hacer frente al alza en el costo de vida, la plena vigencia de la ley 14250 de convenciones colectivas, la derogación de la legislación represiva y el reordenamiento adecuado del sistema previsional. En todos los casos, su acatamiento generaba acaloradas discusiones entre los delegados del SAGM, que llevaban la voz de trabajadores de las imprentas y los diarios a las asambleas gremiales. A veces, la decisión se dirimía en torno a la dirección o el sector que convocaba a la medida, y entonces las intervenciones giraban alrededor del debate recurrente de los vínculos entre bases, direcciones y burocracia sindical. Obviamente, contaba con más legitimidad el reclamo que, según entendían los activistas, “nacía de las bases”[50].

En ocasiones, la decisión ponía en juego también las relaciones con la Federación y el alcance del disciplinamiento gremial. Entonces, se planteaban el papel que tenía la FATI, sus declaraciones sobre la huelga y el deber del SAGM en esa coyuntura: “si la FATI había decidido el paro, el sindicato gráfico debía ser disciplinado y acatarlo también, buscando el acuerdo en los lugares de trabajo”[51]. Cabe destacar que en el análisis de la coyuntura que hacían los activistas se consideraban los factores por tener en cuenta para asegurar el éxito de la medida. Por ejemplo, se buscaba asegurar la participación de los obreros del diario Los Andes y de la Imprenta Oficial, por ser ésos los talleres con más personal de la provincia.

Igual tono tiene la discusión sobre el paro dispuesto por la CGT para el 29 de septiembre de 1971. La no adhesión de canillitas (repartidores de diarios), trabajadores de prensa y las filiales de San Juan y San Luis, junto con la recomendación de FATI de no participar en el mismo, dificultaban la determinación. Para algunos afiliados era un “paro político”, y ciertas reivindicaciones ni siquiera tenían que ver con Mendoza. Las críticas apuntaban contra la CGT Regional por no favorecer la discusión de la medida desde las bases y por limitar su participación a estas acciones de alcance nacional, sin intervenir en los conflictos diarios de los trabajadores provinciales. El delegado de la Imprenta Oficial consideró en esa ocasión que “no deben ignorarse los motivos expuestos para la realización del paro —aumento de salarios y libertad de presos sociales y gremiales—”[52], motivos vinculados a la situación material que atravesaban los trabajadores, más allá de la dirección que tuviera la huelga. Sin embargo, la decisión fue el no acatamiento, a pesar de que ya cincuenta gremios habían adherido en la provincia[53]. Diferente es la postura que se tomó frente al paro del 29 de febrero y primero de marzo de 1972. Allí se entendió que debían participar, ya que era contra el Gobierno, y aunque el paro era impulsado por la CGT, los trabajadores gráficos sostenían que debía hacerse también “contra los dirigentes de la central que frenan la voz de protesta de la clase obrera”[54]. La huelga registró en Mendoza el mayor acatamiento de los últimos años[55].

Conclusiones

A lo largo de este trabajo se han presentado las prácticas sindicales del Sindicato de Artes Gráficas de la provincia de Mendoza. Si bien se trata de un gremio pequeño, tanto en términos de afiliados como en cuanto a la centralidad que ocupaba en la dinámica de acumulación de capital de la provincia, su estudio es importante por ser referenciado tanto por fuentes periodísticas de la época como por trabajadores del período como uno de los más combativos desde fines de la década del sesenta. Sin embargo, no es posible vincular en forma lineal esa impronta de combatividad con luchas específicas del sector, mantenidas por estos trabajadores entre 1966 y 1973. Si bien su participación en las disputas del conjunto de los trabajadores organizados fue más activa, tampoco logró posicionarlos como la dirección del movimiento que se opuso a la dictadura de la Revolución Argentina en Mendoza, tal como ocurrió con la federación gráfica de Buenos Aires.

