¿Pueden establecerse en nuestro país paralelos entre la violencia actual y
la violencia vivida a mediados de siglo? Un análisis comparativo de la
violencia en Colombia durante los períodos 1945-1950 y 1984-1988, y su
relación con otros fenómenos, como desarrollo económico, sindicalismo,
gaitanismo y narcotráfico.
1. INTRODUCCIÓN
En la literatura histórica y sociológica sobre la violencia se diferencian
claramente los momentos de síntesis y las aproximaciones monográficas.
Cuando se alude a los primeros se hace referencia a obras como la de Guzmán,
Fals, Umaña, 1962; Paul Oquist, 1978; y en cierto modo Colombia:
Violencia y Democracia, 1986.
[1]
Sin embargo, tiende a predominar la fragmentación de la Violencia como
objeto de estudio. Tal fragmentación ha asumido de manera sucesiva la
modalidad de regionalización
[2],
separación de "temas"
[3] de la Violencia, e incluso una
especie de parcelación. Esto último se percibe en la tipología que se
desarrolla en el informe de la Comisión Interdisciplinaria: Violencia
Política, Violencia Urbana, Violencia Organizada, Violencia Familiar, etc.
Frente a cada una de esas manifestaciones de violencia se propusieron
políticas y soluciones específicas. Desde luego no se trata de
"deformaciones", de una especie de desviación del espíritu científico. Son
momentos necesarios ambos en el proceso de investigación. Una y otra
perspectiva se requieren mutuamente, se
retroalimentan. Hoy no se trata de volver a "la era de las grandes
explicaciones causales", como señalaba Daniel Pecaut. Más bien habría
necesidad de abordar el examen de los rasgos comunes, de los nudos de
confluencia de las diversas "violencias" o "fenómenos de violencia" según
sea la expresión que se prefiera. Parece sugestivo afrontar ciertas
relaciones entre procesos diversos. En el presente ensayo se intenta abordar
relaciones entre la violencia y otros fenómenos globales bajo los siguientes
enunciados: Violencia y desarrollo económico, violencia urbana y rural, y
violencia y alternativas populistas. En estos tres momentos está presente la
inquietud por aprehender lo específicamente urbano de los procesos de
violencia en Colombia. Se abordan los anteriores enunciados desde una
perspectiva comparativa de la violencia en los períodos 1945-1950 y
1984-1988.
2. VIOLENCIA Y DESARROLLO ECONÓMICO: DOS COYUNTURAS, 1945-1950, 1985-1988
2.1 Economía y Violencia 1945-1950
La Violencia de mediados del presente siglo se precipitó sobre Colombia
al tiempo que ésta entraba en una fase de crecimiento económico acelerado
[1945-1953]. Era justamente el mes de octubre de 1949 el menos indicado para
que un colombiano lanzara comentarios optimistas sobre la suerte de su país.
En efecto, tuvieron lugar una serie de matanzas colectivas que anunciaban
con los métodos del terror la proximidad de las elecciones presidenciales
que se celebrarían en el siguiente mes. Sin embargo, imperturbable, el
presidente de la Asociación de Industriales, ANDI, refiriéndose al estado de
la economía señalaba: "He repetido muchas veces en las últimas semanas mi
concepto sobre el particular, que es muy optimista y que se basa en hechos
concretos, como son el precio del café, los aumentos muy considerables en la
producción agrícola e industrial, la oportunidad de los pagos
internacionales y el equilibrio de la balanza de pagos"
[4].
Quizá de manera menos esquizoide que su antecesor, el presidente de la ANDI,
Fabio Echeverry Correa, declaraba sibilinamente a comienzos de 1987: "La
economía va bien, pero al país le va mal". La Violencia había adquirido las
formas enrarecidas de la guerra sucia. La simultaneidad de Violencia y
expansión de la economía en épocas distintas sugiere relaciones más
profundas que las de la simple coincidencia en las dos series de fenómenos.
Desde luego, no hay razón para proponer, al menos a nivel nacional, la
acción de "estrategias intencionales" en esta asociación entre bonanza
económica y altos índices de violencia política. Se trata de movimientos más
complejos que superan, las más de la veces, a sus agentes sociales.
A mediados del decenio de los cuarenta, y luego de una etapa de recesión,
los índices económicos se dispararon hacia arriba. Entre 1945 y 1949 el
producto interno bruto, el producto interno per.cápita y el ingreso nacional
bruto se incrementaron a una tasa anual de 5.9%, 3.6% y 7.5%,
respectivamente
[5]
. Entre 1945 y 1953 la industria creció a la tasa record anual del 9.2%. La
agricultura vio aumentar el volumen de producción en un 77% para 1948 y en
113.8% para 1949
[6]
Por el mismo tiempo, la economía colombiana fue objeto de dos
procesos: monopolización, y reactivación y diversificación de la penetración
del capital extranjero, particularmente del norteamericano [7]
. Sin embargo, en el presente trabajo se mantienen como variables centrales
de análisis la pareja crecimiento económico y Violencia.
Al paso que los índices anteriores y muchas otras cifras que no se han
consignado en las presentes páginas reflejaban el buen suceso de la
economía, la Violencia avanzaba inexorablemente. Desde 1947 la mayoría de
los Departamentos registraban hechos violentos. En las ciudades se reprimían
manifestaciones obreras. Las concentraciones gaitanistas también cosechaban
víctimas. A finales de 1949 ocurrieron verdaderos genocidios como los de
Belalcázar, en el Cauca; El Playón, en Santander; Betania, Ceilán y San
Rafael en el Valle del Cauca; Arauca en Caldas. En
Cali tropas del ejército realizaron la masacre e incendio de la casa
liberal.
