Facultad de Ciencias Sociales
Departamento de Historia

Revista Historia Crítica
Fundada en 1989

 

ISSN (versión en línea): 1900-6152

 

hcritica@uniandes.edu.co| Bogotá D.C.-Colombia

 
   
Para citar este artículoRevista No 31
Título:La historia de la historia en la Universidad de los Andes. Apuntes sobre sus vicisitudes y consolidación
Autor:Revista Historia Critica No 31
Tema: Las nuevas generaciones y la historia colonial
Enero-Junio 2006
Páginas 11-49
 
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La historia de la historia en la Universidad de los Andes. Apuntes sobre sus vicisitudes y consolidación

Revista Historia Critica No 31

Artículos


Introducción

Con ocasión de la celebración de los diez años de la carrera de Historia en la Universidad de los Andes, Historia Crítica ha querido proporcionar una mirada retrospectiva para entender cuál fue la evolución de la disciplina histórica en esta Universidad desde su creación hasta hoy, considerando como hito la apertura de la carrera en Historia en 1996. En las páginas que siguen, se busca ofrecer una reconstrucción de la historia del Departamento de Historia y también de la historia de la disciplina histórica en nuestra Universidad. Este ejercicio no responde únicamente a un interés por reconstruir una historia que sólo interesa a las personas que han tenido y tienen alguna vinculación con el Departamento, sino que quiere mostrar cómo se ha podido consolidar una de las experiencias de docencia e investigación en Historia en el país, cuáles han sido los pasos de esta evolución, las vicisitudes y las personas que han estado involucradas en estos procesos.

Para el efecto, se seleccionaron varios historiadores que han estado presentes en una o varias etapas de este camino. Como momentos coyunturales importantes que se tenían en mente al iniciar este proyecto de reconstrucción estaban la creación del Departamento en 1985 y la apertura de la carrera en 1996. Sobre esta base se entrevistó a Jaime Jaramillo Uribe, quien ha jugado un papel importante en los estudios históricos en la Universidad, desde antes de la creación del actual departamento; a Ana María

Bidegain por su participación significativa en la creación del actual Departamento en

1985; a Hugo Fazio por ser el único profesor que estuvo presente desde la creación del actual Departamento hasta ahora y, por ello, es testigo de sus etapas centrales; a Mauricio Nieto, quien actuó como catalizador de los esfuerzos que permitieron la apertura del programa de pregrado en 1996 y a Diana Bonnett que ofrece una visión de lo que es hoy el Departamento. Con estos testimonios se han reconstruido épocas centrales de la consolidación de la disciplina histórica en la Universidad.

Los testimonios fueron recogidos de dos maneras distintas, según las circunstancias: con Jaime Jaramillo Uribe se realizó una entrevista que fue grabada, mientras que con los demás se procedió por medio de entrevistas escritas. Posteriormente, se organizó cronológica y temáticamente el material recopilado en las entrevistas, labor que estuvo a cargo del asistente editorial. A continuación se procedió a depurar la información obtenida, ya que con frecuencia las fechas dadas por los diferentes entrevistados no coincidían y se observaban lagunas de información. Por este motivo, se consideró necesario editar las respuestas y complementar algunos datos. Esta aproximación al tema investigado, a través de entrevistas, ha puesto de relieve una vez más el problema de la memoria y lo importante que resulta recurrir a la confrontación de fuentes.

En la medida en que se avanzaba en el trabajo de edición, fueron apareciendo inquietudes sobre procesos específicos, por lo cual se recurrió a consultar la reducida bibliografía existente, a buscar documentos que se conservan en la Universidad y se interrogó a profesionales que participaron en esos procesos, como Darío Fajardo, Fernán González, Alberto Flórez, Ignacio Abello, Luis Eduardo Bosemberg, Adriana Maya y Katherine Bonil. Esta labor estuvo a cargo de la directora y de la editora de la revista. A todos ellos, así como a los entrevistados; a Adriana Márquez y Luz Marina Guerrero de Recursos Humanos de la Universidad de los Andes, William Echeverri y Edelmira Camargo del Archivo Institucional, también de la Universidad; y a Julián Herrera por su colaboración en la consecución de cierta documentación, les estamos muy agradecidos.

Un tema importante que aflora al cotejar las versiones, fechas y percepciones que los actores tienen de los hechos, pero que no siempre se manifiesta en forma explícita, es el de la articulación entre la dinámica que se ha vivido al interior de la Universidad y los procesos de su entorno. Se ha podido constatar que una historia de la historia en una universidad forma parte de un proceso mucho más amplio, que se articula con la dinámica y los conflictos políticos y sociales del entorno. Varias de las diferentes fuerzas sociales en conflicto se han expresado con mayor o menor intensidad dentro de la Universidad incidiendo en el desarrollo de las disciplinas. En buena medida, es esa vinculación con la sociedad la que hace tan interesante el seguimiento de los avatares del Departamento de Historia. Sea este un llamado para que se profundicen las investigaciones en este fértil campo. Aunque para muchos de los entrevistados la sensibilidad frente al tema político y a la tensión sea alta, uno y otra reflejan el dinamismo de la institución universitaria y pone de manifiesto que la Universidad no es ajena y no puede ni debe serlo frente a las realidades de la ciudad, del país y del mundo. También lo son de que no es un espacio monolítico, en el que primen sólo ciertas tendencias, a pesar de los esfuerzos que en su momento varios actores han hecho para que sea así. En esas oportunidades, la vitalidad, el dinamismo, la controversia y la confrontación que frecuentemente se asocian con la actividad intelectual han logrado matizar posiciones y llevar a la Universidad por senderos menos extremos. Es el reconocimiento de la polifonía social, de la importancia y validez de todas sus voces de la necesidad de que las instituciones educativas en todos sus niveles escuchen, estudien y le den sentido a esas expresiones, lo que puede quedarnos como lección de la historia de la historia en la Universidad de los Andes.

Si estas vicisitudes han caracterizado lo que se podría llamar una primera etapa de la disciplina histórica en la Universidad, no es menos importante señalar la nueva época que se abrió hacia mediados de la década del noventa. Desde entonces, coincidiendo con el inicio del programa de pregrado en Historia, se ha recorrido un trayecto de diez años de consolidación, durante el cual resultan claros varios aspectos. La planta

de profesores se ha incrementado y está integrada en su mayoría por docentes que han obtenido sus títulos de doctorado. La posibilidad que tienen los docentes del Departamento de dictar; cursos a estudiantes interesados en graduarse como historiadores y no sólo cursos de servicio. La mayor dedicación de los profesores a la investigación y divulgación, mediante publicaciones especializadas, y el hecho de que los estudiantes también hayan entrado en esta senda de investigación y, en algunos casos, de publicación, como se evidencia, por ejemplo, en este número de Historia Crítica. La consolidación de esta última como una publicación especializada, que se ha afianzado como espacio de divulgación de las investigaciones en el campo de la

Historia. En buena medida, como resultado del fortalecimiento del Departamento de Historia y de la disciplina histórica dentro de la Universidad ha sido posible la apertura de la maestría en Historia hace dos años. Esta, a su vez, refuerza aún más las actividades investigativas y docentes del Departamento. Como se puede apreciar, el camino recorrido ha sido largo y enriquecedor y se está dando en un ambiente a todas luces menos agitado, en el que los espacios de participación, diálogo y tolerancia se han fortalecido. Estos logros se deben tanto a la evolución que ha conocido la Universidad, como al equipo del Departamento de Historia y a la orientación que le han dado sus directores.

A continuación, se presenta primero una información básica sobre la relación de los entrevistados con la Universidad y su Departamento de Historia y luego las entrevistas organizadas alrededor de preguntas, tratando de seguir un orden cronológico, para ofrecer un panorama que se espera sea exacto y relativamente completo. Al final del presente documento, se incluyen los cuadros n° 1 y 2, en los que se indica la sucesión de directores y coordinadores del Departamento.

La relación de los entrevistados con la Historia en la Universidad de los Andes y con su Departamento de Historia

Jaime Jaramillo Uribe: Entró a la Universidad de los Andes en 1969. Durante los años setenta y parte de los ochenta, se desempeñó como profesor de la Facultad de Economía y, entre 1970 y 1974, fue decano de la Facultad de Filosofía y Letras. En la segunda mitad de la década del ochenta, entró al Departamento de Historia del cual fue director desde mediados de 1991 hasta finales de 1992 y director encargado por unos meses en 1995.

Ana María Bidegain: Trabajó en la Universidad de los Andes a partir de febrero de

1980, después de haber obtenido en 1979 su Doctorado en Historia en la Universidad

Católica de Lovaina (Bélgica). Estuvo primero en el área de Historia del Departamento de Humanidades como profesora y también como coordinadora. Asumió la primera dirección del Departamento de Historia durante la segunda mitad de la década del ochenta (1984-1987). Hasta el 2001 estuvo vinculada al Departamento de Historia.

Hugo Fazio: Ingresó a la Universidad de los Andes como docente de cátedra para el primer semestre de 1985. Mantuvo esa vinculación hasta finales de 1987, cuando viajó a Europa para realizar su doctorado en Ciencia Política (relaciones internacionales) en la Universidad Católica de Lovaina (Bélgica). En el segundo semestre de 1990, volvió a vincularse con el Departamento de Historia en calidad de profesor de tiempo completo, que mantuvo hasta finales de 1992, momento desde el cual tiene un vínculo de medio tiempo.

Mauricio Nieto: En el segundo semestre de 1994, pocos meses después de terminar su doctorado en Historia de la Ciencia en la Universidad de Londres (Gran Bretaña), fue contratado como profesor de tiempo completo en el Departamento de Historia de la Universidad de los Andes. Fue director del Departamento entre 1995 y 1998. Entre 1999 y 2002, trabajó por fuera de la Universidad, y desde 2002 está nuevamente como profesor del Departamento.

Diana Bonnett: Está vinculada al Departamento de Historia de la Universidad de los Andes desde julio del 2000, momento en el cual reemplazó a Juan Carlos Flórez

(1998-2000) en la dirección del Departamento.

