Facultad de Ciencias Sociales
Departamento de Historia

Revista Historia Crítica
Fundada en 1989

 

ISSN (versión en línea): 1900-6152

 

hcritica@uniandes.edu.co| Bogotá D.C.-Colombia

 
   
Para citar este artículoRevista No 43
Título:La heurística digital y el estudio histórico de los procesos de globalización[*]
Autor:Juan Andrés Bresciano Lacava[**]
Tema: Historia Digital
Enero - Abril 2011
Páginas: 104-127
DOI: http://dx.doi.org/10.7440/histcrit43.2011.07
 
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InicioRevista No 43
La heurística digital y el estudio histórico de los procesos de globalización
[*]

Juan Andrés Bresciano Lacava[**]

Dossier


RESUMEN

El presente artículo reflexiona sobre la pertinencia de las fuentes digitales para el estudio de los procesos de globalización, en su dimensión política, económica, social y cultural. Presentando algunos temas básicos relacionados con tales procesos, plantea ejemplos ilustrativos de los aportes que ofrece la documentación telemática en cuanto producto específico de la cultura global y en cuanto insumo heurístico que permite analizarla. Advierte, asimismo, sobre la diversidad y heterogeneidad que caracteriza a los registros del ciberespacio, que además de conservarse en repositorios diferentes a los archivos tradicionales, poseen formatos y contenidos distintos a los que el historiador se encuentra habituado.

PALABRAS CLAVE
Globalización, documentos digitales, investigación histórica.


THE DIGITAL HEURISTIC AND THE HISTORICAL STUDY OF THE PROCESSES OF GLOBALIZATION

ABSTRACT

This article reflects upon the pertinence of digital sources for the study of the political, economic, social, and cultural processes of globalization. After presenting some basic themes related to these processes, it provides various illustrative examples of the contributions that telematic documentation offers as a specific product of global culture and as a heuristic input that permits its analysis. It also issues a word of caution regarding the diversity and heterogeneity that characterize the archives of cyberspace which, besides residing in repositories different from traditional archives, have different formats and content than historians are generally accustomed to.

KEY WORDS
Globalization, digital documents, historical research.

INTRODUCCIÓN

El análisis en dimensión diacrónica de las sociedades humanas comprueba que desde los primeros grupos paleolíticos hasta el presente, todas las comunidades históricas han conocido diferentes grados de interdependencia. La existencia de redes de intercambio de bienes de prestigio entre los pueblos ágrafos así lo demuestra para los tiempos prehistóricos. Algo semejante acontece con las redes de comercio de bienes suntuarios entre los primeros imperios del mundo antiguo; por ellas se trasladan no sólo los objetos valiosos que consumen los grupos privilegiados, sino las innovaciones tecnológicas y las creencias religiosas y filosóficas. No permanecen ajenos a estas redes los intercambios bióticos: especies animales y vegetales, virus y bacterias circulaban por Eurasia, junto con los mercaderes, transformando las economías y causando, en algunas ocasiones, verdaderas pandemias. La primera expansión europea de los siglos xv y xvi, genera nuevas interdependencias, en el marco de un capitalismo mercantil naciente, que desde su centro en Europa occidental subordina —a partir de vínculos asimétricos— a América y a ciertas regiones costeras del África, del Asia meridional y oriental. La segunda expansión de Occidente, que se desarrolla desde fines del xviii hasta la Primera Guerra Mundial, obedece a un capitalismo industrial maduro, que termina imponiéndose en todas las regiones del planeta. Estructurado a partir de una economía de mercado y de una forma de organización política que reconoce al Estado nacional como su unidad básica, ese capitalismo conoce fases alternantes de librecambio y de proteccionismo[1].

A partir del colapso del régimen soviético y del fin de la Guerra Fría, se inicia un período en el que las tendencias de liberalización económica imperan en la mayor parte del planeta, al menos por una década. Se trata de una liberalización que promueve la reducción de las barreras arancelarias, las privatizaciones masivas de las empresas estatales, la desregulación administrativa, la flexibilización laboral y la reducción de los costos que conlleva el Estado de bienestar. Sus críticos la presentan como una forma de integración de las economías nacionales en una economía mundial desequilibrada e inicua, en la que las compañías transnacionales y algunos países centrales resultan sus principales beneficiarios. Para algunos autores, esta apertura de los mercados nacionales al capital transnacional, así como la profundización de un comercio internacional con escasas barreras, constituye la expresión emblemática de la globalización, en cuanto forma de interdependencia histórica características de estos tiempos[2]. Sin embargo, el término globalización adquiere hoy en día un significado mucho más amplio, pues designa a procesos de integración que involucran a los Estados, los mercados, las sociedades y las culturas. En un plano estrictamente tecnológico, esa interdependencia consiste en el desarrollo de un sistema de comunicaciones y de transportes que posibilita una conectividad mundial sin precedentes. Ocupan un papel protagónico la aparición de Internet, de la telefonía celular y de la televisión satelital, que rápidamente se expanden a escala mundial. En el plano económico, la integración de las economías locales y nacionales en un mercado internacional que tiende a la desregulación, permite a los consumidores el acceso a una diversidad inusitada de productos y servicios, pero provoca, simultáneamente, la ruina de productores que no se encuentran en condiciones de competir en un mercado mundial profundamente asimétrico[3]. En el plano político, la globalización se presenta como una tendencia pautada por la conformación de entidades regionales supraestatales, el surgimiento de instituciones internacionales que resuelven disputas y administran justicia, y la universalización de ciertos derechos y deberes. En el plano social, las migraciones actuales y la proliferación de formas asociativas que desdibujan las fronteras estatales, revelan el impacto que tiene en los vínculos humanos la conectividad promovida por los avances tecnológicos. Finalmente, en el plano cultural la aparición de un ciberespacio en el que circulan contenidos mutimediáticos de todas las procedencias geográficas, y la consolidación de una civilización audiovisual basada en el entretenimiento, ponen de manifiesto cambios históricos mundiales cuyos efectos en el largo plazo son objeto de permanente debate[4].

En su conjunto, estos procesos de globalización acontecen en décadas recientes. Por lo tanto, su abordaje en perspectiva diacrónica no puede servirse de las fuentes tradicionales a las que acude el investigador del pasado. En cada uno de estos procesos, las Tecnologías de la Información y de la Comunicación (tic), se encuentran involucradas doblemente: por una parte, influyen, inciden o directamente generan (desde un punto de vista material o infraestructural) las nuevas interdependencias; por la otra, producen los registros que dan cuenta de ellas. Surge así un universo heurístico digital que ilustra los caminos que la globalización transita, y que se convierte en un insumo metodológico fundamental en la investigación de estos temas. El presente artículo procura poner de manifiesto la significación teórico-metodológica de ese universo heurístico para el análisis de algunos de los procesos que signan los tiempos actuales.


1. GLOBALIZACIÓN POLÍTICA

A pesar de que la apertura de las economías al comercio mundial y al capital tras-nacional erosiona el poder decisorio y la propia soberanía de los Estados nacionales, el orden político que prevalece en el planeta sigue estructurándose a partir de ellos. Las fuerzas globalizadoras les imponen desafíos sucesivos, a los que responden con modalidades novedosas de integración política (las uniones regionales), con la internacionalización de los marcos jurídico-administrativos, y con la puesta en práctica de lo que se ha dado en llamar el gobierno electrónico. Por otra parte, esas mismas fuerzas transformadoras motivan conflictos inéditos, que ya no enfrentan a los Estados entre sí, sino con nuevos agentes históricos.