A través del análisis de las fuentes orales y escritas utilizadas se ha intentado esbozar otras razones para tratar de explicar esta suerte de paradoja, que presenta un gremio con una alta imagen combativa y que, no obstante ello, casi no protagoniza hechos conflictivos en el período. Entre esas razones se destacan las que se vinculan a las características del oficio y a la tradición de lucha que tenía el gremio desde sus orígenes. Respecto al oficio, se observó la importancia que éste tuvo en el ámbito cultural, educativo, y el prestigio que todavía acompañaba al trabajador gráfico en los sesenta. A ello se sumaba el hecho de poder colaborar, a través del manejo de ese saber, con las luchas y disputas de otros obreros, poniendo a su disposición una herramienta para comunicar sus decisiones, fijar posiciones, entre otros. Se agregaba también la posibilidad de utilizar la sede del sindicato para reunirse muchas veces en forma clandestina, ya sea porque se trataba de un gremio intervenido o de una agrupación opositora a la conducción sindical.

En cuanto a la tradición de lucha, se describió que la misma se remontaba a los orígenes de la organización, erigiendo a los gráficos en la cima del relato fundacional del movimiento obrero argentino. Esa tradición siempre se vinculaba, ideológicamente, a la izquierda, aunque en el caso del SAGM persistía la pretensión de sostener un espacio de independencia de los partidos políticos. En este sentido, se resaltó en varias oportunidades la huella que dejó la tendencia del sindicalismo revolucionario dominante en el gremio mendocino, desde la década del treinta, que postulaba la necesidad de mantener la autonomía de los sindicatos frente a las organizaciones partidarias. Esto porque la posibilidad de analizar las actas de reuniones de Comisión Directiva y de las asambleas acercó a la forma en que los afiliados y activistas debatían los problemas que se presentaban en la vida sindical, ya sea en el ámbito laboral de los talleres o en las relaciones de los gráficos con otros trabajadores y con el gobierno de la dictadura. Los testimonios de obreros gráficos del período enriquecieron el contenido de esas fuentes y permitieron acceder a aspectos que no estaban presentes en las actas analizadas.

En general, se puede afirmar que la trayectoria de la organización, sus intereses y preocupaciones, no es diferente de la que siguieron otros gremios de la provincia, e incluso de otras regiones. Aun cuando ciertos aspectos, como la falta de participación que se infiere de las fuentes consultadas, llamaron la atención de este artículo, otros puntos analizados en estas páginas, como la necesidad de controlar el acceso a las fuentes de trabajo o el interés por mantener la unión de la organización, sancionando las faltas de los afiliados, son comunes a varios sindicatos de la época, y su análisis permite considerar tanto los acuerdos como los disensos que existían entre los trabajadores gráficos.

Ahora bien, el problema de la poca participación pone en evidencia que la práctica gremial se nucleó en el activismo, compuesto por los delegados y miembros de la Comisión Directiva. Es interesante destacar el alto nivel y conocimiento político que tenían esos militantes, visibles en las intervenciones y en la lectura de las coyunturas que realizaban antes de definir los pasos y estrategias por seguir. Siguiendo en esa línea, se deben mencionar las discusiones sostenidas en torno a los vínculos que se mantenían con la CGT y las caracterizaciones de la dictadura de la Revolución Argentina. En este sentido, se pudieron constatar el avance progresivo de las críticas al Gobierno y el aumento de las medidas de fuerza contra el mismo. Fue posible también rescatar en esos debates las diferencias ideológicas internas entre el activismo del sindicato, la convivencia —muchas veces en tensión— de trabajadores peronistas, comunistas y, en menor número, radicales, sin que ninguna de ellas logrará la hegemonía absoluta sobre las otras. Nuevamente se refiere aquí a la tradición de la tendencia sindicalista que, como se planteó reiteradas veces, reclamaba la independencia de los partidos políticos. Aunque no se entró en detalles acerca del conflicto que se presentó hacia 1972 entre la FATI y la FGB, sí se puede suponer que el mismo expresaba ese anhelo de independencia frente a los intentos de la gráfica bonaerense de imponer su línea, y el intento de resguardar el acuerdo entre comunistas y peronistas, que, con relativa estabilidad —no exenta de enfrentamientos—, dirigía el gremio desde comienzos de la década del sesenta.