1. La historia en la Universidad de los Andes antes de la creación del Departamento de Historia en 1985

Historia Crítica:

En publicaciones y textos reproducidos en multilith entre 1968 y 1969, aparece como responsable de la edición o reproducción el Departamento de Historia de la Universidad de los Andes. Esas publicaciones son:

COLMENARES, Germán, FAJARDO, Darío y MELO, Margarita de (comps.), Fuentes coloniales para la historia del trabajo en Colombia, Bogotá, Ediciones Uniandes, Universidad de los Andes - Facultad de Artes y Ciencias - Departamento de Historia, 1968, 525 pp.

COLMENARES, Germán y MELO, Jorge Orlando (comps.), Lecturas de Historia Colonial, 3 Vols, Bogotá, Multilith Uniandes, Universidad de los Andes - Facultad de Artes y Ciencias - Departamento de Historia, 1968-1969. Vol. 1: MELO, Jorge Orlando, Descubrimiento y conquista del Nuevo Reino de Granada (1492-1542), 1968, 179 pp. Vol. 2: MELO, Jorge Orlando, Las Leyes Nuevas y su promulgación en la Nueva Granada (1542-1548), 1968, 92 pp. Vol. 3: COLMENARES, Germán, con la colaboración de Darío Fajardo, El problema indígena en el periodo colonial (1540-1614), 1969, 139 pp.

COLMENARES, Germán, Encomienda y población en la provincia de Pamplona (1549-1650), Bogotá, Multilith Uniandes, Universidad de los Andes - Facultad de Artes y Ciencias - Departamento de Historia, 1969, 113 pp.

COLMENARES, Germán, La Provincia de Tunja en el Nuevo Reino de Granada. Ensayo de Historia Social (1539-1800), Bogotá, Universidad de los Andes - Facultad de Artes y Ciencias - Departamento de Historia, 1970, 283 pp.

FAJARDO M., Darío, El régimen de la Encomienda en la provincia de Vélez (Población indígena y economía), Bogotá, Multilith Uniandes, Universidad de los Andes - Facultad de Artes y Ciencias - Departamento de Historia, 1969, 99 pp.

Además, en las solapas de las Fuentes Coloniales se anunciaba que Margarita de MELO estaba preparando un texto titulado Fuentes para el estudio de resguardos indígenas.

¿Qué información conoce al respecto?

Ana María Bidegain:

Al parecer, al final de los años sesenta hubo un Departamento de Historia, que fue liquidado, al igual que se hizo en otras universidades con varios departamentos de Ciencias Sociales, a raíz de un fuerte movimiento estudiantil en Colombia en 1970. A las Ciencias Sociales se las identificaba demasiado con el marxismo y los movimientos revolucionarios de la época. No sé qué tan desarrollado era dicho departamento, pero sé que a él pertenecían Germán Colmenares y Jorge Orlando Melo. Entre 1970 y

1980 se acabó todo. Dicha primera experiencia no estuvo vinculada con la segunda, es decir, con la experiencia actual del Departamento, que empezó en los ochentas.

Jaime Jaramillo:

Eso se dio en la época en la que Álvaro López Toro estaba en la Facultad de Economía. Era un economista muy interesado en la historia e hizo incluso trabajos importantes sobre la historia económica de Antioquia[1]. Se publicaron tres cuadernos de documentos muy bien escogidos para la historia de Colombia; eran tres fascículos grandes, tres libros de documentos para la historia de Colombia. En eso trabajaron Darío Fajardo, especialista en la historia agraria de Colombia, Jorge Orlando Melo y Germán Colmenares. También, en 1968, se publicó una colección de documentos para la historia de Colombia, un libro utilísimo.

Historia Crítica:

Respecto a la presencia de la disciplina histórica en la Universidad entre 1948 y 1970 y, en particular, sobre la existencia de un Departamento de Historia en ciertos años y algunos intentos para establecerlo, Historia Crítica pudo reconstruir algunos datos.

Desde que se fundó la Universidad en 1948, Humanidades ofrecía algunos cursos de Historia para las demás facultades, con el fin de proporcionar a los estudiantes una educación integral. A mediados de la década del cincuenta, dictaron cursos de historia Indalecio Liévano Aguirre, Abelardo Forero, Daniel Arango y Danilo

Cruz. Además, se dictaban unos cursos aislados de Historia económica y social para estudiantes de Economía así como clases de historia del acontecer histórico mundial para estudiantes de Filosofía[2].

Dentro de este contexto, parecería que el conocimiento de cierto tipo de historia se consideraba importante y, en esa medida, se justificaba contar, así fuera en forma muy esporádica, con conferencistas ampliamente reconocidos. Esto lo deja ver el interrogante que se formuló Eduardo Aldana Valdés sobre las conferencias que dictó

en la Universidad, en una fecha que no se ha podido precisar, el historiador inglés Arnold Toynbee: "¿Cómo lograron que Arnold J. Toynbee dictará uno de sus famosos ciclos de conferencias en Uniandes, que nunca tuvo un verdadero departamento de historia en sus primeros veinte años?"[3].

Al parecer, "Hacia mediados de 1959, Historia se constituyó como departamento, y aunque rectoría le nombró jefe, no fue más allá de coordinar cursos dispersos"[4], pero se desconoce la trayectoria de esta iniciativa durante la década del sesenta.

Durante la rectoría de Francisco Pizano de Brigard (1968-1969) y bajo su impulso, se logró la vinculación de Germán Colmenares, Darío Fajardo, y Margarita González [de Melo] primero para la docencia, pero también para la investigación. En Economía, los estudios históricos se fortalecieron gracias a Alvaro López Toro, así como a Jaime Jaramillo Uribe. En la segunda mitad de la década del sesenta y sobre todo a finales de esta década, coincidían, en Economía, Jaime Jaramillo Uribe, Jorge Orlando Melo y Alvaro López Toro y, en Historia, Germán Colmenares, Darío Fajardo y Margarita González[5].

Es posible que el ingreso de estos profesores haya revertido la tendencia a dictar cursos principalmente sobre historia 'universal' (europea), ya que sobre el particular Germán Colmenares decía que se omitía la historia de América Latina porque se consideraba una "vaina de negros e indios, una mescolanza horrible" y Abelardo Forero reconocía que "a mí hablar de los presidentes de Latinoamérica me aburre"[6]. Adicionalmente, parecería que por esa época, en palabras de Abelardo Forero, no había recursos bibliográficos, ni publicaciones, ni sede propia, ni pregrado o posgrado[7].

A partir de la anterior información, se deduce que esta etapa fue de gran importancia para la disciplina histórica en la Universidad. La publicación y reproducción en multilith de las obras mencionadas remite a una dinámica investigativa seria y de gran proyección, pero es poco lo que sobre ella se conoce, por lo que se consultó a Darío Fajardo, un historiador que estuvo vinculado con este proceso.

Darío Fajardo:

Ingresé a la Universidad de los Andes en enero de 1968 como asistente de investigación de Germán Colmenares, quien se había vinculado desde 1967 a la Universidad. En esa época existía un Departamento de Historia dentro de la Facultad de Artes y Ciencias, al frente del cual estaba Abelardo Forero Benavides. En ese año también ingresó al Departamento Margarita González.

La perspectiva que se tenía de la historia en el departamento era bastante convencional. Abelardo Forero dictaba clases con un estilo muy propio, con abundantes datos anecdóticos sobre carrozas y vestidos que fascinaban a los estudiantes. Sus cursos con frecuencia reunían más de ciento veinte alumnos.

Con Germán, se introducía algo muy diferente. Él había sido formado en la escuela francesa de los Annales y, si no recuerdo mal, había sido alumno de Fernand Braudel. También había estudiado en Chile con Alvaro Jara y Rolando Mellafe. Él proponía que los estudios en Historia en la Universidad y los cursos que sobre el tema se dictaran, estuvieran articulados con una actividad investigativa seria, fundamentada en el trabajo de archivo.

Esta iniciativa contaba con el apoyo de la Fundación Ford, representada en Colombia por el profesor Albert Berry, economista canadiense con una valiosa trayectoria como investigador de la problemática del empleo y muy interesado en el apoyo a una propuesta de este tipo. Así, cuando Germán entró a la Universidad, venía con un proyecto de investigación que ya contaba con financiación propia y que debía complementarse con un programa de becas de posgrado para formar a los profesores del Departamento. Adicionalmente, buscaba fortalecer una perspectiva interdisciplinaria, en que se tuviera un mayor vínculo con las investigaciones en otros campos, como la economía por ejemplo.

Fue una etapa muy fructífera en la cual se produjeron los trabajos arriba mencionados. Germán también publicó su libro sobre Partidos políticos y clases sociales en el siglo XIX[8], y empezó a preparar el texto que luego publicaría [en multilith con el Departamento de Historia] como La Provincia de Tunja en el Nuevo Reino de Granada. Adicionalmente, Margarita González trabajó la temática de los resguardos, que posteriormente dio como resultado su libro de El resguardo en el Nuevo Reino de Granada[9]. Por otra parte, se hizo un trabajo de exploración en el Archivo Nacional de Colombia, actual Archivo General de la Nación, en donde muchos de los documentos estaban en bultos sin clasificar. Poco después yo trabajé junto con William Mc Greevey en la identificación y el muestreo de varios fondos documentales.

Si bien buena parte de los esfuerzos se dedicaron a la investigación, también se dictaron cátedras que estuvieron vinculadas con estas actividades. Germán Colmenares dictó una Historia del Pensamiento y yo un curso de Historia de Colombia, con énfasis en economía. Estos cursos tuvieron una muy buena acogida.

Estos esfuerzos por transformar los estudios históricos en la Universidad se hicieron bajo la rectoría de Francisco Pizano, un humanista, siendo decano de Artes y Ciencias Rafael Rivas Posada y, según comenté, Abelardo Forero, director del Departamento de Historia. Este último, si bien no estaba particularmente interesado en estos desarrollos, no se oponía a su realización.