1.1. PROCESOS DE INTEGRACIÓN

Desde la conformación de una sociedad política internacional (basada primero en Estados dinásticos y luego en Estados nacionales), se han sucedido los intentos por institucionalizarla. La Organización de las Naciones Unidas constituye en el presente la entidad que con sus contradicciones, limitaciones, fragilidades y desequilibrios representa al conjunto de esa sociedad política internacional. Los programas y los organismos que dependen de la onu se vinculan con la preservación de la paz, la defensa de los derechos humanos, la asistencia humanitaria y la promoción del desarrollo económico, social, cultural y científico. Aunque la eficacia de tales iniciativas es objeto de controversia, éstas se presentan como expresión de verdaderas políticas de carácter mundial. En tiempos recientes, la Declaración del Milenio (para algunos, una mera declaración de intenciones) puede citarse como un ejemplo de la formulación de metas y de estrategias globales para superar los problemas que enfrenta la humanidad. En cualquier caso, el estudio histórico de estas actuaciones se beneficia significativamente con la edición digital y la divulgación telemática de buena parte de la documentación que atañe a tales programas y organismos, así como con la información estadística que los mismos recaban. De especial interés para el historiador resulta la consulta del servicio denominado UN Statistics División, Statistical Databases, que proporciona información demográfica, económica, social y cultural sobre la totalidad de los países[5].

En lo que atañe a la internacionalización de ciertos marcos jurídicos básicos, el nacimiento de la Corte Penal Internacional (cpi) supone un hito de relevancia incuestionable, a pesar de la oposición que recibe de potencias mundiales o regionales, entre las cuales figuran Estados Unidos, Rusia, China e India. Creado para juzgar los delitos más graves contra la humanidad, en particular los genocidios, la cpi divulga, desde su sitio web, fuentes de un valor superlativo para el estudio de conflictos que signaron la década del noventa del siglo pasado, como las guerras de la ex Yugoslavia y las masacres de Ruanda. La información disponible en línea sobre la estructura y el funcionamiento de la cpi, sobre su archivo de noticias periodísticas, y sobre su archivo de casos, demuestra la relevancia de la heurística digital para investigaciones históricas de dicha índole[6].

En lo que respecta a los procesos de integración regional, un fin de siglo pautado por la gravitación diferencial de una superpotencia planetaria (Estados Unidos), de potencias emergentes de escala continental (China e India) y de potencias declinantes (Rusia y, hasta cierto punto, Japón), supone un estímulo para que algunos Estados nacionales se agrupen políticamente en el seno de una región geocultural de límites lábiles como una estrategia de adaptación y supervivencia. No se trata de procesos lineales de integración, ni siquiera en los ejemplos más exitosos, como es el de la Unión Europea que nació oficialmente el primero de noviembre de 1993, luego de más de cuatro décadas de negociaciones plasmadas en diversos tratados[7]. En los casos más incipientes, como el de la Unión de Naciones Suramericanas (una-sur), que apenas data de 2008 (pero que también fue antecedida por organizaciones y tratados que apuntaban a un fin similar), revela una fragilidad mucho mayor. Las contradicciones, las dificultades y las expectativas que nacen de la integración política se reflejan en los múltiples espejos heurísticos del ciberespacio. Ediciones electrónicas de documentos fundacionales y de normativas jurídicas, portales informáticos de órganos de gobierno y de instituciones administrativas, artículos digitales que consignan la crónica de los avances y de los retrocesos de la integración, registros audiovisuales de cumbres internacionales que congregan a máximos dignatarios: el universo de fuentes para los historiadores de las uniones regionales no parece agotarse, sino que se expande y se complejiza en sus variantes tipológicas[8].

No puede ignorarse para esta clase de estudio la documentación tradicional de archivo, pero tampoco puede obviarse una tendencia que parece irreversible: la imposición gradual de los repositorios electrónicos en el ámbito gubernamental y administrativo. Como fruto de esa tendencia, surge el gobierno electrónico[9], iniciativa internacional orientada a la aplicación de las nuevas tecnologías en la gestión administrativa del Estado. Su puesta en práctica resulta de gran interés para el historiador, pues conduce a la informatización paulatina de los documentos que producen los órganos del aparato estatal y a la organización de repositorios que brindan nuevas posibilidades heurísticas (en la medida en que contribuyen a la divulgación telemática de información sumamente valiosa). A partir de los portales de Internet de gobiernos nacionales, provinciales y municipales, se difunden normas jurídicas, reglamentos administrativos, presupuestos, plantillas y escalafones de la administración pública, boletines oficiales, etc. Los ejemplos en esta materia abundan[10], dado que buena parte de los Estados tienen sus plataformas digitales (diseñadas de acuerdo a modelos estandarizados) como resultado de diversos compromisos asumidos en el ámbito regional y mundial (en estos últimos podrían mencionarse la Carta de la umsco para la Preservación del Patrimonio Digital [2003], la Carta Iberoamericana de Gobierno Electrónico [2007] y la Declaración de Lisboa sobre el Gobierno Electrónico [2007]).

1.2. PROCESOS CONFLICTIVOS

Por las asimetrías que acentúa y por los desequilibrios que suele generar, la globalización crea las condiciones, los medios y los instrumentos para que nuevas clases de tensiones y de conflictos se desaten, superando los marcos operativos que proceden del pasado. El poder de los Estados (inclusive de las grandes potencias) resulta vulnerado por actores históricos que, sirviéndose de las redes globales, desafían a gobiernos y se enfrentan a ellos en el campo de batalla o en el ciberespacio.

1.2.1. ESTADOS CONTRA SERVIDORES INFORMÁTICOS. LA CENSURA DIGITAL
La supervisión del flujo de la información y de sus contenidos constituye una herramienta tradicional de poder, que los Estados nacionales han empleado a lo largo de toda su historia. Ya sea mediante la rígida censura de los regímenes totalitarios y autoritarios, o a través del control mucho más flexible y velado de los regímenes democráticos, la expresión de las ideas conoce diversos tipos de límites regulados por el poder, sin importar el formato comunicacional que se adopte: bibliográfico, hemerográfico, radial, televisivo o cinematográfico. Las nuevas tecnologías, al implementar espacios específicos de comunicación, ofrecen herramientas para eludir los controles gubernamentales más clásicos, motivando respuestas que crean formas renovadas de la censura. La simple acción ciudadana, mediante registros fotográficos o audiovisuales obtenidos mediante un celular o una cámara casera, puede cuestionar versiones oficiales sobre determinadas eventos, particularmente cuando tales registros se divulgan por Internet. A la acción ciudadana se le suma, recientemente, la labor de equipos de periodistas y de cientistas sociales que se especializan en divulgar documentación gubernamental clasificada sobre temas controversiales[11]. Si las tic favorecen el fenómeno peculiar de las filtraciones documentales divulgadas masivamente a escala planetaria, también producen el fenómeno contrario: la censura cibernética por parte de los gobiernos. Estas prácticas (sobre las que abundan fuentes electrónicas para su análisis), han dado origen a grupos de estudio que investigan el modo como aquellas se desarrollan y aplican. De hecho, en tiempos recientes se han elaborado algunos índices de censura digital[12], que agrupan a los países en diversas categorías: desde aquellos que no tienen injerencia alguna sobre los contenidos de Internet, a aquellos que prácticamente no permiten su uso.

1.2.2. SUPERPOTENCIAS CONTRA REDES. LAS GUERRAS DEL SIGLO XXI
En la primera década del nuevo milenio las modalidades de confrontación bélica de la Época Contemporánea comienzan a ser sustituidas por enfrentamientos que reflejan, de manera sorprendente, los rasgos de esa sociedad red que Manuel Castells estudia detalladamente en su obra más conocida[13]. Desde la consolidación de un sistema internacional basado en Estados soberanos hasta fines del siglo pasado, las guerras solían involucrar a dos o varias entidades político-territoriales (grandes potencias, metrópolis de imperios coloniales o países de escasa proyección); en algunos casos afectaban a una nación en particular, sumida en un conflicto civil. La guerra adoptaba diversas variantes operativas según el período considerado: campañas basadas en el uso masivo de la infantería y de la caballería (desde la Revolución Francesa hasta la Primera Guerra Mundial), campañas centradas en la utilización conjunta de la artillería motorizada y de la aviación (desde el período interbélico hasta la Primera Guerra de Irak) y campañas articuladas en torno al uso de bombardeos teledirigidos, artillería informatizada y comandos que emplean una compleja parafernalia tecnológica (Primera y Segunda Guerra de Irak y Guerra de Kosovo).

En cualquiera de estas variantes, debido a las características estructurales de los Estados nacionales (gobierno centralizado, ejército profesional, infraestructura ofensiva-defensiva con base territorial), resulta relativamente fácil delimitar en términos geográficos el escenario bélico, y en términos cronológicos, el inicio, la evolución y el desenlace del conflicto[14].