Según la distribución cronológica de los muertos por la violencia, a
la segunda mitad de los años 40 correspondieron las siguientes cifras [8]:
AÑO
MUERTOS POR LA VIOLENCIA
1947
13,968
1948
43,557
1949
18,519
1950
50,253
En total cayeron en los cinco años 126,297
victimas.
Desde el inicio de los años cuarenta empieza a cristalizarse una
coincidencia en la élites económicas y políticas colombianas sobre la
necesidad de desmontar la "ideología de la regulación estatal" en aras de la
adopción explícita de un esquema liberal de gestión económica y social. La
crisis que sacude al régimen político entre 1943 y 1945 y que sirve de
antesala a la Violencia estaría condicionada por los desajustes y
movimientos de acomodamiento que sacuden a la sociedad y al sistema
político. Daniel Pecaut ha documentado y conceptualizado bien las
implicaciones y modalidades de este cambio de rumbo.
[9]
Del compromiso entre élites burguesas y clases populares a la represión
sindical durante el gobierno de Lleras Camargo
La abstención de la intervención estatal en favor de un modelo económico
liberal se dio simultáneamente a un cambio de enfoque
sobre el nivel de participación política de los movimientos sociales. En el
año 36 se había producido una especie de compromiso
histórico entre una constelación de élites burguesas y un conjunto de
fuerzas representativas de sectores populares y medios. Dicho compromiso
acordó un espacio, ciertamente limitado, al sindicalismo y consagró unas
formas de comunicación política de tipo paternalista entre el gobierno y los
trabajadores organizados.
La iniciativa en estos cambios la tomaron los gremios económicos; en primer
lugar, el de los grandes cafeteros, a través de la Federación Nacional de
Cafeteros, y en segundo lugar los industriales y los comerciantes. Los
primeros formalizaron su sindicato, la ANDI, en 1944 y los segundos lo
hicieron con FENALCO en 1945. Los gabinetes ministeriales después de 1943 no
reservarían carteras para "audacias menores de treinta años" ni contarían
con el concurso de periodistas brillantes o de profesionales sin mayores
vínculos con poderosos intereses económicos. Los ministros en el segundo
gobierno de López, 1942-1945, o en el de Ospina Pérez, 1946-1949, serían
advertidos financistas, sólidos empresarios o abogados de compañías
petroleras extranjeras.
La renuncia del Presidente López Pumarejo el 19 de julio de 1945, y la
escogencia hecha por el Congreso de Alberto Lleras Camargo para sucederle,
culminaron el cambio de rumbo de la política y del Estado. Pocos meses
después, el nuevo Presidente aprovecharía la ocasión de mostrar claramente
el sentido que tendrían los cambios con respecto a los movimientos sociales.
A comienzos de diciembre de 1945 los trabajadores del río Magdalena
agrupados en FEDENAL, filial de la CTC, se declararon en huelga. El
movimiento fue declarado ilegal por el Ministerio de Trabajo, al paso que el
18. al día siguiente de iniciado, el Presidente de la República declaraba
que era preciso eliminar una supuesta "creencia nacional" en la existencia
de dos gobiernos, uno en Bogotá y otro en el río Magdalena. La declaración
presidencial respaldó la intransigencia patronal y avaló la represión
militar a los huelguistas. Los voceros de los gremios patronales y los
dirigentes de los partidos aplaudieron la conducta oficial.
El conflicto del río Magdalena ofreció al gobierno excepcionales
posibilidades para presentar de manera enequívoca frente a los trabajadores
y a la opinión nacional cuál sería en adelante la conducta oficial en el
tratamiento de las relaciones obrero-patronales y la posición hacia la
organización sindical. En efecto, FEDENAL era la organización más importante
de CTC, hasta entonces central única. Los trabajadores a ella afiliados,
habían alcanzado las mayores conquistas sindicales. La represión a FEDENAL
afectaba notablemente la influencia del partido comunista en la organización
sindical. Al tiempo se asestaba un golpe a la CTC, al debilitar su
federación más importante. Por todo lo anterior el tratamiento de la huelga
de los trabajadores del río Magdalena tuvo un inocultable efecto de
demostración.
Ya antes de la huelga anterior había sido declarado ilegal el paro general
convocado por la CTC en solidaridad con la huelga de textiles Monserrate,
que se había prolongado sin éxito para los trabajadores, por espacio de dos
meses.
La ofensiva antisindical se desenvolvió en varias direcciones entre 1945 y
1950.
1. Ilegalización de huelgas
2. Represión militar a manifestaciones obreras principalmente en Bogotá y
Cali. Como resultado de esa represión se producirían víctimas.
3. Ofensiva legal contra la CTC, que fue sometida a demandas
entabladas por iniciativa oficial y cuya personería jurídica fue
suspendida
4. Estímulo a la división de la CTC que se fracciona temporalmente en su VII
Congreso realizado en Medellín en agosto de 1946.
5. Autorización por parte del gobierno a los despidos
de trabajadores, que fueron particularmente numerosos
en 1947.
6. Amparo al paralelismo sindical que se expresó en protección a la
fundación de una nueva central obrera, la UTC, que surgió bajo los auspicios
de la Iglesia el 16 de junio de 1946 y fue reconocida legalmente en 1949
luego de que el gobierno del Presidente Ospina, mediante el Decreto 2785,
derogara las disposiciones que prohibían el paralelismo sindical.
Esa política que se iba plasmando en medidas concretas avanzaba en medio de
una campaña ideológica que denunciaba el sindicalismo y lo descalificaba
como factor independiente en el sistema político. No faltaron en este
concierto las voces de la jerarquía católica a través de prelados como el
Arzobispo de Medellín García Benítez y Miguel Ángel Bulles, Obispo de Santa
Rosa de Osos, quienes habían prohibido a los trabajadores, bajo pena de
excomunión, afiliarse a FEDETA, filial en Antioquia de la CTC.