Estos proyectos tenían lugar en un momento en el que se presentaba una coyuntura de gran dinamismo en el ámbito estudiantil, con importantes movilizaciones y esfuerzos por establecer la representación estudiantil y profesoral en los claustros universitarios, vistos por las directivas como una forma de cogobierno. Tales actividades generaron gran temor dentro de las directivas universitarias, no sólo en la Universidad de los Andes, sino en otras universidades públicas y privadas, como la Universidad de Antioquia por ejemplo. Lo anterior condujo a que se aplicara una fuerte represión contra personas que se consideraba estaban involucradas con estos movimientos o que no generaban suficiente confianza desde la perspectiva de las directivas universitarias. Varias universidades expulsaron a estos profesores y la Universidad de los Andes no fue una excepción. En el año 1971, un grupo de unos cuarenta profesores, entre ellos Germán Colmenares, Margarita González y yo no tuvimos renovación de nuestros contratos. Una anécdota personal refleja lo que fue este proceso. A mediados de ese año, a mí me llegó una carta en la que me felicitaban por mi desempeño en los cursos y a los tres días me llegó otra en la que me informaban que no se me renovaría el contrato.

En este contexto, sólo muy pocas universidades, que eran como unas islas, acogieron a los profesores desvinculados. Germán se fue para la Universidad del Valle, en donde desarrolló una brillante carrera como docente y maestro de toda una generación de historiadores y publicó sus trabajos más conocidos sobre historia económica colonial;

yo fui contratado por la Universidad Pedagógica y Tecnológica, junto con otros profesores de distintas universidades.

Conviene anotar que el dinamismo del movimiento estudiantil formaba parte de acciones sociales de mayor amplitud. Estas actividades no estaban desvinculadas de la investigación. Por ejemplo, yo trabajé junto con la antropóloga Piedad Gómez en una investigación con los campesinos de la laguna de Fúquene, que coincidió con el surgimiento de la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos -ANUC-.

Historia Crítica:

Esta etapa de finales de los años sesenta y principios de los setenta, casi desconocida por los miembros del actual departamento y tal vez por muchos otros historiadores, ha sido, como se puede apreciar, muy significativa. En particular, el intento fallido por consolidar la disciplina a través de un Departamento que le otorgó a la historia de Colombia un papel relevante, que contrastaba con la poca importancia que se le concedía en esos años. Sobresale también la iniciativa de una investigación basada fundamentalmente en fuentes primarias, como lo refleja la abundancia de importantes publicaciones que se produjeron en esos pocos años. Por otra parte, llama la atención que esta iniciativa cobijara también el fortalecimiento de los procesos de formación de los docentes del Departamento, iniciativas todas novedosas para su momento y propiciadas institucionalmente en la actualidad.

No se puede perder de vista la existencia de este Departamento de Historia, ni tampoco su brutal cierre, que se enmarcó en el movimiento estudiantil de 1971, promovido por

el MOIR (Movimiento Obrero Independiente Revolucionario) y la JUPA (Juventud Patriótica) y, en forma más tangencial, por la JUCO (Juventud Comunista). La medida, sin embargo, no rindió los frutos esperados. La desvinculación de alrededor de cuarenta profesores no frenó el proceso, que renació de sus cenizas al siguiente año, con protestas mejor recordadas y conocidas como los 'escalerazos' de 1972. Para

Colombia, y en particular para la Universidad de los Andes, los primeros años de la década del setenta vieron cristalizarse lo que en Francia había sido el movimiento estudiantil de mayo de 1968.

A pesar de la desvinculación de los docentes-investigadores dedicados a la Historia y a la consolidación de un Departamento de Historia, la disciplina no desapareció de la docencia en la Universidad. De una parte, en varios departamentos se dictaban cursos de historia indispensables para la respectiva disciplina, en la medida en que mostraban su proceso de configuración. De otra parte, por diferentes medios se hacía necesario incluir cursos que dieran cuenta de la dinámica de ciertos procesos, como lo muestran asignaturas como la dictada conjuntamente por Jaime Jaramillo, Marco

Palacios y Malcolm Deas en los años 1973-1974, el cual tenía un contenido grande de historia económica. De hecho, tanto para la época del cierre del Departamento, como cuando se dictó este curso, el historiador Jaime Jaramillo Uribe era decano de la Facultad de Filosofía y Letras (1970-1974).

Por aquellas paradojas de las instituciones, un poco más de una década después de estos sucesos, en 1989 Germán Colmenares fue nombrado Decano de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad de los Andes. Lamentablemente su salud no le permitió asumir el cargo y en 1990 murió.

Historia Crítica: ¿En la primera mitad de la década del ochenta, qué existía en cuanto a la enseñanza de la historia en la Universidad?

Ana María Bidegain:

En 1980, cuando llegué a la Universidad, no existía un Departamento de Historia, sino un área de Historia en el Departamento de Humanidades. Ignacio Abello, como director de Humanidades, me propuso asumir la coordinación del área de Historia, lo cual fue aceptado inmediatamente, porque era la única persona que tenía un doctorado en Historia. Antes de que existiera el departamento había varias personas trabajando en historia dando diversos cursos, aunque había miradas diferentes, que eran difíciles de conciliar. Pero estaba convencida que si se quería avanzar en el desarrollo de un departamento de Historia, había que tenerlos a todos en cuenta, porque todos tenían algo que aportar y ese fue el primer desafío.

Hugo Fazio:

Cuando me vinculé con la Universidad en 1985 se hablaba de un Departamento de

Historia, pero no disponía de presupuesto propio.

Jaime Jaramillo:

Abelardo Forero, Germán Arciniégas, Horacio Rodríguez Plata y Mauricio Obregón dieron cursos, pero esos cursos no eran de la incumbencia del departamento, sino que pertenecían a Humanidades o a Filosofía. Abelardo Forero dictó durante muchos años una cátedra que se llamaba Dos Guerras Mundiales, que repetía cada año. Eran unos cursos que tenían mucha asistencia porque todo el mundo sacaba muy buenas notas.

Ana María Bidegain:

Así que cuando yo llegué en 1980, no existía un Departamento de Historia, sino un área, en la cual eran profesores Fernando Torres Londoño, Mauricio Archila, quien era el coordinador del área de Historia, y Abel López. Además era profesora Isabel Clemente quien, como yo, era de nacionalidad uruguaya, pero que vine a conocer aquí. Además de estos profesores, que éramos más o menos contemporáneos, todos teníamos alrededor de treinta años, había otro núcleo de profesores mayores, abogados en su mayoría, pero con una larga trayectoria en el país, que también dictaban cursos de Historia. Ellos eran Horacio Rodríguez Plata, Abelardo Forero Benavides, Germán Arciniegas, que entonces era el Decano, y Mauricio Obregón, que era el Rector. Aparte de la edad, también había una gran separación en la manera de hacer la Historia. El primer grupo estaba más orientado por una formación histórica dialogante con las otras ciencias sociales. El grupo de los mayores concebía más la historia como una extensión de las Humanidades y era una historia relato de los grandes acontecimientos, muy amena en algunos casos, pero con pocas referencias a las fuentes documentales. Los cursos que se dictaban eran cursos de servicio para el resto de la Universidad.

El profesor Jaramillo también dictaba clases, pero en la Facultad de Economía. A él lo conocía por sus trabajos y la cálida acogida y generosa recepción que me hizo lo convirtió en mi Maestro de referencia. La historia de Colombia, la había empezado a estudiar justamente por medio de los textos del doctor Jaramillo, cuyos trabajos eran citados y recomendados no sólo por Arturo Ardao, quien también hacía historia de la cultura, sino por Juan Antonio Odone, Tulio Halperin Donghi, José Luis Romero. Aunque estos últimos eran profesores de la Universidad de Buenos Aires, había mucho intercambio en la época y también dictaban clases en Montevideo. En principio no había relación formal con Jaime, pero yo personalmente a menudo lo consultaba y almorzábamos juntos en la cafetería de profesores, en que el desarrollo de los estudios de historia en el país y en la universidad siempre estaba a la orden del día en nuestras conversaciones. Por su intermedio, conocí a otros profesores de Economía, como José Antonio Ocampo, quien también se interesaba en el desarrollo de los estudios de la historia económica del país, y con quien realizamos algunas actividades para desarrollar los estudios históricos en la Universidad. En la Facultad de Administración y luego como vicerrector académico, estaba Manuel Rodríguez, quien también tenía un gran interés en la Historia y había escrito un trabajo sobre la historia empresarial en el Viejo Caldas[10].

Además de las diversas aproximaciones a la disciplina, y la edad, creo que lamentablemente en los Andes, como o más que en el país, las relaciones de clase pesaban demasiado. Para algunos profesores y profesoras de Humanidades esto se hacía notar en todas las direcciones posibles. De hecho, en esa época, Germán Arciniegas, quien fue decano de la Facultad de Filosofía y Letras a finales de la década del setenta hasta principios de 1980, contrató a Daniel García Peña, un joven profesor que había acabado su pregrado en los Estados Unidos, para que dictara una cátedra de Historia de los Estados Unidos. Algunos del grupo de los "jóvenes" lo veían con reticencia justamente, por esta desafortunada división social a la colombiana, que generaba resistencias en múltiples direcciones y a veces demasiados prejuicios injustificados.

Al final de la rectoría de Obregón (1979-1981) hubo un conflicto laboral. Los profesores "jóvenes" del departamento nos solidarizamos con los trabajadores y, a decir verdad, Daniel García fue el más decidido y claro con el apoyo que debíamos brindar a los trabajadores. Al final del conflicto, Mauricio Archila y Abel López temieron represalias y se retiraron como profesores de planta. Se manifestaron algunas tensiones y hubo muchos cambios administrativos. Llegó como nuevo Rector Rafael Rivas (1982-1985). Manuel Rodríguez estaba en la vice-rectoría académica (1980-1984) y como director administrativo Iván Trujillo (1982-1993), quien tenía una formación sólida en historia antigua y luego dictó algunas clases. En la decanatura de Filosofía y Letras fue nombrado Jesús Arango (1980-1984), a quien también la historia le parecía esencial en la formación universitaria.