La llamada guerra contra el terrorismo, que se desata a partir del ataque de Al Qaeda contra las Torres Gemelas de la ciudad de Nueva York, el 11 de septiembre de 2001, desafía todos los criterios anteriores. Esta organización terrorista puede definirse como una red de grupos de milicias islámicas radicales que no se estructuran ni planifican sus acciones ni proceden de acuerdo a la lógica de una entidad territorial. Actúan como una entidad globalizada que recluta adherentes de todas partes del mundo, los entrena en ámbitos geográficos diversos y realiza sus ataques en distintos puntos del planeta. Utiliza para ello toda clase de redes: desde las más tradicionales hasta las más sofisticadas, incluyendo las de Internet. De hecho, tanto Al Qaeda como numerosos grupos que se inspiran en su modelo, crean (o utilizan) sitios web transitorios para difundir su propaganda. Se trata de sitios de corta vida, dado que rápidamente son clausurados, pero su propia existencia ilustra un fenómeno distintivo de los tiempos actuales. La aparición y eliminación de tales sitios supone un hecho histórico global, mientras que los propios sitios configuran fuentes de gran valor para el estudio del pasado y del presente de un conflicto que carece de continuidad espacial y temporal, ya que puede resurgir con violencia en cualquier lugar y en cualquier momento[15].


2. GLOBALIZACIÓN ECONÓMICA

Las tic revolucionan permanente las actividades de producción, circulación, distribución y consumo de bienes, al tiempo que posibilitan modalidades innovadoras de interacción económica. Utilizadas en gran escala por las corporaciones transnacionales, estimulan el desarrollo de un capitalismo "cultural"[16], "supersimbólico"[17] o "informacional"[18] que supera algunas viejas contradicciones, desatando otras nuevas. En una escala más reducida, la omnipresencia de un mercado virtual en el seno del ciberespacio altera las pautas de consumo e introduce el trabajo a distancia como práctica cotidiana.

2.1. LA INFRAESTRUCTURA DE UNA ECONOMÍA MUNDIAL

La conectividad —rasgo sustantivo de la globalización— tiene su base material en un conjunto de redes desplegadas a lo largo y ancho del mundo. Estas redes terrestres, subterráneas, marinas, subacuáticas, aéreas y espaciales, articulan toda clase de nodos y de enlaces que permiten el flujo de la energía, de los bienes materiales, de las personas y de sus símbolos. Algunas de estas redes ya eran globales a fines del siglo xix, pero en décadas recientes tiene lugar un triple proceso que las modifica en conjunto: el surgimiento de nuevas redes, la expansión de las anteriores hasta sus límites, y la imbricación profunda de todas ellas en los espacios locales[19]. En términos generales, puede afirmarse que a comienzos del nuevo siglo, la conectividad económica global reposa en tres clases de redes:

— Redes de distribución de suministros. La provisión de combustibles (a través de oleoductos y gasoductos), de electricidad (gracias a redes nacionales y regionales) y de agua (mediante el sistema de alcantarillados), responde a una infraestructura que comienza a implementarse a partir de la Segunda Revolución Industrial. Sin embargo, la profundización y complejización de estas redes y el grado de cobertura que logran en décadas recientes originan patrones de integración e interdependencia sobre las cuales las fuentes informáticas brindan un detallado testimonio. De hecho, la evolución de esas redes en todas sus escalas puede analizarse con detalle a partir de repertorios factográficos disponibles en Internet.

— Redes de transporte. La circulación de los hombres, de los bienes materiales que fabrican, de las especies vegetales y animales que transportan en sus viajes (y de los gérmenes que habitan en sus organismos), configura una de las formas más tempranas del intercambio entre las comunidades históricas. Durante milenios esa modalidad estuvo restringida a una porción insignificante de la humanidad. En el presente, cientos de millones de individuos transitan por estaciones de ferrocarriles y de autobuses, por terminales portuarias o por aeropuertos. Lo mismo ocurre con las mercancías que circulan gracias al comercio internacional. Por lo tanto, el estudio histórico del despliegue de estas redes (y particularmente, de sus nodos) revela el grado de globalización que alcanzan determinadas unidades de análisis (países, provincias, municipios, ciudades). La medición del tráfico que circula por cada nodo y de las conexiones que lo vinculan con otros, constituye una pauta cierta para ponderar la intensidad con la que la globalización se manifiesta en un nodo específico. Para ello existen diversas bases de datos que aportan insumos estadísticos sistemáticos (de puertos, aeropuertos, estaciones centrales, etc.) y que favorecen un seguimiento riguroso de estos cambios en el largo plazo[20].

— Redes de telecomunicaciones. La comunicación a distancia es la base de toda acción que intente proyectarse globalmente. Por eso, son los imperios del mundo antiguo los primeros en desarrollar un sistema postal que transmite con eficiencia las órdenes de los monarcas a los funcionarios militares y civiles de las más alejadas provincias. En el siglo xix nace el primer sistema postal internacional que comunica no sólo a los poderosos y a los privilegiados, sino también a buena parte de los ciudadanos comunes. También en ese siglo se extiende por el planeta una red telegráfica capaz de anular las distancias y permitir el flujo casi instantáneo de mensajes. El surgimiento y expansión de las redes telefónicas, radiales y televisivas durante el siglo xx, democratizan y masifican las comunicaciones, pero las restringen durante décadas a una escala nacional. En el último tercio del siglo pasado, las redes satelitales comienzan a ampliar la escala de los flujos comunicacionales. La aparición de Internet revoluciona el sistema en su conjunto, ya que habilita la recepción instantánea de todas las clases de mensajes que se difundían en las redes anteriores. A su vez, la telefonía celular que incorpora la conexión telemática como un rasgo distintivo, favorece una conectividad que puede calificarse de desterritorializada (como la de Internet), móvil y portátil. La historia de estos cambios en la infraestructura material de la sociedad de la información requiere de fuentes que la heurística digital aporta de manera masiva e inmediata.

2.2. LA TRANSNACIONALIZACIÓN Y LAS CORPORACIONES

Si bien las compañías mercantiles que actúan más allá de las fronteras estatales existen desde el siglo xvii, el nacimiento de corporaciones transnacionales vinculadas no sólo con el comercio sino con actividades extractivas, agropecuarias, manufactureras y de servicios, obedece a procesos que se desatan a partir de la Segunda Revolución Industrial. Luego del colapso del bloque soviético y del socialismo real, y con el auge —en la década del noventa del pasado siglo— de reformas de corte neoliberal, las compañías transnacionales adquieren una gravitación y una visibilidad inéditas. Su presencia en el ciberespacio genera un universo heurístico digital en expansión que permite indagar las trayectorias históricas de estas corporaciones, sus innovaciones tecnológicas, sus transformaciones organizativas, y la compleja trama de su proyección en el ámbito regional y mundial. A partir de diversos repertorios que sistematizan información estadística, es posible identificar una geografía histórica de estos agentes económicos, cuyo poder decisorio supera ampliamente el de muchos Estados. En las últimas décadas, al elenco clásico de las transnacionales se integran cuatro clases de actores que dan cuenta de las tendencias más recientes: las compañías productoras de insumos informáticos (como Microsoft o Apple), las que ofrecen servicios telemáticos (como Google o Yahoo), las que se vinculan a los medios masivos de comunicación (como Time Warner) y las que comercian con toda clase de productos culturales (como Amazon). Todas ellas hacen un uso particularmente intensivo de la red y expresan los rasgos más característicos del capitalismo informacional[21].

La expansión de estas corporaciones a lo largo y ancho del planeta introduce notorios efectos en los ámbitos locales y nacionales. Fred Scholz elabora una teoría sobre el "desarrollo fragmentando", en alusión a la segmentación que los procesos globalizantes desatan en las economías, y que afectan tanto a los Estados, sus provincias y sus ciudades. Según Scholz, a partir de un verdadero "modelo de fragmentación global" nacen centros de dirección de proyección mundial, que se presentan como "lugares" globales o "islas de riqueza". Los "lugares" globales más representativos serían: las casas matrices de las corporaciones transnacionales y de principales las instituciones financieras; los centros de producción y de innovación tecnológica; y las zonas industriales clásicas, verdaderas sobrevivientes del fordismo, dedicadas ahora a la producción de bienes de la más alta calidad para determinados segmentos de un mercado de alto poder adquisitivo. En contraposición a estos archipiélagos de riqueza, el autor presenta en toda su dispersión y fragmentación a la "nueva periferia", a la que también denomina "mar de la miseria", "océano de la pobreza" o "nuevo Sur"[22].