Bibliografía

Fuentes primarias

Documentación primaria impresa:

1. Libro de Actas de Asambleas (AA) ordinarias y extraordinarias del Sindicato de Artes Gráficas de Mendoza (SAGM) del período marzo 1966 a diciembre 1973.

2. Libro de Reuniones de la Comisión Directiva del Sindicato de Artes Gráficas de Mendoza (SAGM), período julio de 1969 a junio de 1972.

Publicaciones periódicas:

3. El Obrero Ferroviario. Buenos Aires, 1966.

4. Los Andes. Mendoza, 1966-1973.

5. Mendoza. Mendoza, 1969-1973.

Fuentes orales:

6. Díaz, Julio. En discusión con el autor. Mendoza, 20 de marzo de 2014.

7. Herrero, Reynaldo. En discusión con el autor, 24 de julio de 2012.

8. Luna, Julio. En discusión con el autor, 1 de abril de 2014.

Fuentes secundarias

9. Asborno, Martín. La moderna aristocracia financiera. Argentina 1930-1992. Buenos Aires: El Bloque, 1997.

10. Balvé, Beatriz. Los nucleamientos políticos ideológicos de la clase obrera. Composición interna y alineamientos sindicales en relación a gobiernos y partidos. Argentina, 1955-1974. Buenos Aires: CICSO/Serie de estudios n.° 51, 1990.

11. Basualdo, Eduardo. Estudios de historia económica argentina. Desde mediados del siglo XX a la actualidad. Buenos Aires: Siglo XXI, 2010.

7. Bozza, Juan Alberto. “Resistencia y radicalización. La CGT de los Argentinos, un ámbito de convergencia de la nueva izquierda”. Ponencia presentada en las IX Jornadas Interescuelas Departamentos de Historia, Universidad Nacional de Córdoba, Argentina, septiembre 24-26, 2003.

13. Dawyd, Darío. Sindicatos y política en la Argentina del Cordobazo. El peronismo entre la CGT de los Argentinos y la reorganización sindical (1968-1970). Buenos Aires: Pueblo Heredero, 2011.

14. Emili, Marcela. “Experiencias sindicales de la historia reciente en Mendoza: la presencia de la CGT de los argentinos en la provincia”. Cuadernos de Historia, Serie Economía y Sociedadn.° 12 (2012): 95-109.

15. Garzón Rogé, Mariana. “Vamos hacia la realidad, no hacia la utopía: El sindicato de Artes Gráficas de Mendoza, 1939-1945”. Ponencia presentada en las XII Jornadas Interescuelas Departamentos de Historia, Universidad Nacional de Córdoba, Argentina, octubre 28-31, 2009.

16. Garzón Rogé, Mariana. El peronismo en la primera hora. Mendoza, 1943-1946. Buenos Aires: EDIUNC, 2014.

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18. Nieto, Agustín. “Negociación colectiva y lucha de clases: convenio laboral para fileteros, 1969-1970”, [manuscrito sin publicar].

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20. Peralta Ramos, Mónica. Acumulación del capital y crisis política en Argentina (1930-1974). México: Siglo XXI, 1978.

21. Pucci, Roberto. Historia de la destrucción de una provincia. Tucumán 1966. Buenos Aires: Imago Mundi, 2014.

22. Schneider, Alejandro. Los compañeros. Trabajadores, izquierda y peronismo. 1955-1973. Buenos Aires: Imago Mundi, 2006.

23. Scodeller, Gabriela. “Conflictos obreros en Mendoza (1969-1974): cambios en las formas de organización y de lucha producto del Mendozazo”, tesis de doctorado en Historia, Universidad Nacional de La Plata, 2009.