Ignacio Abello:

En 1981 hubo una huelga de trabajadores que querían sindicalizarse, a lo que la

Universidad se oponía. Fue en la época de exámenes y los trabajadores se encerraron en la Universidad y algunos de ellos iniciaron una huelga de hambre. Durante un mes más o menos la Universidad estuvo cerrada y el Departamento de Humanidades funcionó en Aexandes, la asociación de ex alumnos, en la calle 18 con carrera 3. La Universidad se reabrió después de que la Policía desalojara a los huelguistas. Lo que no me parece es que la salida de Mauricio Archila y de Abel López tuviera alguna relación con esto.

Abel López:

Yo estuve como profesor de planta de medio tiempo desde 1978 hasta 1989. Con relación al movimiento de 1981, cabe anotar que Historia se pronunció, a través de una carta que redactó Carlos Marín, un filósofo que era profesor de Historia Antigua y es ahora decano de Filosofía y Letras de la Universidad de La Salle, a favor del movimiento. Fue un pronunciamiento académico, con argumentos filosóficos. Pero claramente yo no salí de la Universidad en ese momento, ni por ese motivo. Mi salida fue mucho más tarde, en 1989, cuando la Universidad Nacional me ofreció un contrato de dedicación exclusiva. De hecho, tampoco recuerdo que Mauricio Archila hubiera salido por esta circunstancia. A propósito, me parecería muy interesante que alguien se dedicará a revisar los archivos del Departamento, porque los documentos relacionados con éste y otros eventos deben seguir ahí y podrían ser utilizados para que, por ejemplo, un estudiante dedique su monografía de grado a la historia del Departamento.

2. La creación del Departamento de Historia en 1985

Historia Crítica: ¿Cómo se dio la creación del departamento en 1985?

Ana María Bidegain:

En cuanto a las motivaciones para crear el departamento, varias personas que ya he mencionado, teníamos claridad sobre la importancia del desarrollo de las Ciencias Sociales, y de la Historia en particular, para la modernización y transformación armoniosa que necesitaba el país. Además, en esa época no existía un departamento de historia que formara historiadores, al menos en Bogotá. Creo que sí lo había en el Valle. Como coordinadora del área de Historia consideré que me tocaba liderar ese esfuerzo, que en general todos los profesores de Historia vieron con buenos ojos. Por eso logré reunir a todos los que trabajaban en Filosofía y Letras, al menos administrativamente, sin mayor problema.

Lo que sí recuerdo es que yo veía claramente dos desafíos grandes y serios y otro que para mí era menor, que era la resistencia ideológica o celos personales de algunas personas. Entonces, uno de esos desafíos mayores para mí, era la consolidación de un equipo de trabajo, tratando de atraer profesores nuevos, pero que también exigía reunir a gente muy diversa que ya existía en la universidad. El segundo era lidiar con las autoridades académicas, convenciéndolas de que la parte financiera podría revolverse, porque con los cursos de servicios aportábamos significativamente a la Universidad. Nada de esto fue fácil, pero se fue logrando.

Además de los recursos humanos eran necesarios los materiales, especialmente los de biblioteca y archivo, mapas, lectores de microfilm, etc., y también máquinas de escribir y luego computador. En eso también recuerdo que invertí mucho tiempo, tanto en nuestra propia biblioteca consiguiendo nuevos libros, como tratando de hacer acuerdos con las instituciones que nos facilitaran el proceso y trabajo de nuestros estudiantes y profesores, como con la Biblioteca Luis Ángel Arango, la Biblioteca Nacional y el Archivo Nacional, que entonces funcionaba en la calle 24 en un ala de la Biblioteca Nacional.

La parte financiera y administrativa era para mí algo totalmente desconocido y debía lidiar con eso para demostrar que se podía sostener un departamento que formara historiadores. Además, empezamos a tener dificultades de espacio y también tuvimos que enfrentar la introducción de la informática y los usos que ésta podría posibilitar al desarrollo de los estudios históricos. Estábamos ubicados en una oficina en la esquina noroccidental del quinto piso del G; luego nos dieron la contigua, pero era muy difícil trabajar allí porque éramos muchos y cada vez los estudiantes tenían más interés en consultarnos y trabajar con nosotros fuera de clase.

Para entonces encontré un gran aliado en el Director Administrativo de la Universidad, Iván Trujillo. El era una de las personas que más conocía de computadores y además estaba formado en Historia. Me orientó mucho en este aspecto, pero sobre todo en la parte financiera de la cual tenía gran conocimiento y capacidad de decisión, además del interés de ayudarme a organizar un presupuesto que demostrara la viabilidad del departamento. Al mismo tiempo, por él supe de la compra de "unas casitas" al lado de la Universidad y en seguida me pedí "la rosada" y parte de la contigua, donde hasta ahora ha funcionado el departamento. Para esto su apoyo también fue decisivo.

La otra cosa importante era convencer a los directivos de la pertinencia académica de crear el departamento. Hubo mucha resistencia de Gretel Wernher en el Consejo de Facultad, pero el apoyo de Ignacio Abello, como director del Departamento de

Humanidades, y de Jesús Arango, decano de la Facultad de Filosofía y Letras (1980-

1984), posibilitó que pasara a las siguientes instancias y allí había que lograr el apoyo de Rectoría y Vice-rectoría académica.

Hubo un espacio que nos facilitó las cosas y fue la creación del Seminario Interdisciplinario de profesores de la Universidad, que fue puesto en marcha bajo la rectoría de Rafael Rivas. Fue un espacio extraordinario donde aprendimos mucho y de donde salieron los primeros números de la Revista Texto y Contexto, que eran el resultado del esfuerzo interdisciplinar de muchos profesores. Cada número se debía a un trabajo largo del seminario. En ese espacio conocí a los colegas y me hice conocer y hacer conocer nuestro proyecto y lograr apoyo entre otros profesores y decanos de otras Facultades. El seminario interdisciplinar también me abrió la puerta para poder dialogar y defender nuestro proyecto ante el Vicerrector académico, Manuel Rodríguez, y el Rector Rivas. El Rector contaba con una sólida formación y afortunadamente defendía la historia como una disciplina independiente y una Ciencia Social.

Cuando en 1984 se creó la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales y se nombró a Gretel Wernher como decana, entramos en problemas porque ella consideraba que la historia debía ser parte de las humanidades. La claridad y determinación del Rector Rivas fue la que logró que el proyecto no naufragara y se aceptara mantener la independencia del departamento y de la opción en historia, con miras a que poco después se creara el pregrado. Dadas las complicaciones políticas de finales de los sesenta y comienzos de los setenta, Gretel Wernher no quería un departamento independiente, ni considerar la Historia como Ciencia Social.

Como se ve, la creación del Departamento no fue fácil y exigió muchísimo trabajo

"diplomático" y de acercamiento a personas que yo no conocía ni tenía referencia
de ninguna clase. Cuando me preguntan por esta etapa de la "fundación" del departamento de historia, lo que más recuerdo es la escalera de piedra de la Rectoría,

"la de viajes que hice a convencer a Manuel Rodríguez para que nos apoyara y se lograra crear el departamento!!!".

Como anécdota sobre este período, recuerdo que en la oficina del quinto piso teníamos un sofá que nos gustaba mucho. Cuando nombraron a Gretel de decana, lo primero que hizo fue venir y llevarse el sofá... y lo forró de rojo y lo colocó en la decanatura que estableció por allá cerca de la capilla. La furia del departamento se calmó cuando conseguimos la casita rosada y salimos mejor librados...

Cuando estábamos preparando el pensum para el programa de pregrado recuerdo que todos trabajamos juntos y muy animados, viejos y jóvenes, pero ese momento se paró un largo tiempo porque hubo un cambio de rectoría. Arturo Infante, que fue rector por un período largo (1985-1995), dejó que los decanos reinaran en sus respectivas escuelas y en la decanatura de Humanidades y Ciencias Sociales, mientras estuvo Gretel Wernher (1984-1989 y 1990-1994), nunca se logró que pasáramos de la opción al pregrado. De hecho el pregrado se aprobó poco después de la llegada a la Rectoría de Rudolf Hommes y a la decanatura de Elsy Bonilla.

Fernán González:

En los años 1983 o 1984, efectivamente, Iván Trujillo fue una persona clave para nosotros. El nos indicó que se podía crear un centro de costo que permitiera mayor manejo administrativo y eso se hizo, lo que fue un paso importante para acercarnos a la creación de un Departamento. En esta coyuntura, pero sin recordar exactamente la fecha, también se abrió la opción en Historia que se ofrecía a los estudiantes de la Universidad.

Ignacio Abello:

Como director del Departamento de Humanidades, donde se juntaban los profesores de Historia en un área, fui actor de una reforma del Departamento que consistió en dar mayor autonomía a las áreas. De ahí se pudieron crear varios departamentos, entre los cuales estuvieron Historia y Música. También en ese momento se cambió el sistema financiero lo que benefició a Historia, ya que se pasaba de recibir ingresos por estudiantes matriculados en los programas, a contabilizar los ingresos según los estudiantes inscritos en los cursos. Como Historia ofrecía bastantes cursos de servicio, sus ingresos se dispararon. En cuanto al programa de pregrado, yo lo apoyé pero había resistencia, con argumentos académicos, de parte de la decana para aprobarlo, en particular porque consideraba que para abrir la carrera se debía contar con el profesorado necesario para su funcionamiento.

Hugo Fazio:

El Departamento de Historia nació en el quinto piso del edificio Franco. En ese entonces, los Departamentos de Ciencias Sociales se encontraban repartidos por toda la universidad. Originalmente tuvo dos oficinas en el rincón izquierdo del Edificio. Contaba con una profesora de planta, Ana María Bidegain, y carecía de planta administrativa. Las labores secretariales las realizaba la Secretaria de Ramón de Zubiría, quien estaba localizado al extremo derecho del mismo piso.

Sin duda que la creación del Departamento iba a tono con la necesidad que experimentaba la Universidad de desarrollar un acervo académico en el campo de las Ciencias Sociales. Cuando oficialmente se creó el Departamento, en el marco de la Facultad de Humanidades, dispuso de presupuesto y también de planta propia, aun cuando siguió careciendo de programas académicos, dado que las actividades docentes eran de servicio. En cuanto al proyecto de programa de pregrado, creo que la decana desconfiaba de las competencias académicas de los profesores.