Janet Abu Lughod propone una serie de indicadores para definir, en términos operativos, la incidencia del capital transnacional en la escala local, y para determinar el grado de globalización de una unidad territorial específica. Identifica cinco indicadores básicos:

— El volumen del comercio exterior y del tráfico portuario y aéreo. Estos tres factores deberían tomarse en conjunto, y en períodos de larga duración.

— La localización de las casas matrices de compañías transnacionales. Puede tomarse como referencia el listado de las quinientas firmas más relevantes, y determinar qué porcentaje de ellas tiene su sede en un conglomerado urbano en particular. El grado de centralización varía según sea el sector y la actividad económica que se considere, razón por la cual el dato anterior debe analizarse con precaución.

— El predominio, entre las empresas locales, de aquellas que ofrecen servicios a las grandes corporaciones. Tal fenómeno evidencia el grado de imbricación del capital transnacional en la economía de un lugar específico.

— La presencia de mercados internacionales. El volumen de las transacciones bursátiles se convierte en un indicador de integración global, pues pone de manifiesto la incidencia de una ciudad o de una región concreta dentro del mercado mundial de valores.

— La inversión trasnacional directa. Sin lugar a dudas, la capacidad de atraer al capital extranjero revela en qué medida una unidad territorial se considera un centro confiable que garantice suculentas ganancias a las principales corporaciones mundiales[23].

2.3. EL CIBERESPACIO COMO MERCADO

Si Internet se transforma, de manera paulatina, en el ámbito global en el que todos los actores históricos pueden tener una presencia virtual, el mercado, en cuanto expresión primordial de interacción económica, no puede estar ausente. En los hechos, Internet tiende a desarrollar un mercado planetario en el que confluyen compradores y vendedores de todos los rincones del mundo. Cuatro tendencias pautan este proceso:

a) La generalización de las transacciones financieras telemáticas. Como resultado de la informatización de las instituciones bancarias y de la creditización de la economía, una porción creciente de los pagos que los ciudadanos realizan cotidianamente se realizan con tarjetas de crédito y de débito. Gracias a esta clase de transacciones telemáticas, los agentes económicos producen registros electrónicos de sus operaciones, que las compañías almacenan. Nace, así, una clase de fuentes digitales (de circulación restringida y de acceso privado) que se revela sumamente útil para el seguimiento de los hábitos de consumo, de ahorro y de planificación de gastos, en una escala microeconómica. Sin embargo, por tratarse (en muchos casos) de documentación empresarial, su consulta por parte del historiador se dificulta notoriamente.

b) El desarrollo del comercio electrónico nacional e internacional. Un porcentaje de las transacciones anteriormente referidas se destinan a la adquisición de bienes ofertados por Internet. Ya sea a nivel local o global, la compra de bienes en el ciberespacio amplia las posibilidades de productores, comerciantes y consumidores, puesto que debilitan las restricciones que la geografía imponen, promoviendo un mercado virtual mundial que progresivamente substituye al tradicional. El análisis de su historia requiere, de manera eludible, la consulta de fuentes telemáticas.

c) La expansión del teletrabajo. A través de sitios Web, no sólo se ofertan productos sino servicios. Por ello, se incrementa de manera vertiginosa el número de técnicos y de profesionales que realizan trabajos encomendados por clientes residentes en cualquier punto del planeta. Las diferencias entre los niveles salariales que existen entre los países permiten que el teletrabajo se expanda como modalidad entre las naciones periféricas, las cuales buscan captar una parte de la demanda de las economías centrales. Asimismo, algunos profesionales de estas últimas pueden residir en países cuyo costo de vida resulta inferior, y percibir sus ingresos en las sociedades de las que proceden. En cualquier caso, el peso del teletrabajo en el pib de un Estado cualquiera, y el porcentaje de los trabajadores que perciben parte de sus ingresos gracias a él, configura un indicador incuestionable de globalización económica[24].

d) El crecimiento de las empresas ".com". El teletrabajo y la oficina virtual como innovación operativa alienta en la década del noventa el nacimiento de empresas que prácticamente carecen de una infraestructura física tradicional, o que la limitan a las actividades imprescindibles. Empresas unipersonales así como pequeñas y medianas compañías florecen gracias a estas prácticas. Inclusive, grandes empresas (algunas de ellas trasnacionales) reducen significativamente sus costos y mejoran su logística gracias a la telematización de sus actividades. Insumos heurísticos que ejemplifican y permiten analizar estas tendencias abundan en los propios sitios web de los actores referidos.


3. GLOBALIZACIÓN SOCIAL

En el plano de las estructuras y de las dinámicas sociales, las interdependencias asociadas a la globalización se manifiestan, al menos, en dos aspectos básicos. El primero involucra a la movilidad horizontal y puede definirse como la aparición de nuevas corrientes migratorias (las de las élites globalizadas) y de las nuevas formas del turismo (las de los jóvenes y adultos profesionales que deciden recorrer el mundo, provistos de sus celulares, sus netbooks y sus tarjetas de créditos). El segundo aspecto consiste en los cambios que experimentan los viejos modelos de asociación trasnacional, que coexisten con formas desterritorializadas de sociabilidad, desconocidas hasta tiempos recientes.

3.1. LA MOVILIDAD HORIZONTAL

En la actualidad, el porcentaje extranjeros que habita un país cualquiera o que lo visita con fines turísticos constituye un indicador relevante de globalización. Otro indicador no menos significativo se asocia con la capacidad de un Estado para atraer a una clase específica de residentes (los profesionales altamente calificados) y de turistas (los de alto poder adquisitivo). El historiador de fenómenos de esta clase no puede acudir a las fuentes tradicionales que resultan útiles para investigar las viejas migraciones masivas. Estas últimas, que todavía subsisten y de hecho intensifican su flujo desde los países periféricos a las economías centrales, suelen dar origen asociaciones que defienden los intereses de sus integrantes y promueven vínculos solidarios basados en la oriundez. El carácter institucional de la documentación de tales asociaciones favorece su conservación en archivos institucionales. En contraste, las comunidades de expatriados que proceden de sociedades con elevada renta per cápita presentan características distintas. Las organizaciones con estructuras formales, con autoridades definidas y con funciones claramente asignadas, son substituidas por redes sociales, de límites absolutamente laxos y con una dinámica que refleja el pragmatismo del nómade posmoderno. En lugar de las fichas de socios de las entidades tradicionales, el investigador actual dispone de los perfiles personales de expatriados que se suman a redes como Facebook, entre otras[25]. En vez de libros de actas y libros copiadores de correspondencia de consejos directivos, el historiador debe consultar las listas de discusiones de los foros de residente extranjeros que se corresponden con un origen nacional o regional específico[26].

3.2. LA SOCIEDAD CIVIL MUNDIAL

En el transcurso de las últimas dos décadas, la universalización progresiva de las redes telemáticas propicia la incorporación de patrones novedosos de relacionamiento social en el seno de grupos preexistentes, y la génesis de modalidades asociativas propias del siglo que comienza. Desde las organizaciones que funcionan más allá de las fronteras geográfico-políticas a las redes basadas en vínculos personales e intransferibles, todas las manifestaciones de la interacción social resultan afectadas por el impacto de las tic. Lo mismo ocurre con los registros heurísticos que generan.

