|
||||||||||||||||||||||||||||||
|
|
la
pregunta por la existencia* de la historia urbana El surgimiento de la historia urbana como campo específico de investigación no es tan antiguo como podríamos presumir. Para que su existencia fuera posible fue necesario tomar conciencia sobRe la historicidad de la ciudad, esto es, distinguir con claridad entre lo que es el recuento de sus anales y lo que es la elaboración de una explicación de la ciudad contempoRánea en comparación con la ciudad antigua o medieval. ¿Qué es la ciudad? ¿Por qué el crecimiento urbano, tanto en número como en tamaño, parece ser inevitable? ¿Cuáles son los efectos sobre el ser humano de la vida en ciudad? Lo que en siglos anteriores se daba por evidente y anhelado, pues civilización y vida urbana eran una unidad incuestionable -la misma raíz de la palabra ciudad así lo implica-, no lo es ya, pues las miserias de la ciudad industrial, por ejemplo el Londres de Dickens, hicieron tambalear las certidumbres de antaño. En palabras de Carlos Sambricio,
Historiar la ciudad, encontrarle una explicación desde la perspectiva de su temporalidad, se convirtió en necesidad cuando la alternativa de civilización para muchos ya no estaba cifrada en la seguridad de un modelo De urbe sino en su negación -ya sea en la ciudad-Jardín, propuesta por Ebenezer Howard, o en las soluciones más radicales de destruir la ciudad, pues recuperar al ser humano, desde la crítica al capitalismo, sólo era dable dentro del entonces nuevo ideal de vida rural. Por ello, esta toma de conciencia sólo fue posible con la conformación de la metrópoli contemporánea (2) y los efectos creados en tales conglomerados por la revolución industrial y la consolidación de los estados nacionales durante el siglo XIX y los primeros años del XX (3). Las rápidas y profundas transformaciones ocurridas en el número y tamaño de las ciudades, lo que necesariamente replanteó la noción de territorialidad, llevaron a que la organización y manejo de la ciudad tuviera que ser objeto ahora no de la tradicional intervención estatal o la recurrencia ideológica a la ciudad ideal de origen cristiano o renacentista, sino principalmente del empleo de la ciencia como la mejor herramienta para intervenir en el futuro de la ciudad. En otras palabras, "la nueva ciudad liberal buscará en la historia no tanto un modelo cuanto una referencia, un modo de reflexión"(4). Sin embargo, esta renovada búsqueda en la historia, para que pudiera ser realmente efectiva, tuvo que informarse y madurar en lo que durante el cambio de siglo emergió como una nueva disciplina: el urbanismo, ciencia de la ciudad (5). Además, la dimensión de la problemática generada por las ciudades del capitalismo, muchas de las cuales no necesitaron de la presencia directa de la industrialización como factor causal decisivo en su transformación desde la ciudad preindustrial (6) , ocasionó que al tiempo que el urbanismo se configuraba como disciplina científica otras disciplinas sociales también se preocuparan del asunto urbano, en particular la sociología y la geografía. Pero ellas, las ciencias sociales nacidas directamente del positivismo, no tuvieron inicialmente en la historia un referente indispensable sino que, por el contrario, enunciaron desde las propias características de la ciudad capitalista o burguesa las preguntas que necesitaban responder y los límites de la reflexión que debían llevar a cabo. Por ello, el camino a la Historia Urbana fue lento y continua siendo tortuoso. De una parte, el urbanismo, en su búsqueda de un estatuto científico propio, ha tratado de convertirse en ciencia del espacio y del hábitat. Sin embargo, su desarrollo como disciplina ha tenido que enfrentar el problema de la institucionalización de que ha sido objeto, esto es, de su uso por parte del estado o sectores de poder como herramienta de control del mismo espacio que pretende conocer; así mismo, la profesionalización del urbanismo bajo el imperio de la arquitectura, tomando distancia de las ciencias sociales, ocasionó que su lectura del espacio y del hábitat fuera primordialmente funcional: el urbanismo como mecanismo de normalización de las necesidades