En los ochenta no había participación, razón por la cual no había reuniones, ni se pertenecía a ningún comité. Realmente era una época agradable. Eso permitía que tuviéramos círculos de discusión que eran muy activos. En los noventa, la Universidad adoptó otra estructura, el departamento trabaja en varios frentes, y las funciones académico-burocráticas pasan a consumir buena parte del tiempo. Gloriosos eran los ochenta.

Historia Crítica: ¿Cuál era el equipo de profesores que tenía el naciente departamento?

Ana María Bidegain:

En cuanto a la consolidación del equipo, por una parte, llegó Hugo Fazio para dictar cursos de Historia de la Unión Soviética e inmediatamente logró demostrar su valía y se convirtió en un profesor estrella del departamento, a la par que fue muy constante y serio, consolidando su formación académica con la maestría en Historia y luego

su Doctorado. Por otro lado, se acercó también en 1985 Luis Eduardo Bosemberg, que acababa de terminar sus estudios en Heidelberg, que fue primero profesor de cátedra y luego se incorporó a la planta. En 1987 Suzy Bermúdez y Enrique Mendoza, quienes llegaban de la Universidad de Stony Brooke con sus maestrías, nos aportaron

la dimensión antropológica y consolidaron un nexo importante con ese departamento. Aunque tanto los nuevos como los ya vinculados eran personas valiosas, formar un equipo de trabajo no era cosa fácil. No obstante, paulatinamente todos apoyaron

la idea de trabajar juntos para consolidar una propuesta académica viable y posible con los recursos con que contábamos. Así que todos pasaron a formar parte del departamento, tanto jóvenes de entonces, como los profesores con mucha trayectoria, incluido Jaime Jaramillo.

Abel López seguía vinculado como profesor de cátedra al departamento y daba excelentes cursos de historia medieval y junto con Isabel Clemente atendían la historia universal. Iván Trujillo nos colaboraba con la Historia Antigua. Luego también nos colaboraron mucho María Carrizosa de López y Clemente Forero. Más tarde, contratamos a Ricardo Arias que luego terminó su formación en Francia. Tuvimos algunos profesores de cátedra en Historia Universal, como Vera Weiler, y en Historia Nacional a Medófilo Medina y César Ayala, pero por poco tiempo.

Daniel García era el coordinador y fue siempre un colaborador entusiasta que tuvo la iniciativa de la revista Historia Crítica en 1989, con quien siempre trabajé muy bien. Luego contratamos otros profesores como Juan Carlos Flórez y Fabio López de la Roche. Mi preocupación era que los profesores que se contrataban siguieran formándose y no se metieran tanto en política. Particularmente Daniel y Juan Carlos, muy brillantes pero que finalmente hicieron su opción de realizar trabajo político, también necesario, pero que no deja el espacio requerido para consolidar la academia.

De todos guardo un buen recuerdo personal y creo que son excelentes profesores. Que yo recuerde hubo contradicciones porque para mí era necesario que en Colombia y en los Andes en particular se consolidara la carrera académica, como existe en los Estados Unidos o en Europa. Además, considero que deben ser los académicos de carrera quienes la orienten administrativa y académicamente y que los que desean participar en cargos políticos mantengan la relación y aporten al departamento, pero no sean los que la dirijan, cuando la actividad política decae por alguna circunstancia. Como en toda actividad humana se dan roces porque la gente quiere ir formando sus liderazgos y a veces los temperamentos no se entienden. Por supuesto, la cuestiónde género suscitaba entre algunos muchos problemas, pero eso fue parte del costo que tuvimos que pagar por ser un departamento donde tantas mujeres hemos sido protagonistas.

Hugo Fazio:

Los primeros profesores de planta fueron Ana María Bidegain, Isabel Clemente y Abel López. Después se ubicaba una amplia gama de profesores, entre los que se encontraban Daniel García-Peña, Suzy Bermúdez, Luis Eduardo Bosemberg, Clemente Forero, Horacio Rodríguez Plata, Germán Arciniegas y yo. De otra parte, Jaime Jaramillo Uribe, quien trabajaba como docente de planta en la Facultad de Economía, fue trasladado al naciente Departamento de Historia. Había dos generaciones de historiadores. Los mayores que no habían recibido formación académica en historia y los más jóvenes, todos menores de treinta y cinco años, los cuales se habían formado en Departamentos de Historia en distintas partes del mundo: Europa, Estados Unidos y América Latina. Había investigación, pero ésta era individual; no había un claro apoyo por parte de la Universidad y, menos aún, algún tipo de exigencia en publicaciones.

Sin duda que lo más anecdótico eran las reuniones. En ese entonces la Universidad era muy vertical y había pocos espacios de participación de los docentes. Pero semestralmente se organizaba una reunión con todos los profesores del Departamento. Los mayores se sentaban a un lado de la mesa y los más jóvenes en la otra. Los primeros dictaban cátedra y los otros nos quedábamos callados, esperando a que se fueran para poder comentar libremente.

Jaime Jaramillo:

Ana María Bidegain estuvo dirigiendo el departamento por varios años. Yo llegué al departamento precisamente por un llamado de ella. Antes estaba vinculado a la Facultad de Economía, donde era profesor de Historia económica de Colombia y de Historia económica general. Ana María me invitó y me captó para el Departamento de Historia. Me dijo véngase, aquí le damos una buena oficina, no tiene sino que hacer un curso y hacer consulta con los profesores, y entonces me vine. Fue cuando comenzó mi vinculación al Departamento de Historia. La formación del profesorado era muy diversa, había que recurrir a personas que no tenían una formación en historia, pero que por algún motivo y por razones de su profesión tenían vínculos con la historia, como por ejemplo antropólogos, economistas, etc.

A finales de los años ochenta y cuando fui director del Departamento (1991-1992) había cierta tensión y tuve mis problemas con los profesores con relación a su participación política dentro de la universidad, sobre todo por involucrar en los cursos algún contenido político, parcial o confesional. Como lo había sostenido en la Universidad Nacional, consideraba que el profesor debía ser neutral ante los problemas de decisión política universal o local y que no se podía utilizar la cátedra para hacer proselitismo político, ni para politizar la enseñanza. Con eso tuve problemas aquí y en la Universidad Nacional.

Historia Crítica:

En una entrevista con Daniel García-Peña recientemente publicada, éste se refiere a su paso por la Universidad de los Andes, en los siguientes términos:

Un combo con el que creamos el departamento de Historia con Isabel Clemente y una serie de profesores que llegaron en esos años como Juan Carlos Flores [sic], Hugo Fase [sic], Luis Eduardo Borges [sic], Susy Bermúdez. Fue una época muy chévere, en 1984 me nombraron coordinador del Departamento de Historia y en el 85 asumí la dirección, primero como encargado y luego ya en propiedad[11].

Más allá de las inexactitudes en los nombres y fechas, se resalta en este párrafo la presencia de Daniel García durante el proceso de creación del Departamento, su papel como coordinador después de su establecimiento y que luego sucediera a Ana María Bidegain en la dirección, aunque en un momento posterior al año que indica y hasta 1991.

Otros apartes de la entrevista permiten aproximarse al tipo de problemática política que se vivía a finales de la década del ochenta y principios de la siguiente:

[…] para esa época llegó la Constituyente la séptima papeleta surge del movimiento estudiantil, no solo de los Andes por supuesto, pero los Andes ahí jugó un papel importante[12].

Yo fui asesor de la ADM 19 [Alianza Democrática Movimiento 19 de abril]

[…] El otro tema que trabajamos muchísimo fué [sic] el de la educación todo lo que tiene que ver con la participación de estudiantes y profesores de la comunidad universitaria en las decisiones de la universidad. Eso lo hicimos por todo lo que nos había sucedido en la Universidad de los Andes, donde no había movimiento estudiantil, no había gobierno estudiantil, no había organización de profesores. Todo lo que se hacía allá era subversivo […] Aunque yo seguí siendo profesor, el tiempo en la Universidad lo fuí [sic] reduciendo cada vez mas [sic] […][13].

Historia Crítica: ¿Cómo evolucionó la planta de profesores?

Ana María Bidegain:

Más tarde recuerdo la contratación de Adriana Maya, en 1993, Mauricio Nieto, en

1994, Ricardo Arias y Decsi Arévalo, en 1996 y Muriel Laurent, en 1997. Varios de ellos llegaron ya con doctorado terminado y otros con sus estudios de posgrado

en curso, de manera que su aporte ayudó a que el departamento se consolidara académicamente.

Alberto Flórez:

Mientras fui director durante el año 1993, eran profesores de planta Ana María Bidegain, Luis Eduardo Bosemberg, Daniel García-Peña, Juan Carlos Flórez, Suzy Bermúdez, Beatriz Castro, Isabel Clemente, Hugo Fazio y Jaime Jaramillo. Luego entraron Adriana Maya y Ricardo Arias.

Historia Crítica: ¿Cuál era la situación en cuanto a los cursos y a la investigación?

Jaime Jaramillo:

El departamento prácticamente no tenía especialización en ningún campo. El profesor

Hugo Fazio empezó a dictar el curso de Historia de la Unión Soviética, que se sumó a la cátedra de Historia de los Estados Unidos que dictaba Daniel García-Peña. Estas dos materias eran muy importantes, estábamos en plena época de la guerra fría y el conocimiento de la historia de esos dos países era una cosa esencial. No se pudo hacer lo mismo respecto a la historia de la China, entre otras cosas porque no había nadie que la pudiera dictar.

Los cursos tenían buena acogida en general. Nunca hubo por ejemplo reclamos de los estudiantes contra un curso, quejas por deficiencias del profesor. En general las personas que asumían esos cursos, aunque no fueran historiadores, ni hubieran hecho una carrera especializada, siendo antropólogos o politólogos o a veces juristas que habían tenido algún contacto con la historia, los asumían y solían dar buenos resultados. Se dictaban diferentes cursos, Historia Moderna, Historia de la Edad Media, Historia de Europa; en fin había un esquema de cursos bastante completo, bastante bueno. También había cursos de Historia de Colombia. Yo dicté durante varios semestres un curso de Historia de Colombia que se basaba sobre todo en los siglos XVIII y XIX. Cursos de América Latina no recuerdo que hubiera.