Los sectores del sindicalismo agrupados en la CTC resistieron la ofensiva
antiobrera. Esa resistencia se expresó entre 1945 y
1950 en los siguientes aspectos:
"El sindicalismo
desapareció
como referente simbólico
para numerosos sectores
urbanos, los cuales
quedaron entonces
a merced de
la confrontación
política sectoría
partidista".
1. Incremento del movimiento huelguístico. Las
huelgas no bajaron entre 1945 y 1948 de 20 por año, lo cual señala un
promedio relativamente alto en el movimiento huelguístico de los años
treinta y cuarenta.
2. Reiteración de la convocatoria a huelga nacional por parte de la CTC y a
huelgas regionales por parte de sus federaciones. Algunos de esos
llamamientos se llevaron a la práctica.
3. La radicalización de sectores obreros, como el de los trabajadores del
petróleo que enarboló las exigencias de la nacionalización del petróleo.
El gaitanismo como canalizador de violencia. El asesinato de Gaitán y la
violencia como método de enriquecimiento
La desarticulación de la ideología de la regulación estatal, el proceso de
adopción de un esquema liberal, con la consiguiente reducción del papel de
los sindicatos, encontró entonces una resistencia en los trabajadores. Al
tiempo, como se verá adelante, amplios sectores populares encontraron en el
movimiento gaitanista un polo de identificación político. Simultáneamente,
al viraje regresivo de las élites respondía una radicalización popular. Los
ejes de las resistencias popular, sindical y política avanzaron sobre
lógicas distintas y a menudo enfrentadas.
Al examinar el curso que tomó el proceso político después de 1945 lo
evidente es el avance de la ofensiva anti-popular y
el debilitamiento del sindicalismo. Este último llegaría a ser
definitivamente despejado como factor político. Con su derrota fue eliminada
una instancia capaz de encausar conflictos. El sindicalismo desapareció como
referente simbólico para numerosos sectores urbanos, los cuales quedaron
entonces a merced de la confrontación política sectaria bipartidista.
La radicalización política a través del gaitanismo sería interrumpida
abruptamente con el asesinato de Gaitán el 9 de abril de 1948. Así la
violencia que no había dejado de avanzar desde 1945 no tendría ahora diques
de ninguna clase. Ciertamente después de 1948 esa violencia sería
preferentemente un fenómeno rural. Su gestación había sido urbana y sus
primeras fases habían sido igualmente urbanas y rurales.
Después de 1948 la asociación violencia y expansión económica aparecerá de
manera nueva. Si entre 1946 y 1949 la ofensiva
antisindical aseguraba altas tasas de ganancia, ahora el asesinato, la
amenaza, el éxodo, aseguraban en algunas regiones diferentes formas de
acumulación de capital. Para las zonas cafeteras Jaime Arocha, y
particularmente Carlos Miguel Ortiz, han documentado convincentemente la
manera como se produjo una recomposición de los propietarios. Una franja
compuesta por profesionales, comerciantes de las cabeceras municipales,
fonderos, agregados-mayordomos, pudieron dominar la esfera de la
comercialización del café y convertirse en fuertes eslabones de los
"negocios de la Violencia"
[10]
En el norte del Valle de Cauca, en la región montañosa de Departamento,
avanzó la sustitución coercitiva de pequeños agricultores por pequeños y
medianos ganaderos que pudieron ofrecer materia prima a la filial de una
transnacional de producción de lácteos. Al tiempo, de la misma región
salieron a la parte plana del Departamento brazos necesarios para los
ingenios azucareros
[11] . Incluso en los Llanos
Orientales se puede advertir la consolidación, merced a la violencia, de
algunas fortunas ganaderas y cómo en la fase posterior a 1953 algunos
personajes que habían desempeñado un papel importante en el enfrentamiento
militar del estado contra las guerrillas liberales se quedaron en la región
al servicio de ganaderos que los utilizaron para limpiar de colonos sus
tierras. [12]
En las regiones que habían sido escenario de luchas agrarias en los años
treinta, los terratenientes, en no pocos casos, vieron en la violencia la
oportunidad de disputarle a los antiguos colonos, ahora pequeños
propietarios, sus derechos conquistados. Eso resulta cierto para el sur y el
oriente del Tolima y para la región de Sumapaz en
Cundinamarca
[13]. Es decir las manifestaciones son
diferentes según son diferentes las regiones. La lógica sin embargo es la
misma: la Violencia como factor de acumulación capitalista.
2.2 Economía y Violencia 1984-1988
¿Cómo se presenta la relación crecimiento económico-violencia en la etapa
actual?
La primera mitad del decenio de los ochenta estuvo caracterizada por la
recesión económica. Colombia no fue la excepción, aunque los índices fueron
menos drásticos que en otros países.
Desde mediados de 1985 la economía empezó a presentar síntomas positivos que
se convirtieron en franca recuperación en 1986 y 1987. Para estos años el
crecimiento del PIB fue del orden del 5.1%. La industria manufacturera
creció a un ritmo cercano al 7%. Aumentó notoriamente la venta de
automóviles y de otros bienes de consumo durable. Creció la actividad
constructora privada.
También el sector agropecuario mostró un comportamiento satisfactorio desde
1986. Para 1987 el crecimiento fue del 4.1%.
Desde mediados de 1985 se ha mantenido un flujo consistente de capitales
hacia la industria. Entre comienzos de 1986 y los primeros meses de 1987 los
registros aprobados para importaciones de bienes de capital aumentaron en un
25% en dólares. En prácticamente todas las ramas de la industria de
transformación se registraron milagros. Empresas que se encontraban al borde
de la quiebra o que habían entrado en proceso de concordato no sólo
superaron la situación crítica sino que han podido mostrar balances muy
favorables en el último tiempo. Entre las más importantes podría mencionarse
a Paz del Río, Fabricato, Coltejer, Avianca, el Ingenio de Río Paila, etc.