humanas sobre el espacio (7). Dada esta situación, la historia elaborada por el urbanismo se vació de contenido, convirtiéndose fundamentalmente en un catálogo de formas. Es entendible, por lo tanto, que la pregunta por la Historia Urbana, por paradójico que parezca, no provenga entonces del urbanismo. De otra parte, un camino más exitoso, pero no por ello más fácil, fue el de la sociología y geografía urbana. Temprano en el siglo XX, jalonado por la insospechada magnitud del proceso urbanizador norteamericano, surgió en este país con fuerza la pregunta por la urbanización. Aunque inicialmente su respuesta tuvo en la historia uno de sus baluartes (8), hacia mediados de siglo era evidente que dicha historia no superaba todavía la biografía de ciudades o, en el mejor de los casos, el estudio de la vida en ellas (9). La fortaleza que para entonces había tomado la sociología urbana, en particular la desarrollada por la Escuela de Chicago desde los años 1920, fue vista por los historiadores norteamericanos, además de muchos europeos, como una fuente a la cual recurrir en su necesidad de elaborar un marco teórico suficiente para superar los defectos de la simple historia individual de ciudades. Lo significativo de la sociología urbana norteamericana es que se separó temprano de la consideración de la ciudad como un organismo único e individual, para preguntarse por las fuerzas que hacen inevitable no sólo su aparición sino, especialmente, su crecimiento tanto en número como en magnitud. La pregunta que surgió fue entonces por la urbanización. Ya en los años 1930, tratando de superar el inicial determinismo biológico de los iniciadores de la Escuela de Chicago -del cual se derivó el modelo de ecología humana (10) que la hizo reconocida mundialmente-, Louis Wirth formuló lo que ellos entendían por urbanismo:
Con
base en esta definición, Wirth introdujo al modelo ecológico inicial la
consideración de otros factores, igualmente importantes: la estructura
física (población, tecnología y ecología); la organización social (instituciones,
sectores sociales y status social); y, el comportamiento colectivo (actitudes
de grupo e ideologías). A partir de esta formulación, algunos historiadores
norteamericanos propusieron que la Historia Urbana es aquella que
busca explicar el proceso de urbanización, entendiendo que dicho proceso
sólo es posible de investigar desde el estudio en conjunto de los tres
factores enunciados por Wirth (12). Desafortunadamente, los desarrollos
posteriores de la Historia Urbana norteamericana enfatizaron únicamente
el primer o segundo factor (población, tecnología y ecología; instituciones,
sectores sociales y status social), pero en forma aislada y desdeñaron
el tercero bajo una pretendida crítica culturalista.
En los años 1950, Eric Lampard formuló la necesidad de renovar dicha perspectiva ecologista de la Historia Urbana criticando las desviaciones producidas por el énfasis en sólo uno de los dos primeros factores enunciados por Wirth. Para Lampard, "la presencia de las ciudades presupone un proceso social de urbanización, por lo que la relación entre urbanización y ciudad es una de causa a efecto. Nuestra preocupación [como historiadores urbanos] es la incidencia y ordenación histórica de la urbanización, en la que por incidencia entendemos rango de ocurrencia del fenómeno o magnitud de su impacto, y por ordenación, el modo como el fenómeno forma un sistema social tal que sus componentes alcanzan una interacción recíproca y regular. pues si el número de puntos de concentración crece así como su tamaño y, si además la mayoría de la población pasa a vivir en las ciudades, estos aspectos de la urbanización no pueden ser explicados por el proceso porque ellos definen el proceso"(13) . En síntesis, Lampard formuló que,