3.2.1. LOS ACTORES SOCIALES TRANSNACIONALES
Es bien sabido que las creencias religiosas no se rigen, necesariamente, por fronteras, y dado que instituyen una comunidad de sentido primordial, sientan las bases para agrupamientos humanos con vocación universal. Las comunidades de fe de carácter salvacional (más allá de las estructuras organizativas que adopten) tienen como destinatario de su mensaje a la humanidad en su conjunto, y tradicionalmente se desempeñan con autonomía relativa (según las circunstancias y contextos) de la geografía política de los Estados nacionales. La posibilidad de entablar un contacto diario y permanente entre creyentes —a través de los sitios web institucionales— incorpora una forma de interacción que no sólo se integra a las más prácticas religiosas clásicas, sino que en algunas ocasiones resulta útil para reafirmarlas[27]. En el caso de las comunidades de más reciente constitución, el uso de los medios telemáticos constituye, en algunas ocasiones, un factor compensatorio de la carencia de una sólida infraestructura organizativa, que sólo se obtiene con el transcurso del tiempo y de las generaciones. La convocatoria por correo electrónico a los servicios religiosos semanales, la video-transmisión de estos últimos, la difusión de toda clases de documentos oficiales de la Iglesia o del grupo religioso en cuestión, la publicación de sus textos sagrados en diferentes lenguas o la edición de calendarios litúrgicos digitales demuestran que se abren nuevas puertas heurísticas para el estudio histórico de formas inéditas de comunicar nuevos y viejos mensajes de salvación.

Las organizaciones que tienen como destinatario de sus acciones a la humanidad en su conjunto no se limitan a las comunidades de fe. Inspiradas en valores netamente seculares, existen entidades que promueven la dignidad del hombre más allá de fronteras, y que en tiempos recientes alcanzan un notorio protagonismo. Entre ellas figuran organizaciones no gubernamentales que se preocupan por la defensa de los derechos humanos o que asisten a países o regiones necesitados de auxilio alimenticio o médico, o que se interesan no sólo por el hombre, sino también por el medio en el que vive, luchando por la preservación ambiental ante ciertos procesos de degradación y destrucción del mundo natural[28]. Se trata de instituciones que configuran la expresión más típica de la sociedad civil internacional en la 'era de la información', puesto que canalizan las preocupaciones y las demandas de los grupos que reaccionan frente a los desequilibrios e injusticias de la globalización. Además, gracias a los nuevos medios tecnocomunicacionales, tienen una capacidad de incidencia y de gravitación que supera ampliamente la magnitud de sus recursos materiales y humanos[29]. Ya sea para reclutar integrantes, recaudar fondos, organizar campañas o concienciar a la opinión pública, las redes telemáticas brindan un auxilio sin igual a estas organizaciones y generan diariamente un sinnúmero de insumos electrónicos que resultarán de gran interés para el historiador del futuro (y también del presente).

No siempre las entidades que forman parte de la sociedad civil internacional persiguen una vocación universalista en sus propósitos. Algunas representan las aspiraciones e intereses de grupos específicos. Dentro de este universo asociativo, los factores aglutinantes suelen ser de lo más variados: el idioma, la etnia, la profesión u ocupación, el género, la orientación sexual, las capacidades diferenciales, etc.[30]. La organización a escala mundial de estos grupos sociales cuyas problemáticas, desafíos y demandas no responden necesariamente a una adscripción territorial y traspasan (con frecuencia) los límites entre las clases sociales, presenta una trayectoria variada, que no nace del más inmediato presente, sino que se despliega (en muchos casos) a lo largo del siglo xx[31]. Sin embargo, las redes telemáticas actuales ejercen un efecto catalítico en la institucionalización internacional de tales colectivos, en la coordinación de sus esfuerzos, en la definición de sus programas de acción global y en la concienciación de sus integrantes. En aquellas entidades de conformación más reciente, las redes poseen un influjo dinamizador: sujetos que comparten una condición minorita y que se encuentran relativamente aislados en sus respectivas sociedades, encuentran la oportunidad de congregarse en el mundo virtual y de encontrarse luego en el mundo real. Una vez congregados y reunidos, militan en el medio local fundando asociaciones civiles, aúnan fuerzas en el medio regional asistiendo a congresos y encuentros, y se posicionan conjuntamente en el medio global, definiendo líneas de acción de largo plazo. Estas historias recientes que combinan aglutinamiento y congregación en el ciberespacio, organización efectiva en los foros sociales y presencia manifiesta en las plazas públicas, carecen, por lo general, de fuentes archivísticas clásicas o de textos impresos, y el investigador debe acudir a repositorios electrónicos, cuya fragilidad y asistematicidad (en algunos casos) supone un verdadero desafío técnico-metodológico.

3.2.2. LAS REDES SOCIALES
Las comunidades de fe con proyección planetaria, las asociaciones civiles y organizaciones no gubernamentales de carácter internacional existían antes de que los procesos de globalización confluyeran y eclosionaran en la década del noventa del siglo pasado. Sin embargo, las redes sociales, en particular las que operan en Internet, constituyen un fenómeno inédito característico de principios del nuevo siglo. Ya no se trata de grupos que se integran a partir de un atributo diferenciador básico (el idioma, la etnia, la profesión, el género, la orientación sexual, etc.), o que se estructuran formalmente en asociaciones destinadas al cumplimiento de un programa tendiente a la transformación de una realidad determinada. Por el contrario, esas redes congregan a individuos que se relacionan entre sí a partir de un especto muy amplio de afinidades estrictamente personales. El entramado de relaciones resulta dinámico, cambiante, carente de límites precisos, porque cada sujeto crea su propia red, al tiempo que voluntariamente decide incorporarse o desligarse de las que otros crean. De este modo, sujetos que no viven en el mismo espacio geográfico-cultural, que no siempre hablan la misma lengua, y que en muchos casos ni siquiera se conocen personalmente, comienzan a interactuar de forma cotidiana, a través de mensajes de textos y de sistemas de comunicación audiovisual. Como resultado, las cotidianeidades personales de individuos cuyas existencias transcurren, a veces, en continentes diferentes, confluyen en combinaciones basadas en afinidades circunstanciales, cuya variedad desafía cualquier clasificación exhaustiva. Hasta tiempos relativamente recientes, la comunicación cotidiana entre personas que habitan países distintos era una práctica restringida a políticos, empresarios o científicos cuyas actividades demandaban esa clase de vínculo. En la actualidad cientos de millones de personas del planeta interactúan a través de todo tipo de medios, desdibujando múltiples fronteras: políticas, lingüísticas, religiosas, económicas, etc. La conectividad global no sólo vincula grupos, estructuras, instituciones, sino que comunica a personas cuyos círculos de sociabilidad ya no operan, necesariamente de acuerdo a parámetros territoriales[32]. La relativa novedad de este fenómeno (las primeras redes surgen el 2001, y Facebook hace su aparición 2004) no atenúan su impacto mundial en el campo social[33]. Por el contrario, urge al historiador a considerar nuevas clases de fuentes que se revelan como una cantera excepcional de información para el estudio de las modalidades de relacionamiento personal que no involucran la presencia física.

En el paroxismo de estas tendencias (que revolucionan diariamente el campo heurístico y que demandan una permanente actualización de los métodos de análisis de las fuentes históricas) nace Second Life en 2003[34]. Se trata de un mundo virtual en el que sus residentes pueden establecer relaciones sociales, participar en diversas actividades tanto individuales como grupales y comerciar propiedades virtuales y servicios entre ellos. A través de una plataforma informática específica, crean objetos e intercambian productos virtuales en un mercado abierto. Los usuarios pueden modificar casi cualquier aspecto de su apariencia virtual y del entorno físico que crean. Second Life también tiene una agitada vida cultural, por lo que es habitual encontrar exposiciones y asistir a conciertos. Tampoco está ausente la vida política, ya que sus residentes se organizan en partidos y realizan elecciones. La popularidad de Second Life ha llegado a las compañías transnacionales que han adquirido una segunda presencia en el mundo virtual. Lo mismo ocurre con algunos Estados (que ya tienen embajadas abiertas), con ciertas iglesias cristianas y organizaciones musulmanes y con instituciones educativas[35]. La magnitud de un fenómeno como Second Life —y la necesidad de documentarlo— advierte al historiador de lo social, que nuevas posibilidades se abren en su campo de estudio con velocidad vertiginosa y que debe familiarizarse con las especificidades heurísticas (cada vez más complejas) de los registros que testimonian tales cambios.