24. Williams, Raymond. Marxismo y literatura, traducido por Guillermo David. Buenos Aires: Las Cuarenta, 2009 [1977].





[*] Este trabajo forma parte de la tesis doctoral en curso denominada “La generación de militantes gremiales del sesenta en Mendoza. Cultura sindical y tradiciones en disputa entre 1966 y 1973”, financiada por el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET, Argentina). «« Volver

[**]Profesora de Historia en la Universidad Nacional de Cuyo (Argentina). Estudiante del Doctorado en Ciencias Sociales de la misma universidad. Miembro del Observatorio de Conflictividad Social de la provincia de Mendoza (Argentina). Entre sus temas de investigación se encuentran: historia del movimiento obrero mendocino de las décadas del sesenta y setenta; estudios de la conflictividad entre Estado y sindicatos; análisis de la cultura sindical de la generación de militantes sindicales de los sesenta y setenta. Sus últimos trabajos publicados son: “Los estudios sobre trabajadores en Mendoza: revisión historiográfica e hipótesis preliminares”. Estudios del ISHIR 3, n.° 6 (2013): 133-149; “Cultura sindical mendocina: organización gremial y conflictividad en tiempos de la dictadura de la Revolución Argentina”. Revista Historia Caribe 9, n.° 25 (2014): 153-180. mc_emili@yahoo.com.ar «« Volver

[1] Mónica Peralta Ramos, Acumulación del capital y crisis política en Argentina (1930-1974) (México: Siglo XXI, 1978), 112. «« Volver

[2] La calificación de semidemocracias obedece a la proscripción electoral de la fuerza política del peronismo, vigente desde 1955. «« Volver

[3] El Plan de Reestructuración Ferroviaria presentado por el gobierno preveía el cierre de ramales, la privatización de tareas específicas de los talleres ferroviarios, el cierre de talleres, la introducción de modificaciones importantes en el régimen de trabajo, como la extensión en la jornada laboral; la movilidad de los francos semanales y de los períodos fuera de residencia (cuando se cumplía el trabajo en otras estaciones, talleres), el aumento de los topes kilométricos sin considerar el problema de la fatiga física de los obreros, los cambios en el escalafón y en el sistema previsional. Los Andes, varias ediciones (5 de mayo de 1966, 10 de junio de 1966 y 9 de noviembre de 1966), “Vuelta a viejos planes ya fracasados”, El Obrero Ferroviario, agosto, 1966, 3. «« Volver

[4] La “modernización” del puerto a través de despidos y modificaciones en el régimen laboral generó una huelga de los obreros portuarios que se prolongó varios meses. El conflicto giró en torno al nuevo reglamento de trabajo, que establecía cuatro turnos con un salario por turno, mientras que el régimen anterior le permitía a cada estibador acopiar más de un salario con el sistema de horas extras. Jaqueados por la Policía y la Prefectura marítima, sin apoyo de la CGT, los trabajadores fueron duramente reprimidos, y el sindicato fue intervenido en octubre de 1966. Alejandro Schneider, Los compañeros. Trabajadores, izquierda y peronismo. 1955-1973 (Buenos Aires: Imago Mundi, 2006). «« Volver

[5] En agosto de 1966 se decretó la reducción de la producción de azúcar mediante la intervención, el cierre y el desmantelamiento de siete fábricas azucareras, por lo que 9327 obreros de fábrica y del surco perdieron su trabajo. La resistencia de los trabajadores al cierre y sus primeras medidas (ollas populares y manifestaciones por las calles) obligaron a las autoridades al uso de la Gendarmería y la Policía Federal. A lo largo de todo el gobierno de la Revolución Argentina continuaron los enfrentamientos y la oposición de trabajadores y estudiantes a la ofensiva “modernizadora”. Cuando finalizó la dictadura de la Revolución Argentina, once de los veintisiete ingenios azucareros habían sido cerrados y casi un tercio de la población tuvo que migrar en busca de nuevas fuentes de trabajo. Para ampliar, puede consultarse Silvia Nassif, Tucumanazos. Una huella histórica de luchas populares, 1969-1972 (Tucumán: Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Nacional de Tucumán, 2013), y Roberto Pucci, Historia de la destrucción de una provincia. Tucumán 1966 (Buenos Aires: Imago Mundi, 2014). «« Volver

