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Revista No 34
ALZATE ECHEVERRI, Adriana María, Suciedad y Orden. Reformas sanitarias borbónicas en la Nueva Granada, 1760-1810, Bogotá, Editorial Universidad de El Rosario - Universidad de Antioquia - Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH), 2007, 318 p
Rafael Antonio Díaz Díaz **
Tema: Siglo XIX: sociedad, educación y poder
Julio – Diciembre 2007
Pagínas: 252-256

 
 
Facultad de Ciencias Sociales | Departamento de Historia
 

 
 
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InicioRevista No 34ALZATE ECHEVERRI, Adriana María, Suciedad y Orden. Reformas sanitarias borbónicas en la Nueva Granada, 1760-1810, Bogotá, Editorial Universidad de El Rosario - Universidad de Antioquia - Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH), 2007, 318 p

Rafael Antonio Díaz Díaz **

Reseñas


En 1992, Chakrabarty, uno de los fundadores indios del Proyecto de los Estudios Subalternos, escribía lo siguiente a propósito del lugar que ocupa el cuerpo en las tensiones entre la tradición y la modernidad, mediadas y mediatizadas por las administraciones coloniales, los discursos imperiales, la colonialidad del poder y el Estado moderno:

“Sin embargo, a lo que de hecho se le resta importancia en las historias que implícita o explícitamente celebran el advenimiento del Estado moderno y la idea de la ciudadanía, es la represión y la violencia que son herramientas tan importantes en la victoria de lo moderno como el poder del convencimiento de sus estrategias retóricas. No hay lugar donde esta ironía -los fundamentos antidemocráticos de la “democracia”- sea más visible que en la historia de la medicina moderna, higiene pública y la higiene personal, cuyos discursos han sido centrales en la ubicación del cuerpo de lo moderno en la intersección de lo público y lo privado (tal como queda definido por el Estado y sujeto a las negociaciones con éste)”15.

Sin pretender catalogar el libro de Adriana Alzate como un estudio “subalternista” -aunque la autora refiera la categoría de “subalterno”-, sí me parece que el análisis en general se ubica en la perspectiva teórica que como escenario plantea Chakrabarty. No sólo porque la suciedad y el orden se ubican en un proceso de transición de lo colonial a lo republicano y, por lo tanto, de una administración colonial a un intento o remedo de Estado, sino por que referencia al cuerpo -individual y colectivo- como un lugar central en los dispositivos discursivos y en las estrategias políticas que están en la base de la constitución de la ciudadanía. Adriana Alzate es consciente de ello cuando reconoce, desde el comienzo, que su investigación y, desde los objetivos propuestos, su estudio constituye realmente un análisis del cuerpo y de la ciudad. En consecuencia, es transversal en este análisis el concepto de Foucault de biopolítica16, entendido como las tecnologías y los dispositivos diseñados, representados y ejecutados por el poder sobre el cuerpo humano. Y la ciudad, como el otro eje articulador de este texto, referencia la perspectiva fundamental de considerar los problemas de la salud, de la medicina, del olfato, de los olores, de lo nauseabundo, del aire y de la atmósfera en su sentido espacial, por lo que no sólo se norma sobre el cuerpo, sino que en función de ello se regula el espacio, ya sean los cementerios, las acequias o las chicherías, para mencionar sólo algunas entidades espaciales. Así, los discursos, los planes, las reformas, la ciudad, las chicherías y los cementerios son campos desde donde se organizan los cinco capítulos que componen este libro.

En términos generales, el análisis contenido en Suciedad y orden propone nuevas miradas y nuevas posibilidades teóricas para abordar la relación entre los discursos del poder y de las elites en relación con la población subordinada o subalterna, en donde el cuerpo -espacializado, normado y tensionado- ocupa un sitio de análisis destacado y relevante. En este escenario, avanzan disquisiciones para la comprensión y percepción de sociedades en coyuntura y en transición de las épocas coloniales tardías a las primeras republicanas, estructurando una especie de cartografía, que anuda los discursos, las representaciones, las discusiones y las aplicaciones que exhibieron las elites frente a la masa social tildada de mugrienta, incivilizada y bárbara. En este punto, el análisis constituye un aporte fundamental en el ejercicio de deconstruir críticamente el concepto de la modernidad como paradigma central de Occidente. En este estudio, se hace visible la historiografía más representativa que ha abordado este tipo de fenómenos que articulan el cuerpo, la ciudad, la salud pública y la moralización de la comunidad. El análisis se sitúa en las coordenadas teóricas y críticas de las ciencias sociales en boga y estructura lecturas densas y complejas de los tejidos sociales y de las tensiones políticas. Cuerpo y espacio, control y poder, orden y desorden, régimen y subversión tensionan y polarizan acá el entramado de las relaciones sociales a propósito de un conjunto de reformas sanitarias. Dichas reformas en el fondo pretendían ordenar y civilizar una cadena de actores sociales y colectivos que no siempre estuvieron dispuestos a plegarse a tales controles, ya que sus comportamientos habían tendido a subvertir e, incluso, a invertir lo establecido, cabalgando en prácticas tradicionales públicas, privadas y subrepticias, que con distintos resultados y expresiones desafiaban el orden establecido.