4. GLOBALIZACIÓN CULTURAL

Si el hombre (como sostienen algunas corrientes de la antropología filosófica) se caracteriza por ser un animal simbólico, los tiempos actuales le permiten explorar ese potencial en todas sus dimensiones, mediante la creación de ámbitos virtuales de escala planetaria en los que coexisten lo más variados universos simbólicos. Internet, en cuanto red de redes, modifica las pautas de creación, distribución y apropiación del patrimonio artístico y científico de la humanidad. Asimismo, genera nuevas tipologías de productos simbólicos, que diluyen las fronteras entre los países, entre los géneros culturales y entre los medios para transmitir significados. A pesar de que en ciertos aspectos reproduce las asimetrías del orden mundial, en términos generales atenúa las relaciones entre centros que innovan y periferias que reproducen y adaptan: hoy en día las culturas locales no constituyen un mero reflejo de los modelos que intentan imponerse desde las metrópolis globalizadas. Finalmente, los contenidos que Internet divulga y las formas de interacción que propicia modifican a ritmo acelerado las conductas y los hábitos de la vida cotidiana de cientos de millones de personas[36].

4.1. LA RED MUNDIAL Y SU OPERATIVA. PRODUCCIÓN, CIRCULACIÓN Y CONSUMO DE LOS BIENES SIMBÓLICOS

En el transcurso de dos décadas, la universalización del acceso a Internet ha incidido de manera notoria en las condiciones de producción de bienes de cultura, particularmente si éstos adoptan una configuración digital. Tres factores contribuyen a ello: la edición electrónica de cualquier producto (texto, imagen, audio, video, etc.) tiene costos sustancialmente menores a cualquier alternativa tradicional; la conectividad telemática permite su difusión al instante a un universo de destinatarios que no conoce barreras geográficas; y la reproducción casi instantánea de tales productos por parte de sus usuarios o consumidores, y su almacenamiento en sus respectivos archivos personales, supone una ventaja logística notable si se lo compara con las variantes clásicas de acceso a los bienes de cultura. Como resultado de estos tres factores, la creación de toda clase de productos simbólicos se ha democratizado en una magnitud y en una escala desconocidas hasta el presente. Resulta frecuente en la actualidad que no sólo instituciones sino individuos tengan su propio sitio web desde el que difunden materiales y documentos que involucran a las ciencias, a las artes, a la literatura, pero también a experiencias y vivencias personales. A principios del siglo xxi, una porción significativa de la humanidad se ha convertido en generadora cotidiana de signos y de símbolos que se proyectan al mundo. La calidad y la relevancia de lo que se produce resultan altamente heterogéneas, pero en cualquier caso, se trata de registros ineludibles para el estudio histórico de las culturas de élites y de las populares[37].

La distribución de bienes simbólicos también sufre transformaciones como resultado de la universalización de las redes telemáticas. La digitalización progresiva del acervo de las principales bibliotecas del mundo, del patrimonio documental de las antiguas civilizaciones (y de algunas potencias modernas, aunque de modo altamente selectivo), puede considerarse un fenómeno radical por sus consecuencias en el mediano y en el largo plazo. Posiblemente, a mediados del siglo en curso, una parte sustancial de todas las manifestaciones intelectuales, creativas e imaginativas de los hombres de todos los tiempos se canalicen a través de Internet. Proyectos como los de Google Books[38] o los de Internet Archive[39] para producir versiones electrónicas del conjunto de las obras de dominio público que existen anticipan ese futuro.

De una relevancia comparable la divulgación masiva, resulta el acceso gratuito e irrestricto a ciertos medios de información (prensa escrita, oral y audiovisual), a los principales centros de documentación, a los directorios y a las bases de datos de publicaciones científicas, a la literatura académica que se edita en revistas, a los boletines de estadísticas oficiales de los gobiernos, etc. En síntesis, el ciudadano corriente tiene la posibilidad (sólo la posibilidad) de formar su opinión a partir de fuentes y de medios que expresan una pluralidad inédita en la historia humana. A su vez, los intelectuales, científicos y artistas disponen de instrumentos de información y de inspiración que utilizados con destreza y sentido crítico, atenúan las asimetrías tradicionales entre las élites creadoras pertenecientes a instituciones emplazadas en los grandes centros mundiales, y las mayorías que, desde la periferia, emulan o adaptan los modelos que reciben.

4.2. LA RED MUNDIAL Y SUS CONTENIDOS. LA CIBERCULTURA

Así como las tabletas de arcilla, el papiro, el pergamino y el papel pautaron (junto a otros soportes) los modos de almacenar información en diferentes períodos históricos durante los últimos seis mil años, en las décadas finales del siglo xx la aparición de los soportes electromagnéticos y de los formato digitales, condicionan, de modo creciente, las formas de consignar, organizar y comunicar las experiencias históricas, y permiten que se digitalicen todas las variantes conocidas de fuentes. Como resultado de ello, la documentación electrónica —en sus diversas tipologías— se impone tanto en el ámbito estatal como en el societal, en la vida pública y en la vida privada, obligando al investigador a incorporar prácticas heurísticas novedosas[40].

Otro aspecto relevante que debe considerar cualquier historiador de la cultura del tiempo actual radica en las formas que asume la información. A diferencia de las primeras comunidades humanas (basadas en la oralidad) o de las civilizaciones agrarias e industriales (fundadas en la palabra escrita), las sociedades de la información suman a los medios anteriores modalidades comunicativas netamente audiovisuales. No se limitan estas últimas a las producciones cinematográficas o televisivas, sino que impregnan la vida cotidiana de las nuevas generaciones históricas, que utilizan videocámaras digitales para documentar desde las experiencias más personales a las rutinas más tediosas de su quehacer social. Una última tendencia que se fortalece en el principio de este nuevo milenio consiste en la superación de los límites entre medios y formatos, a través de la aparición de documentos que integran textos y registros orales, representaciones gráficas y secuencias audiovisuales en un único cuerpo[41]. Indudablemente, esta tendencia en el campo heurístico instaura una problemática específica para el investigador actual. La multiplicación de fuentes y de repertorios que obedecen a soportes y formatos inéditos, afecta, necesariamente, las actividades tradicionales de relevamiento y compulsa heurística. Los insumos para el estudio del pasado ya no sólo se encuentran en las bibliotecas, archivos y museos, sino que se hallan disponibles en redes telemáticas y en repositorios virtuales.

4.3. LA RED MUNDIAL Y SU GRAVITACIÓN. TRANSFORMACIONES DE LA VIDA COTIDIANA

La existencia de un ciberespacio que comunica al planeta desata transformaciones culturales en los hábitos cotidianos, en una magnitud que el historiador no puede ignorar. La vida diaria del hombre del nuevo siglo se encuentra inmersa en rutinas que requieren del uso de Internet, ya sea por razones laborales, familiares, recreativas o lúdicas. Niños, jóvenes y adultos (en diferente grado y en condiciones distintas) se convierten en usuarios de contenidos multimediáticos que circulan mundialmente por la red, y en productores ocasionales o permanentes de algunos de ellos. De este modo, una porción variable de la jornada de cientos de millones de seres humanos discurre en un espacio virtual de interacciones, que trascienden las fronteras geográfico-políticas. De esta presencia virtual, resulta un efecto característico de estos tiempos: "[...] uno nunca está necesariamente donde está, ni deja de estar donde no está". La posibilidad de que un individuo incida en la cotidianeidad de otros que residen en otros países y continentes, a los que le unen vínculos ocasionales o permanentes, supone un avance sustancial en la universalización del acontecer histórico, que el investigador debe considerar en todas sus implicancias. Esta presencia en el ciberespacio produce un sinnúmero de registros heurísticos diferenciales: la correspondencia cotidiana, las actualizaciones de los blogs personales, las participaciones en los foros de discusión, las transacciones económicas (desde la compra de un producto hasta el pago de impuestos) y las transacciones administrativas (desde el envío de un formulario de inscripción hasta el inicio de un expediente electrónico).