Llama la atención el caso de la IBM. Mientras su casa matriz atravesaba uno
de los peores años, la filial colombiana alcazó utilidades de 3.510 millones
de pesos [14].
De manera similar a lo sucedido a mediados de siglo, ahora, en la segunda
mitad de los ochenta, la buenaventura económica coincide con un
recrudecimiento de la Violencia. Se usa concientemente el término
recrudecimiento por cuanto para Colombia se ha convenido en utilizar la
expresión "violencia endémica". El incremento de bandas para-militares, la
proliferación de sicarios, la eliminación sistemática de
dirigentes de la organización política nacida en las circunstancias de los
acuerdos de paz entre el gobierno de Belisario Betancur y las FARC
[15], la Unión
Patriótica [UP], la senderización de agrupaciones guerrilleras como el ELN
[16] , los asesinatos de
funcionarios del estado por parte del narcotráfico, el incremento de choques
entre las guerrillas y las fuerzas armadas, todo ello está formando ese
conjunto abigarrado de violencia o violencias.
¿Podría entonces relacionarse para la coyuntura actual, expansión económica
y violencia? Para mediados de siglo se presentaron los vínculos internos
entre una y otra. Para la etapa actual sólo pueden bosquejarse algunas
hipótesis.
Altos ritmos de acumulación de capital despiertan expectativas
extraordinarias de ganancia. Esa tendencia en cierto modo "natural" en
cualquier empresario se convierte en Colombia en un poderoso factor de
violencia en la medida en que las reglas de juego sobre las cuales descansan
las relaciones obrero-patronales están permanentemente entela de
juicio. Hay aspectos de la legislación laboral que son sometidos a
procesos de revisión permanente. Parecería que no hubiera un terreno firme
en materia de leyes sobre el trabajo y que casi todo estuviera en discusión.
De igual manera no existen garantías reales para el cumplimiento de las
normas laborales y de las cláusulas de las convenciones colectivas. Al
comparar los motivos que han llevado a los trabajadores a la huelga, se
advierte que en los años ochenta se incrementaron extraordinariamente las
huelgas no por nuevas reivindicaciones sino contra la violación de normas
laborales o de puntos pactados en los pliegos. A este motivo respondieron
entre 1981 y 1984 el 31% de las huelgas en la
manufactura, el 70% en los servicios [excluyendo el magisterio], el 80% en
el transporte. Para esos mismos renglones las huelgas por el mismo motivo
para el período 1971-1980 habían sido de 18% y 51%,
respectivamente
[17]
"Los informes de la visitas de inspección y vigilancia realizadas por el
Ministerio de Trabajo entre 1982 y 1985, que cubrieron 12.452 empresas,
consignaban que escasamente el 8.4% de esas empresas estaba cumpliendo
cabalmente las disposiciones legales y que el 91% lo incumplía en un
promedio de 3.85% normas cada una".
[18]
Por otra parte, la legitimidad misma del sindicalismo se pone siempre
en duda. Su espacio tiende a reducirse. La creación de nuevos sindicatos
está rodeada de una numerosa reglamentación, al tiempo que se excluye de la
posibilidad de organización gremial a sectores muy numerosos de los
trabajadores. Así de 915.307 trabajadores que laboran en entidades
estatales, solamente el 17% tiene derecho a suscribir convención colectiva.
La prohibición de la huelga cubre a un número aún mayor de trabajadores por
cuanto quienes trabajan en actividades consideradas de "servicios públicos"
están excluidos de ese derecho.
Urabá y otros casos de Sindicalismo - Economía - Violencia
El estudio de la dosis de violencia que ha rodeado la actividad sindical en
algunas ramas en los últimos años arrojaría luz sobre la dinámica entre
economía y conflictos violentos. A guisa de ejemplo se mencionará un caso
importante: el vivido en la zona bananera de Urabá en Antioquia. Colombia se
ha constituido en los últimos años en el tercer productor mundial de banano.
En este hecho a la producción de Urabá corresponde un papel de primer orden.
Las tasas de ganancia para los empresarios son sencillamente fabulosas.
Aunque en la región aludida la producción del banano se había iniciado en
1952 solamente hasta abril de 1987 se firma un acuerdo laboral en que toman
parte el Ministerio de Trabajo, Augura, la organización de los empresarios y
los voceros de los sindicatos Sintagro y Sintrabanano en representación de
32.200 trabajadores
[19] . Estos sindicatos
están afiliados a la recientemente creada Central Sindical, CUT. En el
proceso de negociación del pliego fueron asesinados 17 trabajadores. El
total de muertos por la violencia en ese período fue de más de 100 en la
región. En la medida en que el logrado en abril fue un convenio marco, las
negociaciones debieron continuar para las 267 fincas. Hasta mediados del año
se produjeron huelgas. En general la violencia continuó con intensidad.
Resulta muy sintomática la visión que sobre Urabá ofrecen sectores
nacionales. Los empresarios tienden a identificar la violencia con la acción
de los sindicatos y llaman a rodear a un renglón económico que se muestra
muy promisorio. Las Fuerzas Armadas no aciertan a ver tras el movimiento
gremial otra cosa que la presión subversiva de la guerrilla. El diario
bogotano La República vocero del sector mayoritario del conservatismo
comentaba en la edición del 8 de julio de 1987: "Es pernicioso que cada una
de las 267 fincas en Urabá tenga su sindicato. Sintagro atenta contra la
economía del país al promover las huelgas. Es necesario entonces cambiar de
frente de trabajo y evitar que los bananeros naciónales, acorralados por un
sindicalismo comunista, tengan que abandonar los cultivos". Por su parte el
Obispo Héctor Rueda declaraba para la prensa el 30 de junio de 1987 que los
paros del banano tenían orientación subversiva.
Naturalmente no se desconoce la complejidad de un proceso de
negociación en una zona como la de Urabá donde además tienen incidencia las
organizaciones guerrilleras.