[6] Declaraciones de Prado, La Nación, 27 de octubre y 9 de diciembre, 1966, 8; Guillermo O’Donnell, El Estado burocrático autoritario. Triunfos, derrotas y crisis (Buenos Aires: Editorial de Belgrano, 1982), 109. «« Volver

[7] Eduardo Basualdo, Estudios de historia económica argentina. Desde mediados del siglo XX a la actualidad (Buenos Aires: Siglo XXI, 2010), 58. «« Volver

[8] Martín Asborno, La moderna aristocracia financiera. Argentina 1930-1992 (Buenos Aires: El Bloque, 1993). «« Volver

[9] Estas divisiones se encuentran explicadas en O’Donnell, El Estado burocrático autoritario, 95-104. «« Volver

[10] Mariana Garzón Rogé, El peronismo en la primera hora. Mendoza, 1943-1946 (Buenos Aires: EDIUNC, 2014), 95. «« Volver

[11] Se basó esta afirmación en un registro diario de la conflictividad laboral llevado a cabo en dos periódicos provinciales —Los Andes y Mendoza—, entre mayo de 1966 y mayo de 1973. Ese registro fue completado —para el caso de los trabajadores gráficos— con las actas de asambleas y de reuniones de la Comisión Directiva del SAGM del mismo período. «« Volver

[12] Para realizar la tesis doctoral en curso sobre el movimiento obrero organizado de Mendoza en las décadas del sesenta y setenta se han efectuado entrevistas en profundidad a treinta trabajadores de esos años (militantes sindicales en su mayoría). Casi todos ellos ubican a los gráficos entre los obreros más combativos del período. «« Volver

[13] Julio Luna, en discusión con el autor, 1 de abril de 2014. «« Volver

[14] Reynaldo Herrero, en discusión con el autor, 24 de julio de 2012. «« Volver

[15] En esta investigación se entiende la tradición en el sentido que plantea Williams, como una herramienta de conexión del pasado con el presente, que, en la práctica, ofrece un sentido de predispuesta continuidad. Raymond Williams, Marxismo y literatura, traducido por Guillermo David (Buenos Aires: Las Cuarenta, 2009 [1977]), 138. «« Volver

[16] John Womack, Posición estratégica y fuerza obrera. Hacia una nueva historia de los movimientos obreros (México: FCE, 2007). «« Volver

[17] Herrero, entrevista. «« Volver

[18] El promedio de asistentes a las asambleas extraordinarias y ordinarias durante el período en que se ubica el trabajo es de cincuenta afiliados, número que crece en coyunturas especiales, como el mes de mayo de 1969, luego del Rosariazo, en las que participan más de cien trabajadores. Libros de asistencia Asambleas desde el 9 de enero de 1966 hasta el 30 de diciembre de 1973. «« Volver

[19] Puede consultarse: Actas de Asambleas (AA) del 17 de octubre de 1967. Esta falta de participación probablemente se extendía a las elecciones de Comisión Directiva. En las realizadas en febrero de 1970, sobre un total de 894 empadronados, sólo asistieron a votar 109. También en AA del 29 de marzo de 1970. «« Volver