El carácter multimediático de los contenidos que circulan por la red (y la gravitación creciente de los componentes audiovisuales dentro de estos últimos) pauta cambios en el modo como los sujetos vivencian, comprenden, se comunican y actúan. Desde cualquier punto de conexión a la red, el ciudadano actual puede acceder a miles de periódicos con artículos interactivos, a radios que ofrecen la posibilidad de descargar sus programas, a redes de canales televisivos que transmiten desde todos rincones del mundo habitado, a cinematecas que permiten visualizar o reproducir películas de todos los tiempos y a museos que ofrecen recorridos virtuales por algunas de sus colecciones. La consolidación de una cultura digital, en la que tiende a predominar el componente audiovisual, incide en la construcción intersubjetiva de realidad, ya que afecta las formas como los actores organizan sus percepciones, conceptualizan el mundo circundante y transmiten sus experiencias. El retroceso de cultura escrita tradicional y el nacimiento del homo videns (término que acuña Giovanni Sartori[42]) definen tendencias cuyos efectos de largo plazo resultan objeto de debate, pero que ningún historiador de la cultura puede soslayar.

La conformación de esta suerte de "civilización audiovisual" modifica los patrones de aprendizaje, de comunicación y de interacción sociocultural, pero también gravita en los hábitos recreativos y lúdicos. Actualmente, los videojuegos ejercen un peso específico en la capacidad de niños y adolescentes para entretenerse, para desarrollar habilidades psicomotrices y para relacionarse con sus coetáneos. Según algunos autores, se trata de prácticas que tienen la virtud de incentivar una adaptación temprana a las nuevas realidades, mientras que para otros, simplemente producen un efecto alienante, dado que propician la evasión de los problemas y de las obligaciones diarias, e inhiben o dificultan el acceso a bienes de cultura que estimulan el pensamiento abstracto (en vez de potenciar la gratificación sensorial inmediata)[43]. Esta discusión se extiende a buena parte de los entretenimientos audiovisuales que ofrece Internet, que en opinión de algunos estimulan el desarrollo de seres humanos indolentes y dóciles, con dificultades para expresarse a través de la escritura y para incursionar en la cultura de los textos impresos[44]. La existencia misma de esta clase de polémicas alerta al historiador sobre la relevancia de los cambios que se están procesando y sobre la necesidad de identificar, clasificar y estimular la preservación de las fuentes (variadas y heterogéneas) que permiten su abordaje.


CONCLUSIONES

De los ejemplos referidos como transformaciones históricas que la globalización introduce en el mundo actual, surgen algunas conclusiones que atañen y comprometen a la heurística digital:

— En la medida en que los cambios políticos, económicos, sociales y culturales de carácter global se presentan como fenómenos históricos con especificad propia, las fuentes y los repositorios tradicionales o son insuficientes para su estudio o no son útiles, o directamente no existen. Los cambios referidos suelen engendrar registros de soporte electrónico, con formatos y contenidos distintos los que prevalecían hasta hace unas décadas entre los materiales que habitualmente consultaban los estudiosos del pasado.

— Los documentos digitales necesarios para indagar ciertos procesos de globalización no son sólo insumos de investigación, sino que en algunas ocasiones constituyen el objeto de análisis cuya existencia discurre en el ciberespacio. De este modo, el fenómeno que se indaga y la fuente que lo refiere conforman una unidad indisoluble.

— La pluralidad y la complejidad de transformaciones que desata la globalización tiene como resultado la proliferación de tipologías documentales. Su relevamiento y utilización requieren de criterios técnico-metodológicos propios, muy diferentes a los que se brindan en los cursos propedéuticos de la investigación histórica más clásica.

— El nuevo universo heurístico emergente resulta no sólo más voluminoso, diverso y complejo que los tradicionales, sino también más elusivo y frágil. La conservación de las piezas que lo integran plantea un desafío cuyas implicancias recién comienzan a vislumbrarse.

En el presente existen 150 mil millones de sitios web registrados y almacenados en archivos telemáticos[45]. Una parte considerable de la historia de la globalización radica en ellos, y dicha historia puede y debe investigarse a partir de ellos. No se trata de un corpus documental cerrado, sino altamente dinámico, que crece segundo a segundo y se diversifica con igual intensidad, como acontece con los mismos procesos que motivan su existencia. Dar respuesta al desafío metodológico que supone su abordaje (a partir de criterios de selectividad, jerarquización y sistematización), se presenta como una de las tareas insoslayables de la heurística histórica en los albores de este nuevo siglo.


BIBLIOGRAFÍA

RECURSOS DIGITALES

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[**]Licenciado en Ciencias Históricas (Orientación Historiología) por la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad de la República (Montevideo, Uruguay). Estudiante del Doctorado en Historia de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires (Argentina). Profesor Agregado (Grado 4) del Departamento de Historiología de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación en la Universidad de la República (Montevideo, Uruguay). Sus últimas publicaciones son: comp., El tiempo presente como campo historiográfico. Ensayos teóricos y estudios de casos (Montevideo: Ediciones Cruz del Sur, 2010); La Historiografía en el amanecer de la cultura digital. Innovaciones metodológicas, discursivas e institucionales (Montevideo: Ediciones Cruz del Sur, 2010), y Ciencias Auxiliares de la Historia. Guía crítica de recursos electrónicos (Montevideo: Maat Ediciones, 2010). jabresciano@fhuce.edu.uy«« Volver

[*] Este artículo es resultado del proyecto que el autor desarrolla en el ejercicio de su Dedicación Total, y que se titula: El análisis histórico-documentaly los recursos informáticos. Es financiado por el Régimen de Dedicación Total, que la Universidad de la República (Montevideo, Uruguay) concede a sus docentes en razón de su trayectoria académica y del plan de actividades de investigación y de enseñanza que presenta.«« Volver

[1]. Véase J. R. McNeill y William McNeill, Las redes humanas. Una Historia global del mundo (Barcelona: Critica, 2004).«« Volver

[2]. Véase Samír Amín, El capitalismo en la era de la globalización (Barcelona: Paídós, 1999).«« Volver

[3]. Véase Richard Sennet, La cultura del nuevo capitalismo (Barcelona: Anagrama, 2006), capítulo 3.«« Volver

[4]. Véase Manuel Castells, La Era de la información. Economía, sociedad y cultura (Madrid: Alianza, 1998), vol. i, capítulo 2.«« Volver

[5]. un Statistics Division, Statistical Databases, http://unstats.un.org/unsd/default.htm (consultado el 5 de diciembre de 2010).«« Volver

[6]. Court Pénal Internationale. International Criminal Court. http://www.icc-cpi.int (consultado el 5 de diciembre de 2010).«« Volver

[7]. Manuel Castells, La Era de la información, vol. in, capítulo 5.«« Volver

[8]. Véase Europa. The Official Website of the European Union. http://europa.eu/(consultado el 5 de diciembre de 2010). ünasür. Sitio Oficial de la Unión de Naciones Suramericanas. http://www.pptunasur.com/(consultado el 5 de diciembre de 2010).«« Volver

[9]. La expresión gobierno electrónico no ha sido acuñada por ningún autor en particular, a pesar de que figura en numerosas publicaciones académicas. Su uso se ha generalizado en los últimos quince años en el ámbito político, administrativo y jurídico, mientras que su implementación ha motivado la firma de diversos acuerdos internacionales. En el artículo se mencionan dos acuerdos en particular: la Carta Iberoamericana de Gobierno Electrónico (2007) y la Declaración de Lisboa sobre el Gobierno Electrónico (2007).«« Volver

[10]. Portal del Estado Uruguayo. www.uruguay.gub.uy/ (consultado el 5 de diciembre de 2010).«« Volver

[11]. En Estados Unidos, el National Security Archive (nsa), un centro de investigación que opera en la Universidad George Washington, tiene como cometido divulgar materiales de archivos estatales, luego de solicitar su desclasificación a las autoridades. Concedida esta última, el nsa difunde los documentos obtenidos, ya sea mediante ediciones tradicionales o electrónicas, tarea en la cual su portal de Internet cumple un papel no menor. Sin embargo, existen otras modalidades mucho más innovadoras que no aceptan los límites impuestos por los gobiernos. Algunos equipos de periodistas obtienen reproducciones de materiales clasificados, a través de toda clase de filtraciones del aparato estatal. Posteriormente organizan y clasifican esta documentación comprometedora y las comunican a la ciudadanía mundial desde sus sitios Web. Wikileaks constituye un ejemplo paradigmático de ello. Su edición de fuentes archivísticas secretas sobre las guerras de Afganistán e Iraq, así como de papelería clasificada y reservada de la diplomacia estadounidense, ponen de manifiesta la vulnerabilidad de las superpotencias en la sociedad de la información.«« Volver

[12]. Index on Censorship. http://www.indexoncensorship.org/(consultado el 5 de diciembre de 2010).