Los acuerdos entre empresarios y trabajadores son frágiles. El deterioro de
la situación política en la región ha continuado y la violencia no ha
amainado. No ha cesado el asesinato de trabajadores, el más siniestro de los
cuales tuvo lugar el pasado 4 de marzo cuando un grupo
paramilitar sacó de la casa y fusiló a 26 trabajadores bananeros
miembros de los sindicatos.
Otra rama en que los trabajadores han sido castigados con una cruel
violencia ha sido la de los cementos, que ameritaría también algunas
referencias detalladas.
La intolerancia que se muestra en algunas ramas frente a la organización
sindical, y la incorporación de altas dosis de barbarie en las relaciones
obrero-patronales en algunas regiones, tienen su correlato en el plano
nacional. En 1986, en función de acuerdos entre corrientes sindicales de
orientación ideológica y política diferente, fue creada la Central Unitaria
de Trabajadores, CUT. El corto período de vida que hasta ahora tiene la CUT
ha estado caracterizado por una cruda persecución. Entre noviembre de 1986 y
enero de 1988, habían sido asesinados 70 miembros de la organización. Esta
marca de horror sólo es superada por las víctimas de la Unión Patriótica que
contabiliza 520 dirigentes y miembros asesinados hasta el mes de enero de
1988.
Narcotráfico y Violencia: un estudio obligatorio en estos momentos
En la coyuntura de los años ochenta es preciso incorporar en el análisis la
gravitación del narcotráfico tanto en la economía como en la violencia.
Existe una serie de vasos comunicantes entre los llamados eufemísticamente
"dineros calientes" y la economía formal. Es muy difícil medir el peso que
el narcotráfico y otras actividades económicas ilegales como el contrabando
y el comercio de esmeraldas ha alcanzado en el conjunto de la economía. Pasó
el tiempo en que los barones de la droga podían dar sus apellidos a las
empresas, "Lehder Autos", por ejemplo. Sin embargo, el flujo de dineros
continúa y se incrementa. Se cuenta con información indirecta que aporta
evidencias sobre el lavado de capitales. Así, la amnistía prevista en la
reforma tributaria del Presidente Barco vinculó a la tributación patrimonios
nuevos de 190.000 contribuyentes, por un valor total de $755.000 millones;
8.757 personas jurídicas, que incorporaron $153.000 millones; y 182.955
personas naturales, que incorporaron $602.179 millones
[20]
Igualmente, habría que estudiar los dineros que han entrado a la economía
por medio de la llamada "ventanilla siniestra" del Banco de la República. No
es realista pensar que en un país que ha tenido tasas bajas de ahorro
interno, sectores de la economía formal pudieran desechar flujos de capital
como los que pueden suministrar las actividades del narcotráfico.
El Contralor Rodolfo González García, vinculaba en declaraciones que
concedió a la prensa en octubre de 1987, la reactivación económica a la
influencia de dineros calientes invertidos especialmente en vivienda y
comercio. El auge económico que como arriba se señaló comenzó a mediados de
1985, difícilmente podría examinarse en función exclusiva de la suerte del
café, que indudablemente ha tenido muy buenos momentos en los últimos años.
Por otra parte se han presentado dificultades en los flujos de endeudamiento
a largo plazo del sector oficial. Así por los menos lo registraba
Fedesarrollo para 1987
[21]. Es decir la
reactivación económica no podría explicarse únicamente por el impacto del
café y resultado del endeudamiento externo.
Los medios de comunicación, particularmente la prensa, y voceros políticos
han alimentado una doble moral que consiste en condenar severamente al
narcotráfico en el discurso público y cerrar los ojos a su activa
penetración en la economía legal. Por ello resulta más acorde con la
realidad el diagnóstico de la revista Semana que califica a la mafia como
"un grupo pequeño pero supremamente poderoso...". "Noha habido, señala el
semanario, renglón social y económico en donde no se haya logrado infiltrar
el narcotráfico. Relaciones diplomáticas, exportaciones, aviación, deportes.
Fuerzas Armadas, banca, Parlamento, campañas políticas, empresa privada,
construcción. Iglesia, justicia y hasta guerrilla han sido víctimas de los
tentáculos del tráfico de drogas".
[22]
Desde la perspectiva del presente análisis, lo más importante de examinar es
cómo sobre el capital que se desplaza de un sector a otro de la economía
avanzan también unos valores y se niegan otros. La búsqueda del lucro a
cualquier precio, la audacia de los métodos, el terror como medio para
disuadir o eliminar al rival, van tiñendo de alguna manera las relaciones
económicas, las contradicciones obrero-patronales. Aquí no se tienen en
cuenta los factores de violencia que emanan de las circunstancias del
ejercicio de una economía ilegal y clandestina:
verdaderos ejércitos personales, entrenamiento de sicarios, corrupción sobre
los cuerpos armados del Estado.
Resulta también explicable la evolución ideológica del narcotráfico hacia el
anticomunismo y el nacionalismo extremo. Esa parábola pudo haberse retardado
en el pasado por la coexistencia con guerrillas de orientación izquierdista
en razón de la coexistencia en regiones de cultivo de estupefacientes, que a
su vez coinciden no pocas veces con zonas de colonización.
La gravitación del narcotráfico en la presente etapa de desarrollo
colombiano hace que aparezcan en la gestión económica los métodos violentos
que suelen acompañar a las etapas de acumulación primaria de capital.
No habría que menospreciar en la asociación violencia- crecimiento económico
en los últimos años la significación de la reorientación en la política
económica. Después del predominio de un esquema de protección y de la
vigencia de ciertos elementos del estado bienestar, se pasó desde mediados
de los años setenta a enfoques neoliberales que implicaron la eliminación de
subsidios para productos y servicios que inciden en el costo de la canasta
familiar, el desmantelamiento de la superintendencia
de control de precios, la eliminación de los llamados "precios políticos",
la elevación del impuesto a las ventas, etc. A este nivel la coyuntura
actual también presenta una analogía con la política oficial de los años
cuarenta: el desmonte de la ideología de la "regulación estatal".