Conceptos como orden, suciedad, control, civilización, salvaje, bárbaro, biopolítica, medicalización, ciudad y cuerpo, entre otros, se anudan para develar las complejidades de una sociedad en transición como lo era la Nueva Granada en el período estudiado, que de paso revela las contradicciones y relaciones tanto verticales como horizontales en las relaciones sociales, políticas y culturales de sus componentes.

El texto referencia un proceso de investigación serio, disciplinado, juicioso y sistémico. Un rasgo para destacar es la notoria actualización en la información utilizada, pues básicamente se recogen las tendencias más actuales o más vigentes en el nivel teórico e historiográfico, con un rasgo sobresaliente y es integrar bibliografía francesa, española, inglesa y latinoamericana, entre otras. Tal logro de ninguna manera es casual o gratuito, sino que obedece a más de una década de investigaciones y publicaciones en el ámbito de la historia de la salud y/o de la medicina, desde el año de 1994 cuando, en la Universidad de Antioquia, Adriana Alzate presentó su tesis de pregrado en historia acerca del devenir científico de Mutis. Obedece también, según mi lectura, a una experiencia de investigación relevante en el campo de la historia de la salud que, desde hace ya varios años, se viene experimentado en la Universidad de Antioquia y que ha arrojado logros importantes, no sólo por la puesta en ejecución de dinámicas interdisciplinarias entre la medicina y la historia -entre otras disciplinas-, sino por que ha logrado posicionar y legitimar el campo de la historia de la salud y de la medicina en el escenario de la historiografía nacional. De hecho, Suciedad y orden debe ser ubicado como parte de este proceso significativo de reconocimiento de historiar la salud en Colombia desde lo social, lo político, lo cultural y lo que puede ser propio de la historia de la ciencia.

En muchos sentidos este trabajo se puede considerar pionero en el horizonte de la bibliografía sobre el tema, ya que se cuenta entre los primeros estudios historiográficos que aborda, desde los más variados corpus discursivos y normas de control, la tensión entre el poder que intenta regular y sociedades “en desorden” como las ha calificado Aline Helg17, contando como eje transversal de análisis el escenario de las reformas sanitarias. Si bien hay un cierto énfasis en Santafé de Bogotá, el contenido del texto intenta ofrecer un panorama socioespacial más amplio en el contexto neogranadino, superando de esta manera determinados enfoques muy especializados en sus miradas espaciales y regionales. Sin perder su rigor y su estructura, la escritura de este texto es ágil, nada engorrosa, que la haría más accesible a un público no necesariamente especializado. De todas maneras, hay que insistir que la información utilizada no sólo es copiosa e impresionante, sino lo suficientemente actualizada y -quizás lo más importante- pertinente. Llama la atención cómo se integra una bibliografía europea y latinoamericana acerca de la historia de la ciencia y sus áreas conexas, que es más o menos desconocida en el ámbito colombiano. La actualización de la información se puede ilustrar, por ejemplo, con la incorporación del libro recién editado y publicado de Santiago Castro-Gómez18 sobre la recepción y la apropiación de la Ilustración por parte de los criollos neogranadinos y que ya ha suscitado no pocas polémicas.