[13]. Manuel Castells, La Era de la información, vol. i, 505-514.«« Volver

[14]. Véase Alvin Toffler y Heidi Toffler, Las guerras del futuro (Barcelona: Plaza & Janés, 1995), capítulos v a xv.«« Volver

[15]. Otros grupos que la polarización político-ideológica reciente tiende a identificar con el terrorismo (guerrillas de minorías nacionales que buscan la independencia, guerrillas que desean instaurar un nuevo régimen social en sus países, guerrillas que aspiran a imponer una teocracia rigurosa, etc.), adoptan estrategias parecidas, particularmente en lo que refiere a la divulgación internacional de sus programas y de sus acciones ofensivas. Protegidas algunas por Estados rivales del país en el que operan, pueden mantener sus sitios web operativos en determinadas naciones que simpatizan con su causa o que simplemente son indiferentes ante ella. En cualquier caso, su incursión en el ciberespacio —ocasión, intermitente o estable— genera toda clase de huellas heurísticas.«« Volver

[16]. Véase Jeremy Rikfin, La era del acceso. La revolución de la nueva economía (Barcelona: Paidós, 2000), capítulo 8.«« Volver

[17]. Alfin Toffler, El cambio de poder. Conocimientos, bienestar y violencia en el umbral del siglo xxi (Barcelona: Plaza & Janés, 1991), capítulos III a VIII.«« Volver

[18]. Manuel Castells, La Era de la información. Economía, vol. i, capítulo 2.«« Volver

[19]. Manuel Castells, Comunicación y poder (Madrid: Alianza, 2009), capítulo 2.«« Volver

[20]. Véase, a modo ilustrativo, A-Z World Airports. http://www.azworldairports.com/ (consultado el 5 de diciembre de 2010); World Port Links. http://www.overseasmaritime.com/ports/ (consultado el 5 de diciembre de 2010).«« Volver

[21]. Manuel Castells, La Era de la información, vol. i, capítulo 3.«« Volver

[22]. Citado en H. Heineberg, "Las metrópolis en el proceso de globalización", Biblio 3W, Revista Bibliográfica de Geografía y Ciencias Sociales, Universidad de Barcelona, vol. X: n.° 563 (5 de febrero de 2005). http://www.ub.es/geo-crit/b3w-563.htm. (consultado el 5 de diciembre de 2010).«« Volver

[23]. Janet Abu-Lughod New York, Chicago, Los Angeles: America's Global Cities (Minnesota: University of Minnesota Press, 1999), 176-183.«« Volver

[24]. Manuel Castells, La Era de la información, vol. i, capítulo 4.«« Volver

[25]. Sirva de ejemplo este blog de expatriados anglófonos en Uruguay: Blog Uruguay, Expat Uruguay. http://www.expat-blog.com/en/directory/south-america/uruguay/ (consultado el 5 de diciembre de 2010).«« Volver

[26]. No todos los modelos de interacción se limitan a Internet o requieren de su uso. En algunas ocasiones, a partir de un grupo o foro que surge por este medio, sus integrantes se encuentran con cierta frecuencia para socializar y para realizar fiestas o reuniones que reafirman ciertas prácticas deportivas, gastronómicas, lúdicas, etc. En el plano estrictamente individual, los sitios personales publicados en la red evidencian una riqueza heurística sorprendente, ya sea por las tipologías variadas que asumen, como por el volumen y diversidad de sus contenidos. En lo que respecta a las variantes tipológicas, es posible identificar al menos cuatro clases de fuentes: blogs personales, sitios testimoniales, sitios que ofrecen una valoración y una evaluación explícita del país de acogida y sitios que ofrecen consejos prácticos a los potenciales inmigrantes que desean establecerse.«« Volver

[27]. A modo de ejemplo, veáse Catholic Net. http://www.catholic.net (consultado el 5 de diciembre de 2010).«« Volver

[28]. Como ejemplo ilustrativo, véase Greenpeace. http://www. greenpeace.org (consultado el 5 de diciembre de 2010).«« Volver

[29]. Manuel Castells, La Era de la información, vol. ii, capítulos 2 y 3.«« Volver

[30]. A modo ilustrativo, véase ilga. International Lesbian, Gay, Bisexual, Trans and Intersex Association. http://www.ilga.org (Consultado el S de diciembre de 2010).«« Volver

[31]. Manuel Castells, La Era de la información, vol. i, capítulo 4.«« Volver

[32]. Al tiempo que desdibuja las fronteras políticas y socava las identidades locales, la revolución tecnológica actual brinda la posibilidad de que tanto investigadores como ciudadanos la utilicen para una comprensión más profunda y más amplia de sus realidades inmediatas, y la empleen para preservar y difundir su propio patrimonio histórico-cultural en ámbitos plurales. Las tendencias de uniformización cultural que se proyectan desde los centros de la globalización a la totalidad del planeta no anulan necesariamente la fuerza de las comunidades locales, sino que las nutren de herramientas y de contenidos que permiten, en ciertas ocasiones, no sólo operar con mayor eficacia en el ámbito más inmediato, sino posicionarse con éxito en el marco nacional, regional y mundial. Así lo demuestra la existencia de miles de sitios institucionales o personales que definen, dentro del universo digital que comunica al planeta, un ciberespacio propio y diferenciado. Éste estimula la autoafirmación comunitaria y fomenta nuevas formas de relacionamiento en el ámbito local, combinando ingeniosamente contenidos comunitarios intransferibles con redes y formatos globales. El ciberespacio comunitario, si se lo considera en sí mismo, es un objeto histórico-social inédito. Sin embargo, lejos de transformarse en un objeto segregado y autocontenido, el ciberespacio local interactúa con las variantes más clásicas de la sociabilidad pública y privada de algunas colectividades.«« Volver

[33]. Véase Danah M. Boyd y Nicole B. Ellison, "Social network sites: Definition, history, and scholarship", Journal of Computer-Mediated Communication, vol. 13; n.° 1, (2007). http://jcmc.indiana.edu/voll3/issuel/boyd.ellison.html (consultado el 5 de diciembre de 2010).«« Volver

[34]. Second Life. http://secondlife.com (consultado el 5 de diciembre de 20l0).«« Volver

[35]. Debe señalar que universidades norteamericanas y europeas emplean esta plataforma para la formación de sus estudiantes, entre ellas Harvard y Oxford.«« Volver

[36]. Véase Peter L. Berger y Samuel P. Huntington, Globalizaciones múltiples. La diversidad cultural en el mundo contemporáneo (Barcelona: Paidós, 2002), passim.«« Volver

[37]. Véase Manuel Castells, Comunicación y poder, 87-108.«« Volver

[38]. Google Books. http://books.google.com/books (consultado el 5 de diciembre de 2010).«« Volver

[39]. The Internet Archive. http://www.archive.org (consultado el 5 de diciembre de 2010).«« Volver

[40]. María Jesús Lamarca, Hipertexto: El nuevo concepto del documento en la cultura de la imagen (Madrid: Universidad Complutense de Madrid, s.f.. http://www.hipertexo.info (consultado el 5 de diciembre de 2010).«« Volver

[41]. Véase James O'Donnell, Avatares de la palabra. Del papiro al ciberespacio (Barcelona: Paidós, 1998).«« Volver

[42]. Véase Giovanni Sartori, Homo videns. La sociedad teledirigida (Madrid: Taurus, 1997).«« Volver

[43]. Giovanni Sartori, "El empobrecimiento de la capacidad de entender", en Homo videns. La sociedad teledirigda, 45-48.«« Volver

[44]. Véase Santiago Alba Rico, Capitalismo y nihilismo. Dialéctica del hambre y la mirada (Madrid: Akal, 2007), passim.«« Volver

[45]. Véase The Internet Archive. http://www.archive.org (consultado el 5 de diciembre de 2010).«« Volver

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