3. VIOLENCIA RURAL-VIOLENCIA URBANA. UN PROBLEMA POLÍTICO
La relación entre los dos términos del binomio está referida únicamente a la
violencia política. La distinción sólo tiene validez analítica dentro de
términos muy precisos. En efecto, la violencia política en Colombia es un
fenómeno unitario y global que tiene, eso sí, ingredientes específicos en
uno y otro entorno y también manifestaciones peculiares en los dos
escenarios.
Uno de los factores que más poderosamente han alimentado la Violencia en el
ámbito rural ha sido el aplazamiento histórico de una reforma agraria que
hubiera incluido un fuerte componente distributivo.
La abolición de los resguardos y la supresión de bienes de manos muertas a
mediados del siglo XIX, la Ley 200 de 1936, la Ley 135 de 1961, que han sido
la cristalización de las políticas agrarias más importantes, han contribuido
a modernizar las relaciones de trabajo, a tecnificar la actividad
agropecuaria, a crear infraestructura, pero han dejado en pie la
concentración de la propiedad territorial, y con ella una numerosa población
agraria con muy poca tierra o desprovista de ella. Esta población tampoco ha
podido ser absorbida por el sector moderno de la agricultura y la ganadería.
El cuadro anterior se prolonga a través de un flujo permanente hacia la
frontera agraria. Después de una fase pacífica de colonización sobreviene un
período de conflicto cuando terratenientes, y las más de las veces
ganaderos, avanzan sobre el espacio que asimilaron los colonos. Escenarios
de esa historia interminable han sido la región del
Tequendama en Cundinamarca; Sumapaz en el mismo Departamento; oriente
del Tolima y sur del mismo Departamento; norte de Cundinamarca; Magdalena
Medio; vastas regiones del Meta y del Caquetá.
[23]
En momentos diversos estas regiones han sido epicentros de
confrontación armada. En el último decenio en la mayoría de ellas han
operado frentes guerrilleros y guarniciones de las diversas brigadas del
ejército colombiano. Al tiempo, grupos paramilitares
financiados por ganaderos y terratenientes sostienen grupos paramilitares y
bandas de sicarios.
Sin embargo, las contradicciones originadas en la tenencia de la tierra, y
particularmente el conflicto histórico en las zonas de colonización, no
alimentarían por sí solas la violencia en las variadas manifestaciones con
que ella se presenta actualmente en el campo.
Si por ejemplo se examina la composición social de las guerrillas, se
advierte la presencia mayoritaria de gente joven procedente de la ciudad.
Aún en el caso de las FARC, cuyo origen fue predominantemente rural, hoy
presenta una composición mixta: rural-urbana. El origen de los movimientos
armados surgidos después del año 60 fue urbano. El ELN constituyó su primer
destacamento en 1964 a partir de un grupo de universitarios. El EPL dio
origen a su primer frente armado en el nordeste antioqueño en 1967, mediante
el acuerdo de activistas políticos maoístas venidos de la ciudad. El M-19 se
fundó como movimiento de guerrilla urbana, condición que mantuvo hasta
comienzos de los años ochenta cuando buscó hacerse fuerte en el campo luego
del desembarco en Nariño y Chocó.
En la Violencia de los años cuarenta y cincuenta, en algunas regiones, la
resistencia contra la policía y el ejército superó el horizonte inmediato
del enfrenta-miento sectario liberal-conservador para tomar rasgos de guerra
campesina. El bandidismo político, los núcleos de autodefensa y formas
rudimentarias de asociación armada prolongaron la experiencia anterior en el
período siguiente. En el campo, a partir de regiones específicas, se
conformó una especie de matriz de resistencia armada que conservó sus
nichos ecológicos iniciales a partir de los cuales ha tenido notable
expansión.
Esa continuidad histórica ha ejercido irresistible fascinación sobre
sectores de la juventud urbana. A comienzos de los años sesenta, con
desigual fortuna, estudiantes radicalizados buscaron en ciertos bandidos
políticos la experiencia militar, quizá hasta la legitimación popular en la
iniciación de un nuevo capítulo de resistencia armada.
"Las Fuerzas Armadas
no aciertan a ver
tras el movimiento
gremial otra cosa que
la presión subversiva
de la guerrilla".
El M-19, una guerrilla tan imaginativa por sus
métodos de acción como urbana por su composición y objetivos, se enfrentó en
un momento dado al dilema de ser en el campo, o no ser en términos
militares. Y respondió en favor del primer término el dilema.
Así las cosas, se puede concluir con respecto a este punto que si bien se
perciben problemas típicamente agrarios que alimentan la violencia de
izquierda, ellos no explican suficientemente su continuidad y expansión. Las
exclusiones inherentes al sistema político colombiano, las
incertidumbres de la juventud frente a su rol en el intercambio de
las actividades sociales, y seguramente en alguna medida la utopía heroica,
constituyen la segunda vertiente de explicaciones. Por otro lado, la
violencia ejercida o patrocinada en el campo por los detentadores de la gran
propiedad se nutre también de ingredientes urbanos en el plano técnico, por
las formas del reclutamiento de sicarios y miembros de grupos paramilitares.
Todo lo anterior muestra la significación muy relativa de la disección de la
violencia en urbana y rural.
4. VIOLENCIA Y FRUSTRACIÓN POLÍTICA
Esta tercera relación que se destaca en estas notas no se aborda en general,
sino desde la perspectiva específica de la asociación que se ha registrado
entre las etapas de la violencia y el fracaso de alternativas de
organización y movilización políticas de tipo populista.