A partir de Lampard, entonces, la escuela ecologista de la Historia Urbana norteamericana basó su explicación de los modos dominantes de urbanización, de la forma como emergió del pasado y de su posible arreglo futuro, con base en el análisis conjunto de las siguientes cuatro variables: población, tecnología, ordenamiento social y medio ambiente. Es claro que para él, la Historia Urbana no es la historia de ciudades, sino la del proceso de urbanización. Sin embargo, esta posición tuvo pocos años después dos serias críticas: una, la elaborada por Roy Lubove y otra, la de la Nueva Historia Urbana Norteamericana. Lubove se apartó de la propuesta de Lampard y sus seguidores en dos aspectos fundamentales: el primero, la subvaloración o negación que la ecología humana hace del papel que el comportamiento humano y los fenómenos subjetivos juegan en la urbanización como reales agentes de cambio; el segundo, el énfasis puesto por la ecología humana en el proceso secular de concentración humana, perdiendo de vista la importancia que para la Historia Urbana tiene tanto lo que los geógrafos llaman sitio como el rango completo de mecanismos que intervienen causalmente en la construcción de la ciudad, esto es, la arquitectura y el paisajismo, la vivienda y su financiación, el mercado y las instituciones de bienes raíces, el transporte, las comunicaciones, la salud publica y el higienismo, la tecnología industrial y las organizaciones comerciales y productivas. En un sentido amplio, Lobuve denominó su planteamiento como "Proceso de construcción de ciudades" (City Building Process), el que retoma "la ciudad como un artefacto en el que su estructura está fuertemente determinada por decisiones que afectan el uso de la tierra"(15) Con relación a la Nueva Historia Urbana norteamericana, dos son los aspectos que nos interesan señalar: primero, su posición crítica respecto a la existencia real de algo que pueda ser llamado Historia Urbana y, segundo, la crítica que hacen de la inexistencia en las escuelas anteriores de una preocupación por la gente común y corriente, llamado de atención elaborado con base a lo que se denominó desde los años 1970 "grassroots history" o "history from the bottom up". Respecto del primer asunto, muchos historiadores actuales consideran que los asuntos que investigan, por ejemplo "la migración del campo a la ciudad, los modos de estratificación y movilidad social, las consecuencias sociales de los cambios tecnológicos, la distribución de la propiedad y del poder, la situación y posición social de los grupos étnicos y raciales, entre otros, no están confinados únicamente a la ciudad y no deben ser explicados como si así lo fuere. Tales asuntos invocan la sociedad como un todo, aunque desde luego tales fenómenos tienen manifestaciones diferentes según el tamaño y tipo de las comunidades"(16) . En palabras de una historiadora, preguntándose precisamente por el objeto de la Nueva Historia Urbana,
El retorno de la Historia urbana a los campos ya consolidados de la Historia Social o de la Historia Económica tiene una gran influencia en historiadores contemporáneos, sin que ello signifique que la preocupación por la Historia Urbana no continúe ejerciendo atracción entre algunos académicos norteamericanos. Un caso interesante de mencionar, por su crítica a la Historia Urbana así como por la importancia de su obra, es el de Paul M. Hohenberg y Lynn Hollen Lees, autores de The making of Urban Europe, 1000-1994. Aunque ellos reconocen su deuda académica con la escuela francesa de los Annales, en particular con Braudel y sus aportes al estudio del espacio históricamente construido, manifiestan sin embargo que su formación está fundada en lo que se denomina "Ciencia Social Anglo-Americana". Y es desde esta perspectiva que ellos plantean que "las historias urbanas son inseparables de las historias económica, social y política, esto es, del sistema del cual las ciudades hacen parte. Para estudiar eficientemente a las ciudades es indispensable estudiar la urbanización. teniendo claro que la urbanización es un proceso activo que afecta tanto a lo rural como a la ciudad. Un paso clave en su estudio es la identificación de las fuerzas importantes que dirigen el proceso de urbanización. Nosotros nos enfocaremos en tres fuerzas -tecnología, demografía y mercado-, que permiten vincular los modos y factores de producción y reproducción al papel económico de las ciudades"(18) . En síntesis, de la experiencia norteamericana queda el énfasis en su concepción de la Historia Urbana como