[20] Después del golpe militar de la Revolución Libertadora, en 1955, que desalojó del Gobierno al peronismo, los sindicatos se agruparon en dos nucleamientos ideológico-políticos: las “32 organizaciones mayoritarias y democráticas”, conformadas por los sectores no peronistas alineados con la Libertadora, y las “62 organizaciones”, constituidas por gremios peronistas, comunistas y otras corrientes ideológicas de izquierda. Estos agrupamientos atravesaron divisiones, se dispersaron y concentraron bajo diferentes denominaciones a lo largo de los años de proscripción del peronismo. Beatriz Balvé, Los nucleamientos políticos ideológicos de la clase obrera. Composición interna y alineamientos sindicales en relación a gobiernos y partidos. Argentina, 1955-1974 (Buenos Aires: CICSO/Serie de estudios n.° 51, 1990). Hacia 1966 se encuentra a las 62 Organizaciones peronistas divididas en las 62 Leales (dirigidas por el metalúrgico Augusto Vandor) y las 62 De Pie Junto a Perón (dirigidas por el secretario del gremio textil, José Alonso), el Movimiento de Unidad y Coordinación Sindical (MUCS), de tendencia comunista; los Gremios Independientes y los No Alineados, del que formaba parte el SAGM (después de haber sido parte de los 32 gremios, primero, y de los Independientes, luego). Sobre el origen del agrupamiento de los No Alineados, dice Darío Dawyd que fue un desprendimiento de los Gremios Independientes que acompañó frecuentemente la estrategia vandorista. Darío Dawyd, Sindicatos y política en la Argentina del Cordobazo. El peronismo entre la CGT de los Argentinos y la reorganización sindical (1968-1970) (Buenos Aires: Pueblo Heredero, 2011). «« Volver

[21] Desde marzo de 1968 existían dos centrales en el país: la CGT de los Argentinos y la CGT Azopardo (ver más adelante). «« Volver

[22] Sobre este asunto: Libro de Actas de Reuniones de Comisión Directiva (ARCD) del 19 de julio de 1969. «« Volver

[23] ARCD, correspondiente también al 19 de julio de 1969. «« Volver

[24] Consultado en: Libro de AA del 30 de junio de 1968. «« Volver

[25] Nombre ofensivo que recibían los trabajadores que no adherían a las huelgas. «« Volver

[26] Libro de AA del 10 de diciembre de 1968. «« Volver

[27] Al respecto, Mariana Garzón Rogé considera que la regulación del ingreso de los trabajadores a los talleres fue una de las estrategias del gremio, para evitar el desmembramiento y “sostenerlo contra los riesgos que acechaban con destruir la organización en los tiempos sombríos del comienzo de la Segunda Guerra Mundial”. Mariana Garzón Rogé, “Vamos hacia la realidad, no hacia la utopía: El Sindicato de Artes Gráficas de Mendoza, 1939-1945” (ponencia presentada en las XII Jornadas Interescuelas Departamentos de Historia, Universidad Nacional de Córdoba, Argentina, octubre 28-31, 2009), 2. «« Volver

[28] Libro de AA del 20 de septiembre de 1963. «« Volver

[29] Libro de AA del 28 de enero de 1968. «« Volver

[30] Herrero, entrevista. «« Volver

[31] Julio Díaz, en discusión con el autor, 20 de marzo de 2014. «« Volver

[32] Luna, entrevista. «« Volver

[33] La CGT decidió realizar una protesta contra las medidas económicas implementadas por el Gobierno. Las críticas apuntaban a los despidos en la administración pública, a las consecuencias negativas que tenían la política económica y la inflación sobre el salario, y manifestaban la solidaridad con los trabajadores en conflicto —ferroviarios, portuarios y azucareros—. La CGT Regional acató las disposiciones del Comité Central Confederal (órgano máximo de resolución de la central) y apoyó el paro, que tuvo repercusión importante en Mendoza, en especial en la industria y en el transporte (con la adhesión total de los trabajadores del riel). «« Volver