No había investigación de archivos porque, entre otras cosas, la carrera de historia se había iniciado muy pocos años antes en la Universidad Nacional y no habían salido todavía los primeros especialistas historiadores, de manera que investigación de archivos no había prácticamente. Yo creo que ningún profesor del departamento de los Andes lo hacía; eso viene posteriormente. Los estudiantes no investigaban en el archivo porque estaban aprendiendo las nociones, las bases elementales de historia, de manera que no tenía ningún sentido mandar a un estudiante de esos a un archivo.

Hugo Fazio:

Se participaba activamente en los cursos de contexto, pero el perfil de los cursos del departamento eran cursos generales de Historia de América Latina, Colombia en los diferentes períodos, Estados Unidos, Europa y, hacia 1987, se comenzaron a dictar cursos de Unión Soviética y el Tercer Mundo. Los enfoques eran variados, sin duda por la misma trayectoria académica de los docentes. Pero si uno quisiera privilegiar alguno, en los ochenta todavía se dejaba sentir el peso del marxismo. La historia acontecimental era una concepción predominante entre los docentes de la generación mayor, pero los más jóvenes se identificaban más con temas de tipo social, económico, cultural, etc. Todos los cursos tenían una amplia demanda y eran grandes dentro del promedio de la Facultad. Pero los estudiantes no eran historiadores por lo que las demandas sobre ellos no podían exigir presencia o investigación en archivos.

Ana María Bidegain:

Lo primero que publicamos antes de la revista Historia Crítica y como resultado de los materiales que había que hacer para los cursos (por los problemas grandes de biblioteca, sobre todo con relación a América Latina, porque sobre Europa y los Estados Unidos siempre ha estado más cubierto a pesar de las dificultades), creo que fue mi libro Nacionalismo, Militarismo y Dominación en 1983. Fue un soporte para los cursos e inmediatamente se agotó, pero no me preocupé de reeditarlo, por las dificultades personales que luego viví. Posteriormente vinieron los libros de Hugo Fazio y creo que, en esa época, estábamos muy preocupados por la historia del tiempo presente.

De los estudiantes recuerdo que por un lado tuve como asistente a Alberto Flórez, que estudiaba antropología, a quien logré animar para que se fuera a estudiar su maestría en Historia a Stony Brook. En ese tiempo, Brooke Larson nos visitó reclutando estudiantes y allí salió Alberto, para Nueva York, y luego fue profesor del departamento. Por otro lado, Mauricio Nieto era uno de mis mejores estudiantes, si no el mejor. Estaba en Filosofía y luego se fue a estudiar Historia de las Ciencias a

Londres y a su regreso el departamento lo contrató.

Mauricio Nieto:

Como estudiante de Filosofía en la Universidad tomé algunos cursos de Historia, recuerdo, por ejemplo, las clases de Ana María Bidegain sobre Historia de América Latina.

3. La creación de la carrera de Historia en 1996

Historia Crítica: ¿Cómo se dio la creación del pregrado en Historia que se abrió en el segundo semestre de 1996?

Mauricio Nieto:

Cuando ingresé al Departamento de Historia en 1994 éste era un departamento de servicios, es decir que dictaba cursos complementarios para otras carreras y era el único departamento de la Facultad que entonces no contaba con pregrado ni estudiantes propios. Se ofrecía una Opción en Historia, que tenía un grupo de estudiantes cercanos al Departamento. Era sin duda sorprendente que una Universidad del tamaño de los Andes, con programas de Filosofía y Letras, de Antropología, Lenguas Modernas, Ciencia Política y Psicología, no contara con un pregrado en Historia.

Muy rápido, tal vez demasiado pronto, se me solicitó bajo la rectoría de Rudolf Hommes y la decanatura de Elsy Bonilla asumir la dirección del Departamento. Esto era una situación algo extraña. Yo era entonces más joven que la mayoría de los profesores y asumir el papel de director en un departamento con profesores activos, con una experiencia de varias décadas y una obra considerable como Jaime Jaramillo, Ana María Bidegain o Hugo Fazio, o de profesores de cátedra que habían sido rectores de la Universidad como Mauricio Obregón, no dejaba de ser raro para mí. En un principio quise argumentar que eso no era lo mío, que yo quería escribir historia y no administrar un departamento. El rector, más administrador que académico, argumentaba que el logro de sacar adelante la carrera sería más satisfactorio que publicar un libro. Algo de razón hay en sus consejos, pero la verdad es que la carrera de historia no es el logro de nadie en particular, es el resultado del trabajo de muchos y en esos procesos mi tarea era más la de mediador. De cualquier manera ésta fue una experiencia importante y un reto interesante. Pronto me vi involucrado en muchos proyectos de la Facultad, tal vez el más importante y que podemos comentar aquí fue la apertura del pregrado en Historia.

El apoyo del Elsy Bonilla como decana y en particular del rector en ese momento fueron claves en el proceso. Desde las primeras entrevistas con Hommes, cuando se buscaba un director para el Departamento, el tema de un programa de pregrado fue un asunto de discusión. Hommes, sin ser historiador, tenía claro que la historia era un campo importante para la universidad y para el país y que un departamento sin estudiantes propios y un equipo de profesores, sin el reto de formar profesionales de su propio campo carecía de un espacio adecuado de desarrollo académico. En ese momento en la Universidad se debatía con intensidad el tema de visibilidad y reconocimiento internacional, como un claro parámetro de calidad de sus programas.

A pesar de que historia era un departamento pequeño y seguramente con deficiencias visibles, teníamos un argumento a nuestro favor y que el rector parece haber hecho propio de manera inmediata. La historia es un campo de enormes posibilidades para la investigación en el país sobre temas de relevancia internacional. Sin necesidad de una infraestructura tecnológica mayor, ni de costosos instrumentos, la historia de Colombia y América Latina, la riqueza de los archivos nacionales y regionales, y la complejidad de nuestros problemas sociales conforman un fértil campo de investigación. Nuestro pasado y presente son de por sí un rico y complejo laboratorio de reflexión social lleno de preguntas y retos científicos de frontera, importantes para el país y de clara pertinencia académica en cualquier parte del mundo. En la Universidad las facultades de Ingeniería y Ciencias tenían un gran peso, y resultaba atrevido insinuar que en el juego de la competitividad internacional las ciencias sociales tenían mejores opciones. Los desafíos teóricos y posibilidades de un trabajo empírico que presentaba la historia o la antropología, podría argumentarse, parecen tener mejores posibilidades en el mundo académico internacional que la ingeniería mecánica o la física de partículas. Estas comparaciones son odiosas y a mi juicio carecen de sentido, pero era necesario plantear la pregunta, aunque sonara imprudente.

Hommes  parece  haber  entendido  el  argumento,  tanto  así  que  solía  hablar  de  la necesidad  de  hacer  del  Departamento  de  Historia  "el  mejor  departamento  de historia de Colombia en el mundo". Nunca le escuché decir eso de Economía o de Administración de Empresas, campos que seguramente consideraba más importantes en la Universidad y que conocía mejor. Yo nunca hubiera dicho eso en voz alta, era una pretensión casi risible, de hecho no eran muchos los profesores del departamento trabajando sobre el país, pero era una idea provocadora. Han pasado diez años y no vamos a decir que esa idea sea una realidad, ni siquiera sabría si es una meta que debamos seguir, pero lo que sí puedo decir con satisfacción es que en diez años el Departamento ha cambiado visiblemente, el trabajo de investigación y docencia de los profesores, los estudiantes del pregrado y la maestría, sus tesis de grado, han hecho del Departamento algo muy distinto, y no parece posible cuestionar que seguirán cambiando, ganando fuerza y visibilidad nacional e internacional.

Volviendo al proceso de la implementación del pregrado, hay algunos puntos que me gusta recordar. En primer lugar que el proyecto no era un proyecto nuevo ni una idea de Hommes, ni de Elsy Bonilla y mucho menos mía. El departamento ya había presentado la iniciativa a la Universidad más de una vez enfrentándose con una resistencia que seguro sería interesante estudiar, pero sobre estos proyectos y sus enemigos pueden hablar otros profesores que los conocen mejor. De hecho, cuando asumí la dirección, desde el primer día y como compromiso con la rectoría estaba  la  idea  de  sacar  adelante  el  proyecto  del  pregrado.  En  el  Departamento estábamos lejos de tener consenso sobre el asunto, y más bien había un marcado escepticismo y poco ánimo para volver a defender la idea. Si no recuerdo mal, había más interés en proponer un posgrado. Algunos argumentaban, tal vez con razón, que estábamos mejor preparados para una maestría o una especialización que para formar historiadores. Un equipo docente dedicado a dar cursos para otras carreras no estaba preparado para abordar problemas teóricos y metodológicos que requiere un historiador. El manejo de fuentes o los debates historiográficos no eran los temas fuertes del departamento. Muchos de nosotros ni siquiera éramos historiadores de formación en el pregrado. Esa era una debilidad difícil de ocultar y la contratación de nuevos profesores era un costo que podría servir de argumento en contra de la viabilidad del proyecto.

Esa misma característica del cuerpo docente, su entrenamiento en disciplinas distintas como la antropología, la filosofía o la ciencia política, se presentó como una fortaleza y con un argumento bastante sensato: el pasado no puede ser el objeto de estudio de una sola disciplina y las demás ciencias sociales deben hacer parte de las herramientas de un historiador.

Así que el camino era largo y no había mucho tiempo. El proyecto debía ser aprobado por el Consejo del Departamento, el Consejo de Facultad, más adelante por el Consejo Académico y el Consejo Directivo. Debió ser objeto de una evaluación oficial frente al ICFES y otra de pares internacionales. Este último fue un requisito de las directivas de la Universidad y el proyecto se le remitió a David Bushnell. Sus comentarios fueron altamente positivos y creo que con razón. Seguramente por la ausencia de posgrados, en ese entonces los pregrados en la Universidad y en el país eran sobrevalorados y generalmente eran programas muy ambiciosos, que vistos desde afuera parecían más completos que muchos programas de pregrado en universidades norteamericanas o europeas. Los evaluadores del ICFES fueron más críticos y nos hicieron ver problemas claves, pero al mismo tiempo fueron muy solidarios con la idea.