4.1 A Mediados de Siglo
En medio de la crisis social y política, que de manera incontenible envolvió
a la sociedad y al sistema político colombiano desde 1943, surgió el
gaitanismo como fórmula que atrajo a grandes sectores populares. En las
ciudades el liderazgo carismático, los símbolos, la retórica antioligárquica
y las novedosas formas de movilización política, se proyectaron como
garantía de auto identificación para masas de
inmigrantes recientes.
El proceso de urbanización avanzaba rápidamente. La población de los centros
urbanos pasó durante el período 1938-1951 de 2.692.000 a 4.468.000
habitantes. La tasa de crecimiento demográfico de Bogotá entre 1938 y 1959
llegó a 5.35%. En ese lapso, la población de la capital pasó de 330.000 a
670.000.
[24]
Igualmente, en el discurso gaitanista pudieron reconocerse fácilmente masas
de pequeños productores, comerciantes y empleados que además de las
exclusiones económicas y políticas no tenían tampoco la posibilidad de
acceder a la organización corporativa. A esas masas Gaitán repetía en su
retórica inflamada mensajes de este tenor: "No hemos sabido entender que
pueda haber una política distinta a la de darle un cambio rotundo al
comportamiento de las oligarquías, las pequeñas castas que arbitrariamente
se declaran superiores y en detrimento de los trabajadores".
[25]
Este proceso de incorporación a la actividad política de grandes sectores
populares al compás de las proclamas de tipo populista y al calor de una
experiencia nueva de socialización política avanzaba al tiempo que los
trabajadores organizados se defendían ardorosamente pero con poco éxito
contra la inflación galopante, contra la amenaza de un crudo liberalismo
económico, y más a largo plazo, contra el programa de restauración
reaccionaria puesto en marcha por las élites.
La derrota de la CTC entre 1945-1948 culminó una época del sindicalismo. El
asesinato de Gaitán el 9 de abril de 1948 interrumpió abruptamente la
alternativa populista. Las masas urbanas se vieron derrotadas y abandonadas
en un momento en que la violencia había avanzado sistemáticamente. Es cierto
que esa derrota se produjo luego del levantamiento popular espontáneo que
siguió al asesinato de Gaitán.
A partir de entonces la frustración alimentó la violencia, y la
autonomización del sectarismo político bipartidista despejó todo obstáculo a
la "guerra civil no declarada".
4.2 Época Actual
En los años sesenta y primera mitad de los setenta se produjo el ascenso y
caída de otro proyecto populista: Alianza Nacional Popular.
ANAPO. Esta comenzó en 1961 como un Frente Nacional por abajo cuando
el ex-dictador General Gustavo Rojas Pinilla
emprendió una asombrosa parábola de recuperación política. El ex-dictador
quiso presentarse luego de un sonado debate que se le siguió en el Congreso
por parte de los dirigentes de los partidos tradicionales como un perseguido
por la oligarquía.
Otra vez las masas se movilizaron al calor de invitaciones a la revancha
social y de las consignas antioligárquicas teñidas de fuerte coloración
nacionalista.
La ANAPO se granjeó la adhesión de las masas marginadas de las grandes urbes
y de sectores empobrecidos de la población urbana y rural. El carisma de
Rojas Pinilla estaba relacionado, además de los ingredientes ideológicos ya
aludidos, a la dimensión pragmática que provenía del hecho de haber ocupado
la presidencia de la República. Para las masas no se trataba de una lejana
conquista del poder vinculada al proyecto político de la izquierda, sino la
promesa de una "recuperación" inmediata del poder.
Cuando en las elecciones presidenciales de 1970 se aplazó el retomo de Rojas
Pinilla a la Presidencia, en la ANAPO se inició un proceso de disolución más
rápido que su sorprendente ascenso. Con la proclamación de ANAPO como tercer
partido en 1971 se dio paso a una etapa de cualificación política de su
dirección que sin embargo no se mostró apta para impedir el final del
anapismo como movimiento de masas. Ese final sobrevino con la impresionante
derrota en las elecciones presidenciales de 1974. ANAPO, por otro lado,
representó la más seria amenaza registrada hasta hoy día al sistema
bipartidista colombiano.
[26]
Una letra y un número pretendieron recoger el vacío dejado por la tentativa
populista: M-19. Al tiempo ese código señalaba una alternativa de oposición
armada al sistema.
Naturalmente, a la frustración política contribuyeron los fracasos del
Movimiento Revolucionario Liberal, MRL, y del Frente Unido, como ensayos de
organización política por fuera de los marcos tradicionales. Esas
experiencias, más fugaces aún que la ANAPO, se desarrollaron por el mismo
tiempo de la empresa anapista pero tuvieron como referencia sectores
sociales más localizados y claros que el amplio y ambiguo universo social de
ANAPO.
Al comparar entonces dos períodos de Violencia de mediados de siglo y la que
sacude a Colombia en los años ochenta, se advierte que ellos están
precedidos de frustraciones de tentativas populistas muy amplias e
impactantes.
La reiteración de esas coincidencias implican más que una analogía
histórica, la presencia de relaciones estructurales necesarias entre los
fenómenos de frustración política y de Violencia.
Aquí apenas se han sugerido algunas de esas relaciones.
5. CONCLUSIÓN
Desde luego el proceso de violencia no se puede reducir a las relaciones que
en las líneas anteriores se han esbozado. Lo que se ha pretendido es
subrayar la viabilidad de explicaciones de conjunto sobre la Violencia en la
actualidad. Esa perspectiva no excluye, antes bien significa, trabajos
monográficos, estudios de caso a partir de hipótesis globales.
Igualmente subyace en este intento de análisis la idea sobre la perspectiva
también global que debe tener una política de paz. Ella no puede reducirse a
programas de rehabilitación de las "zonas-de conflicto". Hoy la crisis
política, social y moral es tan profunda que es el país el que se ha
convertido en zona de conflicto.