[34] A principios de ese año, la CGT anunció el lanzamiento de un Plan de Acción, que incluía paros nacionales de 24 horas para el 1º de marzo y de 48 horas para el 21 y 22 del mismo mes (que no llegó a realizarse), acompañados de “campañas de esclarecimiento” y “movilizaciones”, que podían terminar en ocupaciones de fábricas. Las reivindicaciones planteadas eran: reapertura de fábricas cerradas, desechar la política inflacionaria basada en la pérdida del valor adquisitivo de los salarios y en la desocupación, participación de los trabajadores, a través de la CGT, en la formulación y puesta en marcha de una política económica al servicio del desarrollo nacional, inmediata solución de problemas laborales pendientes, en especial los que afectaban a portuarios, ferroviarios y trabajadores del azúcar y no adopción de modificaciones al régimen de trabajo y a la situación gremial, sin la previa participación de los sindicatos y de la CGT. Los Andes, 15 de febrero, 1967, 4. El Gobierno respondió con una serie de medidas que mostraban su decisión de oponerse duramente a la CGT. El Consejo Nacional de Seguridad (CONASE) se reunió en febrero y decidió interrumpir el diálogo con la central obrera, denunciando que el plan de lucha estaba influenciado por los comunistas. Se sancionaron leyes represivas y fueron prohibidas las manifestaciones en la vía pública. Los fondos de varios sindicatos fueron congelados y se anunció el despido de todos los trabajadores estatales que adhirieran a las medidas de fuerza propuestas en el marco del Plan de Acción. Sin embargo, el Plan avanzó, por lo que en la provincia el paro general del 1º de marzo tuvo repercusión parcial, según la prensa local. El mayor acatamiento se dio en las zonas alejadas de la capital provincial, porque los gremios que adhirieron fueron los de la industria. Entre los estatales, acataron los trabajadores de Luz y Fuerza y ferroviarios. Los Andes, 2 de marzo, 1967. Como respuesta, el Ejecutivo despidió trabajadores públicos y levantó actas sumariales contra ellos, congeló recepción de fondos retenidos por las empresas y retiró la personería gremial a Textiles, Azucareros, Obreros Químicos, Telefónicos de capital, Metalúrgicos y la Unión Ferroviaria. Esta actitud y las disputas internas entre las tendencias sindicales llevaron a la CGT a suspender el Plan. «« Volver

[35] Libro de AA del SAGM del 10 de diciembre de 1967. «« Volver

[36] Agustín Nieto, “Negociación colectiva y lucha de clases: convenio laboral para fileteros, 1969-1970”, [manuscrito sin publicar]. «« Volver

[37] En el fondo, lo que se debatía era aceptar o rechazar la legalidad que imponía un gobierno ilegítimo. «« Volver

[38] En función de la discusión que se dio en el congreso, luego de la división, los diarios locales comenzaron a denominar “rebelde” a la nueva CGT, mientras que la de Azopardo era la central “legal” (aun cuando no recibió el reconocimiento del Gobierno). A juzgar por el peso dado al argumento de la legalidad estatutaria de la elección, ése era entre el activismo gremial de los gráficos un paso previo importante para sumarse a la CGTA. En Libro de AA del 17 de abril de 1968. «« Volver

[39] Libro de AA del 17 de abril de 1968. «« Volver

[40] Libro de AA del 17 de abril de 1968. «« Volver

[41] La “Marcha de los pobres” en apoyo a la jornada de lucha contra el gobierno de los monopolios definida por la CGTA se realizó con la participación de los veintiocho gremios mendocinos que posteriormente, el 26 de julio de 1968, convocaron al plenario para considerar la reorganización de la regional. Con la presencia de Ongaro, en la provincia se eligieron las nuevas autoridades que conformaron el secretariado de la CGTA local. Los Andes, 20 de julio de 1968 y 30 de julio de 1978, 7. Entre los sindicatos que formaron parte de ese proceso estaban la Unión Ferroviaria, ATSA (sanidad), Contratistas de viñas y frutales, Obreros mosaístas, Artes gráficas, FOETRA (telefónicos), SOEVA (vitivinícolas), SUPE (petroleros), La Fraternidad, Cementistas, obreros malteros y cerveceros, vendedores de diarios y revistas. Un análisis sobre la formación de la CGTA en Mendoza puede verse en Marcela Emili, “Experiencias sindicales de la historia reciente en Mendoza: la presencia de la CGT de los argentinos en la provincia”.Cuadernos de Historia, Serie Economía y Sociedadn.° 12 (2012): 95-109. «« Volver