Ya  no  me  acuerdo  cuántas  reuniones,  presentaciones  y  documentos  se  hicieron, cuántos cambios y cuántas peleas tuvimos que dar, pero esa fue una tarea a la que le dedicamos mucho papel, tinta y tiempo. Más que los pormenores burocráticos de este proceso, yo creo que siempre en el fondo existió un debate académico y político de enorme interés. ¿Para qué hacer un pregrado en historia? Esa es una pregunta que necesariamente nos conduce al problema de para qué sirve la historia, cuál es su función social. Más que los debates financieros, de costos, créditos, asignaturas, capacidad del cuerpo docente, demanda, requerimientos de infraestructura, detrás del proyecto había preguntas y razones de fondo que siguen siendo objeto de una reflexión necesaria y fascinante. La Universidad de los Andes como cualquier universidad y el país en general necesita de mejores historiadores para entender el presente. La universidad, sus profesores y estudiantes deben estar en capacidad de pensar el país y su lugar en el mundo de manera integral y no se puede dar el lujo de hacerlo sin historiadores. El debate, creo yo, no se limita a la pertinencia de una disciplina más de las ciencias sociales que se ocupa del pasado, sino que a juicio de algunos de nosotros y me atrevo a pensar que del rector, era un problema de toda la universidad. Los politólogos, los antropólogos, los economistas y también los ingenieros y los biólogos ganarían por tener en la Universidad un departamento de historia fuerte.

Yo para entonces usaba algunas reflexiones de Josep Fontana en su libro Historia: análisis del pasado  y  proyecto social.  Como  lo  argumenta Fontana  y muchos  otros, la historia es un poderoso instrumento político y es una permanente reflexión sobre el presente y el futuro. Tal vez por la innegable fuerza de esa afirmación la historia puede ser un campo polémico y no siempre deseable. Yo nunca vi en las directivas de la universidad, ni en ninguno de los debates un argumento explícito de esta naturaleza, pero también es cierto que el cuerpo docente de Historia tenía una imagen de ser un grupo de izquierda, o por lo menos muy politizado. Eso era cierto y de hecho algunas de las personas más visibles del departamento lo dejaron para trabajar en política, Daniel García-Peña y Juan Carlos Flórez, por ejemplo. Sobra aclarar que la importancia política de la historia va mucho más lejos que las aspiraciones o roles políticos específicos de algunos de nuestros colegas. Realmente no tiene nada que ver con eso. Es mucho más político, en un sentido amplio de la palabra, un buen historiador, que un senador o un alto funcionario público. Personalmente creo que ese mismo argumento, sobre la importancia política de la historia y de los historiadores, que pudo generar resistencia y malos entendidos cuando se hicieron las anteriores propuestas de un pregrado de historia en los Andes, fue positivo en los debates que condujeron a abrir la carrera en 1996. Bueno eso quisiera pensar.

Tuvimos muchos temores y un lío legal en el momento de abrir la carrera: por un lado si no aparecían suficientes estudiantes interesados, todo por lo que se había peleado sería un gran fiasco. No fueron muchos, pero sumados a los ya interesados de la Universidad en hacer doble programa, cumplimos a ras con las metas. Pero el susto mayor fue que a la hora de ofrecer la carrera en la prensa, ya con los afiches impresos (en la carátula de este número) y algunos aspirantes interesados, Hommes me llamó y, con uno de sus asesores jurídicos, me explicó que no se podía ofrecer el pregrado ese semestre. No se podían recibir estudiantes sin un número de aprobación del ICFES. Ya sabíamos -por teléfono- que se había aprobado, pero no teníamos la resolución en papel ni el número para publicar en el periódico. Para mí era un papel sin importancia, pero claro sencillamente no era correcto salir a ofrecer un programa académico sin el decreto correspondiente de aprobación. Tampoco era el momento para detener o posponer el proceso, frenar la convocatoria tenía sabor de fracaso. Yo creo que el rector me vio tan desconsolado que se puso a trabajar con los abogados y buscar la manera de lanzarnos sin incurrir en algo ilegal. Tampoco me acuerdo de los términos exactos de la salida legal. Yo hablé con cada uno de los aspirantes, les expliqué la situación y los recibimos. Un par de semanas después ya teníamos el número de aprobación y un pequeño grupo de primíparos mimados como hijos únicos.

Hommes casi siempre me invitaba a su oficina a planear las reuniones. Seguramente sabía que había resistencia de alguna parte y, sin duda, era hábil en sacar adelante lo que quería. Me daba instrucciones, me advertía de posibles obstáculos, me daba confianza. Ya sé que en lo que cuento se puede notar simpatía por un rector que no todo el mundo tuvo razones para admirar; yo creo haber aprendido mucho de él y en lo que a este tema se refiere fue un rector que creyó en el departamento de historia casi incondicionalmente y hay que reconocerlo con gratitud. El rector tenía ideas propias y controvertidas, pero en general lo vi como una persona con capacidad de escuchar.

Historia Crítica: ¿Qué cursos se consideró importante incluir en el programa de pregrado?

Jaime Jaramillo:

Teniendo en cuenta la mala formación, la ignorancia sobre la historia tanto universal, de Latinoamérica y nacional con la que llegaban los estudiantes a las universidades, yo sostenía que había que hacer ciertos cursos más o menos convencionales de historia. Por ejemplo, que había que hacer un curso de historia de América que comenzara con la historia colonial y siguiera con la historia del siglo XVIII y del XIX, es decir, que había que conocer bien la historia de América Latina. Yo insistí mucho también, sobre todo cuando se estructuró la carrera de historia, en que los estudiantes deberían tener una formación general en lo que se llamaba historia universal, incluía un curso de la Antigüedad, de la Edad Media europea y de la época de la Revolución Industrial en Europa. Me parecían tres etapas que eran indispensables para tener una visión de la historia. Ahora considero que también debería haber un curso de historia de la China y del Japón, saber por qué llegaron esos países a ser lo que son y a jugar el papel que están jugando en el mundo actualmente. Ese es otro conocimiento que debe tener una persona con una cultura histórica más o menos buena.

Mauricio Nieto:

Otra pregunta que debíamos responder con claridad era qué tipo de historiadores queríamos  formar,  y  cuál  era  el  entrenamiento  básico  que  debían  tener.  En  el Departamento  estaban  todos  los  extremos,  la  idea  de  una  cobertura  cronológica exhaustiva, la concentración en temas colombianos, la importancia de la teoría y de otras Ciencias Sociales, lo esencial del trabajo de archivo y el manejo de fuentes. Yo creo que con el tiempo hemos llegado a un acuerdo equilibrado, pero al inicio del programa, un poco por convencimiento (de mi parte por lo menos) y en parte por mera necesidad, se argumentó que la historia en los Andes se beneficiaría de una perspectiva interdisciplinaria que no sólo podrían ofrecer los profesores del departamento, sino los otros departamentos de la Facultad. La idea de un programa flexible en el que los estudiantes podían aprovechar seminarios y cursos de otras carreras y la idea de doble programa con Historia creo que ayudaron a mostrar que la Universidad sí podía ofrecer un pregrado con ventajas sobre otros de mayor trayectoria en el país.

Historia Crítica: ¿Cuál era la situación en cuanto a investigación y publicación?

Mauricio Nieto:

El Departamento tenía, desde mi punto de vista, una fortaleza notable, la revista Historia Crítica. En ese momento estaba suspendida su publicación, yo me ofrecí para hacer un número especial de Historia de la Ciencia (el número 10) y el Consejo del Departamento aceptó, pero con la condición de que asumiera la dirección de la revista. Como todos los que han asumido esa responsabilidad saben, la edición de una publicación es una actividad que exige mucho tiempo y trabajo, pero que deja muchas satisfacciones. Es una forma de ver de manera concreta y real los productos del trabajo académico, es un espacio privilegiado de reflexión y de aprendizaje.

La única vez que tuve que discutir con Rudolf  Hommes fue cuando quiso cerrar la revista Historia Crítica con argumentos financieros. Yo en ese entonces, como ahora, considero que la revista es una de las mayores fortalezas del departamento; de hecho creo que la Universidad debe prestar más atención a sus publicaciones, finalmente es lo que la hace visible como un lugar de investigación y producción de conocimiento.

Yo ya sabía de qué se trataba la reunión y me llevé setenta argumentos y una terquedad que terminó en un trato, algo sobre la autonomía y financiación de la revista. No sé si cumplimos exactamente lo prometido, me temo que no, pero a Hommes se le olvidó y la revista está aquí y es una publicación mucho más robusta y mejor elaborada de lo que era entonces, una de las revistas de Historia más importantes y estables del país.

4. La situación actual del Departamento

Historia crítica: ¿Cómo ve la situación actual del Departamento?

Mauricio Nieto:

El cambio ha sido enorme. La "casita rosada", la sede del departamento, es hoy el lugar de muchos estudiantes de historia y ese solo hecho es un cambio importante. Ahora siempre hay en los pasillos rostros y nombres familiares. Pero mucho más significativo es la tarea de formar historiadores, docentes o investigadores con intereses y proyectos propios. Yo he asistido a una docena de defensas de tesis y sin temor a idealizaciones creo que todos estos trabajos de grado han hecho aportes originales. La preparación de seminarios y cursos para historiadores resulta mucho más exigente y divertida y estoy seguro que eso ha cambiado de manera positiva el trabajo de varios de nosotros. Todavía encuentro estimulante dar cursos para otras carreras, pero nunca es lo mismo que tener grupos de estudiantes que ven en la historia, en nuestro oficio, una opción de vida.