Tampoco la política de paz podría identificarse con las reformas sociales.
Estas sin duda harían parte de un propósito político global que afronte
integralmente la violencia.
[1] Germán Guzmán, Orlando Fals Borda, Eduardo
Umaña Luna, La Violencia en Colombia, Bogotá, 1962. Paul Oquist,
Violencia, Conflicloy Política en Colombia, Bogotá: Instituto de
Estudios Colombianos, 1978. No son éstas las únicas obras que afrontan la
violencia desde una perspectiva global. Pero sí
constituyen las dos síntesis más logradas en etapas diferentes de la
investigación sobre la Violencia.«« Volver
[2] Los ejemplos más notables de estudios regionales sobre la
Violencia son los siguientes: Darío Fajardo, Violencia y Desarrollo. Transformaciones Sociales en Tres Regiones Cafeteras del Tolima 1936-1970,
Bogotá: Ed. Suramérica, 1979. Jaime Arocha, La Violencia en el Quindío,
Bogotá: Ed. Tercer Mundo, 1980. Urbano Campo, Urbanización y Violencia en el
Valle, Bogotá, 1980. James Henderson, Cuando Colombia se Desangró. Un
Estudio de Violencia en Metrópoli y Provincia. Bogotá,1984.Carlos Miguel Ortíz Sarmiento, Estado y Subversión en Colombia. La Violencia en el Quindío
Años 50. Bogotá: CEREC-CIDER, 1985.«« Volver
[3] Gonzalo Sánchez, Donny Meertens, Bandoleros, Gamonales y
Campesinos. El Caso de la Violencia en Colombia, Bogotá: El Ancora Editores,
1983. En cuanto al estudio de "temas" de la Violencia el de Sánchez es un
libro pionero que hasta ahora no ha tenido continuadores. «« Volver
[7] Para el análisis de esos procesos pueden consultarse entre
otras, las siguientes obras: Rafael Baquero, La Economía Nacional y la
Política de Guerra en Colombia, Bogotá: Ed. Estrategia, 1972, p. 69 y ss., y
Konrad Matter, Inversiones Extranjeras en la Economía Colombiana, Medellín:
Ediciones Hombre Nuevo, 1977.«« Volver
[9] Daniel Pecaut, Orden y Violencia. 1930-1954, Bogotá: CEREC,
Siglo XXI Editores, 2 vol., 1987. «« Volver
[10] Ortiz Sarmiento, op. cit. Al respecto resulta
particularmente interesante la sexta parte: "Los Negocios de la Violencia o
la Violencia como Negocio".«« Volver
[11] Para el contenido socio-económico de la Violencia en el
norte del Valle, puede leerse el libro de Urbano Campo, Urbanización y
Violencia en el Valle, Bogotá, 1980.«« Volver
[12] Estas impresiones se formaron a partir de entrevistas
personales realizadas por el autor en 1981 con antiguos actores de la
Violencia en Los Llanos. «« Volver
[13] Ver al respecto: Medófilo Medina, "La Resistencia
Campesina en el Sur del Tolima", en Pasado y Presente de la Violencia en
Colombia., Bogotá: Cerec, 1986, pp. 233 y sgtes. «« Volver
[14] Esta breve reseña recoge datos de las siguientes
publicaciones: Fedesarrollo, Coyuntura Económica, vol. XVÜ, No. 4,
diciembre 1987. Moshe Syrkin, "Crecimiento Económico y Cambio Estructural en
Colombia", en Coyuntura Económica, diciembre 1987. Semana, /Informe
Especial. "Las Cien Empresas Más Grandes de Colombia", 26 de mayo-1° de
junio de 1987 y 27 de enero-2 de febrero de 1987. «« Volver
[15] Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia.
Organización guerrillera más antigua de Colombia de orientación
izquierdista. «« Volver
[16] Ejército de Liberación Nacional. Surgido a mediados de
los años sesenta, se inspiró en la experiencia guerrillera de los
revolucionarios cubanos. «« Volver
[17] Rocío Londoño Botero, "Los Sindicatos y la Política
Laboral en Colombia", Departamento de Sociología, Universidad Nacional,
Bogotá, 1988. Trabajo aún inédito.«« Volver
[19] Una coherente descripción de los conflictos en la zona
bananera se encuentra en el trabajo de Julián Delgadillo, "La Violencia en
Urabá", ponencia presentada al VI Congreso de Historia de Colombia, Ibagué,
noviembre de 1987. A este trabajo se remite la información que aquí se trae
a propósito de Urabá.«« Volver
[20] El Tiempo, Bogota, noviembre 15 de 1987,
pp.1 y 5B.«« Volver
[21] Coyuntura Económica, vol. XVII, Nº diciembre de
1987, P.6.«« Volver
[22] Semana, 30 de diciembre 1986-12 de enero de 1987, Nºs
243 244.«« Volver
[23] Catherine Le Grand ha estudiado con profundidad los
procesos de colonización en Colombia. Una visión de síntesis sobre sus
trabajos puede formarse leyendo: "Los Antecedentes Agrarios de la Violencia:
El Conflicto Social en la Frontera Colombiana, 1940-1950" en Medina, op. cit.,
pp. 87-111.«« Volver
[24] Urbano Campo, La Urbanización en Colombia, Bogotá:
Biblioteca Marxista Colombiana, 1977, p. 15.«« Volver
[25] Jorge Villaveces, Los
Mejores Discursos de JE. Gaitán, Bogotá: Ed. Jorvi, p. 457. «« Volver
[26] Un excelente trabajo sobre la ANAPO es el de
César Ayala Diago, "La Alianza Nacional Popular [ANAPO] en la Lucha Política en Colombia
1961-1974", aún inédito. «« Volver