[42]En el programa de la CGTA se convocaba a otros sectores de la sociedad para unirse en la oposición a la dictadura, coordinando la resistencia junto al movimiento obrero. Para ampliar, ver Juan Alberto Bozza, “Resistencia y radicalización. La CGT de los Argentinos, un ámbito de convergencia de la nueva izquierda” (ponencia presentada en las IX Jornadas Interescuelas de Historia, Universidad Nacional de Córdoba. Facultad de Filosofía y Humanidades, Argentina, septiembre 24-26, 2003); Dawyd, Sindicatos y política en la Argentina. «« Volver

[43] Dawyd identifica tres tendencias sindicales en el período: participacionistas, dialoguistas y combativos. Los participacionistas adhirieron al llamado a participar en el gobierno de Onganía en 1966. Privilegiaban el acercamiento al Gobierno, ya que de éste dependía la supervivencia de los sindicatos para dedicarse a la concertación social junto al Estado. En este período se fueron alejando de sus orígenes peronistas, inclinándose por una actitud apolítica y pragmática con el Estado, en cooperación con el capitalismo hegemónico. Los dialoguistas o negociadores también sostenían la necesidad de mantener la existencia de los sindicatos y su función de concertación social, pero con la participación política de los mismos, su intención era alcanzar la reformulación del pacto social de 1945-1955, con el consiguiente reforzamiento de la actividad industrial y de los sindicatos que adscribían a la tendencia. Los combativos por su parte, hacían hincapié en la defensa de las conquistas laborales, participación política de los trabajadores sin proscripciones e intervención activa del Estado en la economía nacional. Dawyd, Sindicatos y política en la Argentina, 33. «« Volver

[44] Libro de ARCD del 19 de julio de 1969. «« Volver

[45] Libro de ARCD del 18 de junio de 1969. «« Volver

[46] En una asamblea extraordinaria realizada en el mes de julio de 1972 se encuentra el informe sobre la división de la FATI; luego, en un acta fechada en noviembre del mismo año se discutió la posibilidad de sancionar a un compañero acusado de mantener vínculos “programáticos” con la FGB y de militar por la conformación de una agrupación gráfica peronista (denominada “17 de Octubre”). El tema es encarado nuevamente en agosto de 1973, pero, dado que excede nuestro período, no se ha analizado en este artículo. Queda pendiente para futuros avances. «« Volver

[47] Libro de AA del 5 de julio de 1972. «« Volver

[48] Un análisis del Mendozazo puede consultarse en Gabriela Scodeller, “Conflictos obreros en Mendoza (1969-1974): cambios en las formas de organización y de lucha producto del Mendozazo” (Tesis de doctorado en Historia, Universidad Nacional de La Plata, 2009). «« Volver

[49] En Mendoza se realizaron cuatro huelgas generales en 1970: el 23 de abril, 9 de octubre, 12 y 13 de noviembre, una en 1971 el 29 de septiembre y una de 48 horas el 29 de febrero y el 1 de marzo en 1972. «« Volver

[50]Libro de AA del 10 de noviembre de 1970. «« Volver

[51] Libro de AA del 07 de diciembre de 1970. «« Volver

[52] Libro de AA del 27 de septiembre de 1971. «« Volver

[53] Los Andes, 29 de septiembre, 1971, 3. «« Volver

[54] Libro del AA del SAGM del 20 de febrero de 1972. «« Volver

[55] Según datos de la Dirección Provincial del Trabajo, se registra un 100% de acatamiento a las medidas en los gremios de la carne, ceramistas, comercio, choferes de micro, gráficos, madera, vidrio, farmacias, mosaístas, telefónicos, panaderos, construcción, papel, metalúrgicos, aguas gaseosas, mecánicos y anexos, administración pública (menos el personal jerárquico); entre un 90 y 99% de acatamiento en los gremios de alimentación, estaciones de servicio, frigoríficos de frutas, químicos, gastronómicos, cerveceros, bancarios; y por debajo de esa cifra, molineros, vitivinícolas, camioneros y rurales. No hubo circulación de diarios durante la jornada; el único gremio que no participó fue el SUPE. Mendoza, 2 de marzo, 1972, 10. «« Volver

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