Diana Bonnett:

Actualmente, la formación de los profesores del Departamento se caracteriza por ser muy variada. De los trece profesores que tiene el Departamento, nueve poseen título de doctorado. Los cuatro restantes tienen título de Maestría y uno de ellos está en la fase final de consecución de su doctorado. Nueve han recibido sus títulos en universidades europeas, tres completaron su formación de posgrado en universidades de los Estados Unidos y yo soy la única con un doctorado en Latinoamérica. La formación que han recibido, las escuelas de historia de las que provienen y su inserción en el pregrado y en la maestría, provee al Departamento de un conjunto de profesores muy variado y con diferentes visiones acerca del trabajo investigativo. Esto hace que el Departamento tenga un perfil muy interdisciplinario.

Una de las características del Departamento es que sus profesores no son graduados únicamente  en  Historia,  sino  que  han  tenido  formación  en  diversos  campos;  a excepción de dos o tres casos que hemos tenido formación estrictamente en Historia, la mayoría se ha relacionado con otras áreas del conocimiento; los profesores provienen

de  otras  áreas  las  Ciencias  Sociales  como  Filosofía,  Ciencia  Política,  Educación, Economía,  Relaciones  Internacionales,  Antropología,  Geografía  y  estudios  sobre Migración. Este factor influye en que sus perfiles investigativos sean muy variados y que sus publicaciones se refieran a muy diversos tópicos del conocimiento. La diversidad también favorece su tarea docente, ya que sus cursos ofrecen diversos enfoques.

En los últimos tres años se han contratado tres nuevas profesoras. Una de ellas, la profesora Margarita Garrido, dirige el programa de Maestría en Historia y su campo de estudio es la Cultura Política Colonial. Las otras dos profesoras, Claudia Leal y Marta Herrera son doctoras en Geografía. A su cargo ha estado la creación de la opción en Geografía y en este momento proyectan la Maestría en Geografía. El próximo agosto de 2006 se incorporará al Departamento uno de los primeros egresados, quien este año culmina su doctorado en la Universidad de Wisconsin [se trata de Camilo Quintero, quien publica un artículo en este número de Historia Crítica]. A su cargo estará la asignatura de Historia de Estados Unidos y colaborará con Mauricio Nieto en los cursos de Historia de la Ciencia.

En cuanto a los cursos, la misión del Departamento y de la carrera -desde su creación ha sido ofrecer cursos abiertos a toda la Universidad. Estas materias han tenido una muy buena recepción y a través de ellos los estudiantes se han interesado en hacer el doble programa o la opción en Historia. En el Año Básico en Ciencias Sociales, el Departamento de Historia ha tenido una presencia muy activa. Allí se ofrecen cursos de Introducción al programa y se ha tenido una presencia activa en las áreas de Filosofía e Historia de la Ciencia, Historia de Colombia y Temas colombianos. Como materias especializadas de Historia, se ofrecen cursos en las áreas de métodos de  investigación  histórica,  teoría  de  la  historia  y  los  seminarios  temáticos  y  de investigación. El Departamento también incluye en su plan de estudios los cursos de Geografía de Colombia y de Geografía general, un curso de Etnohistoria y en los períodos intersemestrales, desde hace unos años, se ha abierto un taller gratuito de Paleografía para los estudiantes que quieran ampliar su conocimiento de las escrituras de los siglos XVI, XVII y XVIII.

Los cursos propios del programa varían semestre a semestre según sus áreas. En la medida en que ha crecido el Departamento se han ofrecido nuevos cursos con enfoques particulares, según la especialización de cada uno de los profesores. Por ejemplo se han ofrecido cursos sobre Raza y Nación, la Historia de la Ilegalidad en Colombia, la Historia de los Viajes de Exploración Científica, un seminario sobre Pensamiento Geográfico y otro sobre Cultura Política en la Colonia; un curso sobre la Historia de la Dominación y la Resistencia en Colombia y otro sobre Historia y Sociedad Global. Todos estos cursos proponen enfoques y metodologías diferentes, que tienen que ver con el problema que se trata y con la orientación propia del profesor que lo ofrece. Lo que sí es importante anotar es que las tendencias historiográficas de  los  profesores  provienen  en  parte  de  las  escuelas  donde  han  sido  formados, pero  han  sido  actualizadas  mediante  la  consulta  de  la  producción  histórica  más contemporánea.

La recepción de los estudiantes es positiva, pero a la vez crítica sobre los cursos. Muchos vienen con una idea muy tradicional de la Historia, y con los semestres van cambiando su apreciación sobre la disciplina. Su tendencia es a preferir los cursos teóricos, pero les gustan mucho los talleres y los cursos de investigación. En términos cuantitativos son más los estudiantes que ingresan al programa por haberlo conocido dentro de la Universidad, que los que llegan directamente del colegio. La calidad académica de los estudiantes de doble programa enriquece mucho al Departamento y siempre jalonan los procesos de aprendizaje.

La investigación del historiador requiere de la búsqueda constante de fuentes. No obstante la carga docente, los profesores continúan sus investigaciones y se valen de sus asistentes graduados para la búsqueda de la información. De tal manera que el archivo es un lugar muy importante en el oficio de los profesores, pero éste se amplía

a otros lugares de consulta permanente, tales como los museos, las hemerotecas, instituciones públicas y bibliotecas, que en sentido amplio son otros "archivos" para

el historiador.  En  las  bibliotecas revisan  especialmente sus repositorios  de libros raros y manuscritos. Es decir, las fuentes del historiador se encuentran en diferentes lugares que constituyen su Archivo.

Los estudiantes investigan no sólo en los Archivos oficiales, sino en archivos particulares, en el Fondo Documental del Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH) y en las Bibliotecas de la ciudad. En oportunidades han necesitado salir de la ciudad con el fin de investigar en Archivos regionales, especialmente en Antioquia y Cartago. En la Biblioteca Luis Ángel Arango y en la Biblioteca Nacional hacen consultas permanentemente. La Hemeroteca Nacional y las Bibliotecas de las otras Universidades de la ciudad también son sitios de visita asidua de los estudiantes.

5. Las etapas claves según los entrevistados

Historia Crítica: Si tuviera que resaltar las etapas claves que ha conocido la Historia  en  la  Universidad  desde  que  usted  está  vinculado,  ¿qué  momentos subrayaría?

Hugo Fazio:

A mi juicio, las etapas más importantes fueron la creación misma del Departamento n 1985 y la creación de la revista Historia Crítica en 1989; después, el fortalecimiento del cuerpo docente con profesores de planta a comienzos de los noventa, la apertura de la carrera de historia en 1996 y recientemente la apertura de la maestría.

Mauricio Nieto:

La decanatura de Francisco Leal le hizo mucho bien a la Facultad y, por lo tanto, al

Departamento. Yo creo que Francisco le dio a la Facultad un lugar en la Universidad, en el Consejo Académico, distinto, más equilibrado frente a otras facultades que posiblemente miraban las de Ciencias Sociales como una facultad menor, como un complemento de "cultura" para carreras más técnicas. Eso se reflejaba por ejemplo en los salarios de los profesores.

Sin duda otra transformación notoria la trajo la reciente apertura de la maestría. Tener estudiantes de posgrado, ofrecer seminarios para ellos, dirigir sus trabajos de grado es algo que tiene un efecto importante sobre los profesores. La coordinación de Margarita Garrido ha sido, sin duda, determinante para el éxito de este programa.

Diana Bonnett:

En  cuanto  a  las  etapas  recientes  que  ha  atravesado  el  Departamento  se  puede mencionar, en orden cronológico, la evaluación internacional del Departamento por parte de Sabine McCormack y Tamas Tzmrtzanyi en 2001, la cual arrojó resultados muy satisfactorios; la apertura de la Maestría en 2004, que ha tenido una positiva recepción hasta el momento; y la reciente Acreditación del Programa, que fue un reconocimiento al trabajo diario de cada profesor y del equipo administrativo del Departamento.

Como momentos satisfactorios se pueden señalar la participación entusiasta de los estudiantes a las Convocatorias de Proyectos de Monografía de Grado que organiza el Centro de Estudios Socio-Culturales de la Facultad (CESO), la premiación de Juan

Andrés León en el Concurso Otto de Greiff, la participación del Departamento en el proyecto de la reconstrucción de la historia del espacio físico de la Universidad, y para mí personalmente, la colaboración de Jaime Jaramillo Uribe en mis dos primeros años dirección.





[1] Probablemente se refiere a López Toro, Alvaro, Migración y cambio social en Antioquia durante el Siglo Diez y Nueve, Bogotá, CEDE - Uniandes, 1970, 101 pp. «« Volver

[2] Universidad De Los Andes, Universidad de los Andes, Bogotá - Colombia, 1948-1988, Bogotá, EdicionesUniandes, 1988, pp. 34-35. «« Volver

[3] Aldana Valdés, Eduardo, Parábola del retorno a los Andes, Bogotá, mayo de 1991. http://industrial.uniandes.edu.co/antigua/gente/Profesores/PaginaAldana/parabola_del_retorno_a_los_andes.htm, consultado el 23 de mayo de 2006. «« Volver

[4] Universidad De Los Andes, Universidad de los Andes, Bogotá - Colombia, 1948-1988, Bogotá, Ediciones Uniandes, 1988, p. 35. «« Volver

[5] Ibid, pp. 35 y 47. «« Volver

[6] Ibid., p. 47. «« Volver
[
7] Ibid. «« Volver

[8] Colmenares, Germán, Partidos políticos y clases sociales, Bogotá, Ediciones Universidad de los Andes - EditorialRevista colombiana Ltda., 1968, 190 pp. «« Volver

[9] Gonzalez, Margarita, El resguardo en el Nuevo Reino de Granada, Bogotá, Universidad Nacional de Colombia,1970, 197 pp. «« Volver

[10] Probablemente se refiere a Rodriguez Becerra, Manuel, El empresario industrial del Viejo Caldas, Bogotá,Uniandes - Facultad de Artes y Ciencias - Comité de Investigaciones, 1979, 219 pp. «« Volver

[11] "Entrevista con Daniel García Peña Jaramillo", en La Macarena, Bogotá, mayo-junio 2006, p. 2. «« Volver

[12] Ibid., p. 2. «« Volver

[13] Ibid., p. 3. «« Volver

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