una historia del proceso de urbanización, en la que el estudio de ciudades no pasa más allá de ser la fuente obvia de investigación pero no por su valor en cuanto tal sino, por el contrario, por ser el efecto material y concreto que permite leer y entender las fuerzas que causan la ciudad, esto es, la urbanización. De allí que para ellos, salvo excepciones dignas de tener en cuenta, las variables básicas a considerar, si el propósito es elaborar ciencia social, son la demografía, la tecnología, la economía y la organización. La cuestión del espacio es marginal o dependiente de otras variables y, no menos importante, las consideraciones temporales tienden a privilegiar o bien las largas curvas demográficas, sin percepción del significado de sus variaciones desde la presencia de otras variables de corte cultural o político, o bien de corta duración dado lo reciente del fenómeno urbano en Norteamérica. La pregunta por la Historia Urbana desde Europa nos encamina en otras direcciones. Nos detendremos a modo de ejemplo y muy en general en la tradición francesa (19). A diferencia de Norteamérica, la presencia de sitios poblados, ya sea ciudades, villas o pueblos, es milenaria en Europa, al igual que en Asia, continente del que los europeos son herederos en muchos aspectos. Sus civilizaciones han visto la transformación de varias de sus ciudades en imperios, pero además de la grandeza de sus urbes, han sido testigos una y otra vez de sus decadencias y desapariciones así como del renacimiento de varios de tales lugares. Dado este legado, del que no se puede prescindir en ningún postulado historiográfico, los franceses han entendido la Historia Urbana desde dos enunciados básicos: de una parte, "el fenómeno urbano no puede ser entendido a menos que a dicho fenómeno se le retorne su lugar en el corazón de un movimiento milenario, pues las sociedades urbanas, así como las formas urbanas, están enraizadas en un pasado distante"; de otra parte, "así como la sociedad no es simplemente la yuxtaposición de individuos, la ciudad no es el simple ensamblaje diacrónico de edificios, pues las ciudades son el espacio y el centro de las relaciones sociales". De esta manera, este énfasis historiográfico significa "una profunda mutación del análisis del contenedor por el análisis del contenido"(20) . Estos principios han contribuido a que la historiografía francesa, aquella de la escuela de los Annales y del marxismo estructuralista, no esté tan encerrada en el debate entre historia del urbanismo (demografía, tecnología, economía y organización) e historia de la ciudad (producto como efecto de la urbanización) sino, por el contrario, en la búsqueda de respuestas a preguntas relativas a asuntos que en principio no les parecen tan evidentes. Al respecto, Georges Duby, en el prólogo a la Historia Urbana de Francia, anota lo siguiente, que merece por su importancia ser citado en extenso:
Sin embargo, unas veces al margen de estos postulados de escuela y otras sin desconocerlos, lo cierto es que la historiografía norteamericana y la europea han desarrollado en un alto grado lo que podríamos denominar Estudios Urbanos Monográficos, esto es, la aplicación de conceptos y métodos de las ciencias sociales, de la que la Historia como disciplina hace parte, al estudio de las ciudades como objetos singulares de investigación. La diferencia con las biografías de ciudades es que tales monografías superan la simple narración de acontecimientos y alcanzan niveles bastante sofisticados de explicación. En el desarrollo de esta manera de hacer Historia Urbana, que es la que de hecho predomina en número, tanto europeos como norteamericanos han llegado a temarios análogos, los cuales merecen ser citados no sólo por su valor historiográfico sino porque además nos enuncian los tópicos que hoy son imprescindibles en un estudio que se quiera calificar como Historia Urbana. Para la Nueva Historia Urbana Norteamericana, la agenda necesaria de cumplir en toda historia urbana se compone de un temario que congrega los siguientes tres conjuntos de tópicos necesarios de estudiar:
La historiografía francesa, por su parte, plantea en los estudios monográficos la necesidad de investigar los siguientes asuntos:
Finalmente, vale la pena señalar que en una evaluación de la Historia Urbana Moderna en España, Fernando de Terán señala, que "lo más difícil de encontrar son las síntesis generales. Realmente no existe una obra completa de Historia Urbana en España, ya que las aproximaciones que se han hecho a ello consisten más bien en ediciones conjuntas de monografías temporalmente acotadas, que forman capítulos independientes, muy valiosas en sí mismas como Historia Urbana por períodos" (25). Coincidente con Francia y Norteamérica, en la Historia Urbana española también predominan, por lo tanto, los estudios monográficos, los cuales, en palabras del mismo autor, se caracterizan porque en términos generales,
notas *
Resumen de la conferencia dictada durante el curso "Las ciencias sociales
y el patrimomo construido", Universidad Javeriana, marzo 1999. ** Profesor del Departamento de Historia de la Universidad Javeriana. 1. SAMBRICIO, Carlos, "Introducción", en Carlos Sambricio, ed., La Historia Urbana, Colección Ayer, No 23, Madrid, Marcial Ponds, 1996, Introducción, p. 12. 2. Sobre el concepto de metrópoli y los problemas relativos a número y tamaño de las ciudades, ver Emrys Jones, "Metropolis", en Grandes Obras de Historia, N0 65, Barcelona, Eds. Altaya, 1997 3. "Un hecho aparece ya claro en la dinámica de evolución de la ciudad industrial: la estructura que se va delineando no representa un paso dimensional superior respecto de la ciudad preindustrial, sino que constituye más bien una entidad cualitativamente nueva, que se contrapone a la precedente y que tiende a 'usarla' según su propia lógica, a cambiar su sentido y, en el límite, a transformarla por completo". Paolo Sica, Historia del Urbanismo. El siglo XIX, Tomo 1, Madrid, Instituto de Estudios de Administración Local, 1981, pp. 48-49. La importancia dada a la Revolución Industrial como causa de una transformación completa de la ciudad es hoy reconocida por muchos especialistas, al punto que enuncian la existencia de una continuidad, al menos para occidente, entre la urbe producto de la revolución urbana del neolítico y la ciudad preindustrial que llega hasta el siglo XIX o XX, según los diferentes desarrollos regionales de la industrialización. Al respecto, ver, por eíemplo, Andre Leroi-Gourhan, El Gesto y la palabra, Universidad Central de Venezuela, sí., Caracas; o la muy conocida obra de Gideon Sjoberg, The Preindustrial city Past and Present, Glencoe, Free Press, Illinois, 1960. 4. SAMBRICIO, "Introducción"; p.13. 5. Ver Carlos Sambricio, "De los libros de viajeros a la historia urbana: el nacimiento de una disciplina", en Carlos Sambricio, ed., La Historia Urbana, Colección Ayer N0 23, Marcial Pons, Barcelona, 1996, pp. 61-85. 6. "... la verdad es que el crecimiento urbano no puede ponerse invariablemente en relación con el desarrollo de una base industrial lccal. Son posibles fuertes aumentos de población en ciudades donde la industrialización es relativamente modesta o inexistente, y donde los excedentes demográficos naturales que no pueden ser absorbidos en la producción agrícola van en busca de empleos en los servicios y en el sector terciario. En cierto número de casos la red urbana se ve reforzada -ciertamente, con mutaciones sensibles en la jerarquía tradicional de los centros-, sobre todo, por las opciones politico-administrativas, que determinan, por ejemplo, la ubicación de servicios de alta especialización, cuales son la distribución de la red bancaria, de las universidades, etc.; las ciudades capitales y los mayores centros administrativos ven potenciado su aparato político-administrativo". Sica, Historia del Urbanismo, tomo 1, p. 36. Esta tesis está favorablemente sustentada para América Latina en los casos de Buenos Aires y Bogotá. Al respecto, ver James R. Scobie, Buenos Aires, Plaza to Suburb, 1870-1910, Oxford University Press, New York, 1974; Germán R. Mejía Pavony, Los años del cambio. Bogotá 1820-910, CEJA, Instituto de Cultura Hispánica, Bogotá, en imprenta. 