La información de este texto, entonces, entrelaza bibliografías de los más diversos ámbitos: historia política, análisis del discurso, historia de la ciencia, historia de la medicina, historia urbana, estudios subalternos, estudios culturales, etc. Esta convergencia es puesta en funcionamiento respecto de analizar el tema en concreto que encuentra sus variables más conspicuas en el cuerpo, la ciudad, la reforma sanitaria y el control del cuerpo social. En términos generales, los argumentos y los análisis están bien presentados, desarrollados y suficientemente sustentados en información primaria y secundaria. Al respecto, llama poderosamente la atención cómo la autora deja establecida desde la introducción una cuidadosa genealogía intelectual de un conjunto de nociones y conceptos claves para analizar los fenómenos abordados. La mayor parte de esas nociones tenían un sentido particular y preciso en la época, que difieren en distintos grados del que puedan tener hoy día. Una lista posible y representativa de las nociones acotadas incluye términos tales como orden público, orden social, sociedad, suciedad, civilización, progreso, civil, civilidad, higiene, pulicia, policía y medicalización. Igualmente, estos términos están referenciados a las antípodas suciedad-orden y sus correlatos discursivos en los polos de barbarie y civilización respectivamente.

Se aprecia una clara correspondencia y una relación causal entre el escenario introductorio propuesto, el desarrollo de los distintos capítulos y la reflexión final. Incluso se advierten algunas limitaciones o dificultades con fuentes y ejercicios interpretativos, que cumplen la tarea de no crear falsas expectativas sobre temas específicos. En este orden de ideas, cabe anotar que el escenario de la suciedad y el orden supuso la emisión en Europa y la adopción en la Nueva Granada de todo un corpus discursivo, jurídico, científico y reglamentarista de ideas, textos, planes y proyectos, que no fueron asumidos mecánicamente por los “ilustrados” neogranadinos, sino que su recepción sufrió una especie de “aclimatación” americana, la que si bien no fractura la ideología europea/occidental originaria, sí la transforma y hasta la enriquece. En consecuencia, este texto vendría a engrosar una historiografía que ha venido haciendo aportes relevantes y proponiendo polémicas insoslayables sobre la manera y las condiciones desde las cuales los “criollos” neogranadinos asumieron la Ilustración europea. A propósito de estos fenómenos de adopción y recepción, el estudio señala y analiza los problemas y las tensiones que se presentaron entre distintos niveles de la administración colonial en el momento de entender o aplicar el conjunto de reformas sanitarias emitidas. Si no es el primero, es de los análisis originales que “leen” a los ilustrados y a los criollos desde otros ángulos distintos a los tradicionales o apologéticos y en función del tema del cuerpo, la ciudad y las reformas sanitarias. Lo otro que es notorio es la permanente preocupación por historiar y contextualizar conceptos, teorías, escuelas, manuales, dictámenes, políticas, anudando en todo ello a Europa, España, Hispanoamérica y a la Nueva Granada.

Por último, cabría anotar que Suciedad y orden coadyuva a entender las pautas de recepción y aprehensión que imperaron en el interior de las elites en el proceso de apropiación de discursos y teorías europeas, así como la tensión política que ello pudo generar a nivel de la burocracia -central y local- y de los sectores subalternos, para poder percibir finalmente que “Babel siempre será mejor que una lengua única sobre la tierra” (p. 275).


*Profesor Asociado, Departamento de Historia, Facultad de Ciencias Sociales, Pontificia Universidad Javeriana, Bogotá, Colombia. rdiaz@javeriana.edu.co«« Volver

1CHAKRABARTY, Dipesh, “La poscolonialidad y el artilugio de la historia: ¿quién habla en nombre de los pasados “indios”?”, en DUBE, Saurabh (coord.), Pasados poscoloniales, México, El Colegio de México, 1999, p. 655.«« Volver

2Una útil discusión entre lo político y lo antipolítico que puede estar contenido en el concepto de biopolítica, particularmente aplicado al campo de la salud, se encuentra en ORTEGA, Francisco J., “Biopolíticas da saúde: reflexões a partir de Michel Foucault, Agnes Heller e Ana Arendt”, en Interface ~ Comunicac., saúde, Educ., Vol. 8, No. 14, São Paulo, sept. 2003 - feb. 2004, pp. 9-20. Versión electrónica en http://www.interface.org.br/revista14/ensaio1.pdf, fecha de consulta: agosto 10 de 2007.«« Volver

3HELG, Aline, Liberty and equality in Caribbean Colombia, 1770-1835, Chapel Hill - Londres, The University of North Carolina Press, 2004, p. 18.«« Volver

4CASTRO-GÓMEZ, Santiago, La hybris del punto cero. Ciencia, raza e ilustración en la Nueva Granada (1750-1816), Bogotá, Editorial Javeriana - Instituto Pensar, 2005.«« Volver




 

 

 

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