7. Al respecto, ver Michel-Jean Bertrand, La ciudad cotidiana, Instituto de Estudios de Administración Local, Madrid, 1981. Este autor expresa que "aislado de su contexto social y político, este espacio [el pensado por el urbanismo] llega a ser un elemento objetivo puramente formal que garantiza su neutralidad; inocente, depende de la lógica; incuestionable e implacable, se impone a todos. La Carta de Atenas destacaba esta concepción funcional definiendo y clasificando las necesidades que hay que satisfacer, normalizándolas'; p. 15. 8. Por ejemplo, el trascendental trabajo de Arthur Meier Shlesinger, The Rise of the City 1878-1898, [l.ra ed. de 1933] Quadrangle Books, Chicago, 1971, en el que planteó que la ciudad fue la frontera donde las nuevas ideas, revolucionarias en su impacto, fueron originadas, y en donde las prácticas sociales, bajo la presión de los problemas generados por personas viviendo en cercana proximidad, tuvieron que cambiar para dar salida a las nuevas experiencias. 9. Para una síntesis de la evolución de la Historia Urbana en los Estados Unidos, ver Dwight W Hoover, "The Diverging Paths of American Urban History'; en Alexander B. Callow Jr., ed., American Urban History, 2 ed., Oxford University Press, New York, 1973, PP. 642-659. 10. Por Ecología Humana se entiende "la rama de la sociología urbana desarrollada por Park, Burgess, McKenzie y otros, en los años 1920, que dedicó su atenciónala distribución espacio-temporal de los agregados de población... Ella trata principalmente con los 'problemas de población,' lo que incluye la forma como el tamaño afecta a las comunidades humanas, la composición, tasa de crecimiento o descenso de la población, así como la importancia de la migración tanto en el desarrollo de la comunidad como en su estabilidad. En términos amplios, la ecología humana examina el ajuste de la población a los recursos y otras condiciones físicas del habitat': Roy Lubove, "The Urbanization Process: an approach to Historical Research'; en Alexander B. Callow Jr., American Urban History, 2da ed., Oxford University Press, New York, 1973, pp. 664-665. 11. Citado por Hoover, "The Diverging Paths of American Urban History"; p. 646. La traducción es nuestra. 12. Hoover, "The Diverging Paths of American Urban History"; p. 647 13. LAMPARD, Eric E., "Historical aspects of urbanization", en Philip M. Hauser y Leo F.Schnore, eds., The Study of Urbanization, John Wiley & Sons, New York, 1965, pp. 519,520. La traducción es nuestra. 14. LAMPARD, "Historical aspects of urbanization"; p. 521. La traducción es nuestra. 15. LUBOVE, "The Urbanization Process"; pp. 666, 667 16. Stephan Thernstrom, "Reflections no the New Urban History"; en Alexander B. Callow Jr., ed., American Urban History, 2a. ed., Oxford University Press, New York, 1973, PP. 673,674. La traducción es nuestra. 17. CONZEN, Kathleen N., "The New Urban History: defining the field"; en James B. Gardner y George R. Adams, Ordinary People and Every Day Life. Perspectives on the New Social History, The American Association for State and Local History, Nashville, 1983, pp. 67-89. La traducción es nuestra. 18. Ver Paul M. Hohenberg y Lynn Hollen Lees, The Making of Urban Europe, 1000-1994, Harvard University Press, Cambridge, 1995. La traducción es nuestra. 19. Para un estudio del caso español, ver los artículos anteriormente citados de Carlos Sambricio. 20. BEDARIDA, E, "The French approach to Urban History"; en Derek Fraser and Anthony Sutcliffe, The pursuit of Urban History, Edward Arnold Publisher, London, 1983, pp. 395-406. La traducción es nuestra. 21. DUBY, Georges, "Prólogo [de Georges Duby a la Historia Urbana de Francia]"; traducido por Ana Beatriz García y Carlos Niño Murcia, Bogotá, 1991, Mecanografiado, pp. 3-4. 22. BEDARIDA, "The French approach to Urban History"; p. 405. La traducción es nuestra. 23. CONZEN, "The New Urban Histoy: defining the field"; pp. 67-89. La traducción es nuestra. 24. BEDARIDA, "The French approach to Urban History"; pp. 395-406. La traducción es nuestra. 25. De TERAN, Fernando, "Historia Urbana Moderna en España. Recuento y acopio de materiales"; en Carlos Sambricio, ed., La Histoma Urbana, Colección Ayer, No 23, Marcial Pons, Madrid, 1996, p. 93. 26. Ibid., p.95.
|
|||||||||||||||||||||||||||||